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Jijón y Caamaño Jacinto


1890-1950
Nombre de larguísima repercusión en el panorama cultural del Ecuador  y de América.
Asombra su dedicación al estudio, al acoplo de documentos, a la recolección de material para la explicación arqueológica…que dieron como fruto al hombre de eruditos conocimientos en materia histórica y ciencias que se relacionan con ella, de dinamia para formación de un archivo que guarda preciado hallado que hombre de letras pudiera aspirar tener.
Relativamente, en edad prematura bajo al sepulcro, cuando la Patria todo esperaba muchísimo de él, espíritu infatigable y en plena acción madura y definitiva.
Desde muy joven se dedico a los estudios científicos, siempre estimulado por el Arzobispo González Suarez que encontró en el uno de sus mejores discípulos: alentado por su señora madre en sus inquietudes viajo a Europa, en 1913. Su padre de gran posición económica y social había fallecido años antes.
En 1909 ya le encontramos dirigiendo excavaciones en los pueblos de Urcuqui acompañado a don Juan León mera como fotógrafo o dibujante. Hasta aquella época no contábamos con estudios encontramos la edición de sus libros: “El Tesoro de Itschibia” y “Los aborígenes de la provincia de Imbabura”
Falleció González Suarez y su biblioteca va a incrementar la colección ya numerosa de la correspondiente a Jacinto Jijón “previo pago de su debido precio”. Para entonces ya la fortuna de los Jijón servía, en parte para organizar biblioteca especializada, una de las más ricas de Sudamérica. “Pero la intuición científica de Jijón y Caamaño le llevo al campo de la investigación personal, por medios de técnicos, cuya labor corría a cargo de su peculio. Tal fue el caso de Max Uhle que recurrió el Ecuador  realizado excavaciones, cuyos resultados iban dando a conocer a su generoso e ilustrado mecenas. Fruto de este trabajo, realizado en largos años, fue la formación del Museo Arqueologico, con piezas clasificadas por zonas y referencias de origen, que le sirvieron para sus publicaciones de indiscutible valor científico, su afición a esta clase de estudios mitigo aun las penas del destierro. Cuando en 1925 se vio forzado a permanecer en Lima, aprovecho de esta estadía para realizar excavaciones en las Cuevas de Maranga y enriquecer su museo con dotación de restos que aclaraban el problema planteado sobre el periodo llamando protolimeño por Max Uhle”. (Fr. José María Vargas: historia de la Cultura Ecuatoriana).
Jijón además de hombre de cultura fue prospero industrial y hombre de negocios. Sus fábricas de la industria del tejido son famosas en el Ecuador, habiéndolas modernizado. Respetado y respetable, fue electo el primer Alcalde de la ciudad de Quito, dignidad publica que la desempeño con desinterés personal y sacrificio. Famosa es su quinta: “La Circasiana” en donde no solo mantuvo el Museo de arqueología y arte colonial, sino que allí estaba también una biblioteca especializada de Historia Americana. La bibliografía de este distinguido científico y Literato ecuatoriano es bastante extensa: “El examen crítico de la veracidad de la historia del Reino de Quito”; “contribución al estudio de las lenguas indígenas que se hablaron en el Ecuador ”; “Religión del Imperio de los Incas”; “un cementerio incásico en Quito y Notas acerca de los Incas en el Ecuador ; “Puruhua” contribución al conocimiento de los aborígenes de la provincia de Chimborazo (1921-1924); “Notas de arqueología cuzqueña” (1928); “Sebastián de Benalcazar” (1937); “antropología Prehistórica del Ecuador ” (1952). Escribió el libro: “Política Conservadora”, en dos tomos, fue dirigente de este partido político tradicional.
Su prestigio abarca importancia que el tiempo no tendrá desteñir Jijón y Caamaño es símbolo de ecuatorianidad correspondiéndole sitial altísimo, proporcional al legado que dejo.
Hasta 1924 había dedicado sus energías y su dinero a la investigación arqueológica, ya mediante trabajo personal, ya patrocinado la obra de Max Uhle y de la Academia Nacional de Historia. El año mencionado se afilio al partido conservador y dividió su acción entre el cultivo de la ciencia histórica y el servicio al país como jefe de un movimiento político. No fue un simple aficionado a los libros, o un coleccionista de objetos arqueológicos y artísticos. La Biblioteca frecuentada diariamente, fue su gabinete de estudio y sala de redacción de los numerosos libros que dio a la publicidad. El mismo constituyo el retiro en que escucho la voz de los pueblos prehispánicos, a través de los objetos arqueológicos, científicamente catalogados. Las obras de arte le servirán de descanso a sus fatigas de investigador prolijo. Se había impuesto voluntariamente un horario estricto de trabajo, que lo guardaba con severa disciplina. A él debían sujetarse incluso los favorecidos con su amistad a los consultores de su copiosa biblioteca.
Los herederos de Jacinto Jijón y Caamaño han tenido a bien donar el Museo Arqueológico y Artístico a la Pontificia Universidad católica del Ecuador.
