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Jaramillo Carlos Eduardo


(1932)
Nace en Loja, en el año citado.
Abogado, ejerce su profesión en la ciudad de Guayaquil.
Es uno de los poetas de mayor resonancia en el Ecuador. ha obtenido numerosos premios y distinciones que le honran, entre ellos: Segundo en el Bolivariano de poesía y primer Premio en el concurso organizado por el Diario “El Universo” en el año de 1962 y 1970, primer Premio en el Primer concurso universitario de Poesía “Alfredo Rivas Castillos”. Es representante ante la junta General de la Casa de la cultura Ecuatoriana, por la sección Literatura del núcleo del Guayas. Como Presidente de la Sección Poesía del Guayas. Como Presidente de la Sección Poesía del patronato Municipal de Bellas artes de Guayaquil ha efectuado plausible labor cultural.
Sus obras editadas son las siguientes: “Escrito sobre la arena”, “150 poemas” (1960), “La Trampa” (1964), “Maneras de vivir y de morir” (1965), “La noche y los vencidos” (1967), “Las develaciones de Jacob” (1970).
 La poesía de Jaramillo tiene acentos de extraordinario lirismo. Ha venido ascendiendo y mejorando en calidad desde sus primeros poemarios de adolescente, para encontrar asidero en tonalidades puras, en metáforas filosóficas y extraordinariamente bellas. Sus últimos libros, desde “La trampa” hacen de Jaramillo un autentico poeta. De “La noche y los vencidos” dice Leonardo Barriga López (Letras de Cotopaxi N°11).

Carlos Eduardo Jaramillo. 1935. Nació en la ciudad de Loja. Doctor en Jurisprudencia y ciencias Sociales. Obras “Escrito sobre la Arena”, 1959. “Ciento Cincuenta Poemas”, 1960. “La Trampa”. 1964. “Maneras de Vivir y Morir”, 1964. “La Noche y los vencidos”, 1967. “Develaciones de Jacob”, 1969. “El nombre que quemo sus Brújulas”, 1970. “una vez, la Felicidad”, 1972. “Crónica de la Casa, los arboles y el Rio”,  1972. “Perseo ante el espejo”, 1974. Jaramillo, por la intensidad de su obra, puede considerarse ya como uno de los poetas ecuatorianos más importantes de este siglo. Dios, la muerte, la soledad del hombre, la carne y sus racimos golpantes, van y viven por sus libros como una tempestad mutanime. Como un primer día de profundos presagios adámicos, afluyendo entre preguntas, dudas, nostalgias y un material poético limpio, deslumbrante y desolado al mismo tiempo.