<< Izquieta Pérez Bernardo Indice I
 

Izquieta Pérez María de Rendón


Su primo hermano Carlos Rendón Pérez llego a Guayaquil después de muchísimo años de ausencia y como era de noche se hospedo en un hotel. A la mañana siguiente se vistió y fue a la dirección de su tía, Rosarito Pérez de Izquieta, para presentársela. En el camino vio a una hermosa joven que salía de misa y la siguió, viendo que subía a la misma dirección a donde el iba y le vio los tobillos que dicen que eran bellísimos.
Arriba se entero que se trataba de su prima María, jovencita muy vivas buen moza, de quien se enamoro y casaron el poco tiempo, pero ella era timorata y mística y un cura de la Merced le había dicho que nunca se desnudo delante de su marido y que el acto sexual lo hicieran a través de una pijama con huequito en la parte que ya sabemos. No fueron muy felices, porque Carlos era libre. Viajaron a Lima y allí el tuvo un amor, de donde procedió un hijo que se hizo tuberculoso y en el sanatorio de las montañas escribió poesía, publicada después, muy hermosa y modernista. Carlos regreso con los suyos ha habitar en su gran casa de Víctor Manuel Rendón y Pichincha, fue Ministro de estado y murió de fiebres, delirando y contando en sus delirios sus amores con la moza, delante Víctor Manuel y de su mujer, que estaba escandalizada.
Dejo dos hijas, la una se caso con un español Duran que le boto la plata buscando minas de oro por el oriente, viuda se fue a San Francisco con todos sus hijos y allí trabajo duro para rehacer su fortuna. Un hijo de ella es actualmente sacerdote católico. La otra hija de Carlos caso con un Arrarte, que como todos los de su familia era neurótico. Con hijos.
María vivió en su casa haciendo vida mística, oía varias misas y recibía señoritas de mal vivir a las que componía, para ayudarse, entre ellas tuvo a María Indaburo Seminario que estaba separada de Yerovi Matheus.- (Entiéndase por señoritas de mal vivir a señoritas y señoras de la sociedad que andaban enamoradas).
María murió a consecuencia de una hernia estrangulada, con muchos dolores pero resignada y hasta feliz. Mando a comprar un velo blanco para que le taparan la cara y cuando este llego lo hizo recortar y se lo probó varias voces diciendo que al fin iría a ver la cara del señor. Esto ocurria por los  años 20.