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Illingworth Juan


Provisto de alas invisibles, el tiempo vuela.
Lo que ocurrió ayer, parece aun suceso de presente. Lo que aconteció hace un año, cabria imaginarlo producido hace apenas unos días.
Su presencia, pareciera aun cotidiana. El estrechón de su mano cordial, continúa poseyendo calidez. Su risa franca, contagiosa, habriase escuchado solo hace un momento. Su frase ingeniosa, amable, rotunda, se oye todavía relatando un suceso, comentando un hecho, atribuyendo solidez o evidenciando como deleznable los acontecimientos o los dichos de la vida política, del quehacer económico, la proyección financiera, el acontecer y el obrar jurídicos, el recurrir a veces tormentoso de la vida ecuatoriana y de la existencia y el convivir social.
Durante su vida fue figura amable, cordial comunicación y sencilla, no obstante que el prestigio y el renombre que le atribuyeron su capacidad y su experiencia, podrían haber sido, de alguna manera, barreras levantadas a su derredor.
Su reconocida versación jurídica; su larga experiencia en la conducción financiera y bancaria; la asesoría brindada por él a numerosas y muy importantes instituciones y empresas públicas y privadas; el brillante ejercicio de la cátedra universitaria, del decanato de la Facultad de jurisprudencia y de la Rectoría de la Universidad de Guayaquil; el desempeño de altas y delicadas funciones públicas en el ámbito local y nacional; su actuación desde las curules legislativas y en el ejercicio, todavía entonces altivo y respetable, de la presidencia del H. Congreso Nacional, junto a incontables actuaciones suyas como consultor y, a veces como dirimente de complejos y arduos problemas, daban a su presencia, a su figura, a su nombre, un rango nacional que no alcanzo graciosamente, sino apoyado en la verticalidad de toda su vida y en la convicción de que el era dueño de una estatura intelectual.