<< Juan Nicolás Indice J
 

Jara Idrovo Efraín


Nació en Cuenca ejército actividad periodística que le recomienda. Profesor de castellano y Literatura. En el año 1947 publico su primer libro: Transito en la ceniza”. Presidente de la casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Azuay.
“Menuda colegiala ¿en qué nardo, / en que fresco capullo de aquilea/ hallaste esa voluble fugacidad de aroma?/ Lejana, inalcanzable, sin embargo presente/ como estrella en la noche, como beso en el labio…/ Nada te acerca al tiempo desmayo del rocío: ni tu liviano paso de amapola,/ ni la nube secreta de tus senos/ que ya tienen la edad de la manzana/ eres de aroma, niña; de aroma y melodía./ por eso huyes de la red de peces que te tiendo/ y eres solo asequible a la yema del sueño,/ ¡Como me duele el haz de espigas de tus trenzas,/ tu blusa de gencianas y neblina/ y el viejo roble, donde una tarde de agosto,/ grabamos nuestros nombres!...”
Países de adolescencia, tema de frescura nimbado por la brisa de la mies que purifica el aire. El amor ideal hacia la colegiala, que a la vida entre rubores de ensueño; para aquella joven que todos llevamos dentro apresurando el latido, haciendo juveniles las ansias.
Efraín Jara Idrovo constituye renglón de merito en las letras azuayas; obra e inteligencia, a la par que modestia aleccionadora, están explicando su trascendencia. De los exponentes más significativos de nuestro parnaso.
“Madre, cuando me miras, sorprendo en Ti la tremenda actitud de la golondrina ante una catedral calcinada. En el rincón más atormentado de la sangre, allá donde las lluvias y la eternidad golpean el entristecido del esqueleto, principias a sonar, dolorosamente, como un astro. Pero tú sabes mujer acerba y maravillosa que a medida que eres más mía en esa intimidad pavorosa del ser, voy adquiriendo para ti la lejanía inexorable de los relatos.
Efrain Jara Idrovo, cuyo triunfo y riqueza artística lo pronostico, desde el comienzo, la pureza y buena ley de su capital estético, prepara nuevos poemas y estudios y ¡ohh, fausta nueva! Parece que su consagración a las letras será cartuja: con votos perpetuos. Distingue a este poeta una peculiar luz mental, que lo unifica, que no lo disgrega, que lo trae erguido y muy altivo a pronunciar su confesión sobre la belleza. Se sabe quién es; y así se puede colegir su técnica movida por un anhelo trascendental de traducir la belleza del natural, desnudamente del natural: la belleza es la belleza. Como un anhelo dinámico de producir luz sin intermedios: luz, luz, luz, luz fría, como la de un insecto de luz. Anunciase, por otra parte, en este poeta un otoño de años fuertemente vitaminado de pensamiento.