El Museo encierra dos secciones perfectamente definidas, arqueológica la una, y la otra de Arte colonial y Republicano. En el proceso de sus estudios estuvo convencido de la evolución de la ciencia, que al paso del tiempo reafirma no cambia los puntos de vista con el congreso de la técnica. Después del Sr. Federico González Suarez, Jijón fue el gran indicador de los estudios arqueológicos en el Ecuador, con estrictez científica. Algunas de sus conclusiones han debido modificarse con los nuevos adelantos conseguido por investigadores nacionales o extranjeros. Pero esta ahí su museo, como venero inexhausto, donde el estudioso puede descubrir siempre nuevos tesoros. El examen con el carbono 14 ha permitido un reajuste cronológico de las diversas culturas. No sería difícil al investigador científico ubicar debidamente los objetos, en el tiempo y en el espacio estudiando las muestras que se exhiben en cada vitrina, con la indicación concreta del lugar de procedencia.
Jijón integro su Museo con una excelente colección de obras de arte, que permite apreciar el proceso de desarrollo de la Escuela Quiteña de Pintura, desde su iniciación hasta principios de nuestro siglo. De este modo el Museo Jijón y Caamaño puede brindar al Visitante una visión completa de la cultura ecuatoriana, desde el punto de vista arqueológico y artístico.
Escribió esta vez un opúsculo, limitado a cien ejemplares, con el título de “Ascendientes de Jacinto Jijón Caamaño y Barba, nacido en Quito el 31 de marzo de 1944”.
Concluida la educación escolar en su propia casa, Jacinto ingreso en el Colegio San Gabriel para cursar la secundaria.
El acta de establecimiento de la Sociedad se redacto el 24 de julio de 1809, Jijón fue uno de los socios fundadores.
Jijón y Caamaño se impuso la tarea de verificar estas excavaciones, aprovechando de las circunstancias favorables que le ofrecía la vida. En la hacienda del Hospital. Que acaba de heredar, había muchas tolas. Para la labor de excavación, que se verifico en julio de 1909, echo mano de sesenta peones que trabajaron diariamente durante una semana. La dirección técnica corría a cargo de propio Jijón, ayudado de Juan León Mera, que trazaba los planos y dibujaba los objetos y de Pankeri que vigilaba el trabajo.
Después de estas excavaciones de Urcuqui, se dirigió al Quinche en enero de 1910, para investigar los restos prehistóricos de tolas de otro grupo humano de importancia. La hacienda del “Molino” perteneciente al doctor José Ricardo Ortiz fue esta vez el centro de excavaciones. El propietario puso a su disposición los sirvientes de la hacienda. El cura del Quinche, Dr. F. Granja, facilito la consulta de los archivos parroquiales. Nuevamente su inesperable colaborador D. Jacinto Pankeri trazo los planos y vigilo el trabajo. Las investigaciones se extendieron a la hacienda de “Igñaro”, cuyo dueño, Doña Dolores Yepez, ordeno a los peones que prestaran sus servicios al joven investigador.
En octubre de 1911 torno a Urcuqui a completar, con los peones de su hacienda, las experiencias obtenidas en las excavaciones 1909. Esta segunda vez amplio el área de trabajo extendiéndola a la zona de Imbabura.
Reunidos los objetos, pudo clasificarlos y examinarlos comparativamente, para deducir las conclusiones que de ellos se colegian, desde el punto de vista de la arqueología y antropología. Este primer ensayo, que cultivo en el oven arqueólogo el habito de disciplina científica y la tuición por el detalle descriptivo, estuvo concluido literalmente en abril de 1912.
Refiriéndose a esta primera etapa de su vida escribe el doctor Tobar Donoso: “No estuvo, al principio, seguro de su orientación intelectual. Se creyo llamado a los estudios de derecho y comenzó los cursos de esta carrera en la Universidad de Quito. A poco, el servicio cívico, en época de ingrato recuerdo y de graves temores internacionales, le tentó con sus poderosos señuelos. Fuese a Bolivia como adjunto a una embajada extraordinaria, que tenia por encargo conseguir el reflorecimiento de antiguas amistades, casi muertas por nuestra inercia”.
  Seria incompleto este retrato del joven de veintidós años si no contuviera los rasgos que perfila el sentimiento. Jijón, noble, rico, y atractivo, amo entrañablemente y tuvo ilusión en vincular su vida a quien correspondía a su efecto con alta y sincera decisión. Sus amigos íntimos fueron confidentes aplaudieron el posible enlace. Pero este episodio no traspaso la esfera de las posibilidades.
En 1912 Jijón frisaba en los 22 años. No obstante la precaución para evitar los efectos de la intemperie en los campos abiertos de Urcuqui y El Quinche, el sol había tostado un algo su tez. Pero gozaba de salud y había alcanzado un desarrollo de un talle que tendía al tipo asténico, quizá con pena, mas lleno de ilusiones culturales, obedeció las insinuaciones razonadas de su madre, que quiso que el hijo perfeccionara su formación en Europa.
En compañía de ella y de su amigo de confianza, Carlos Manuel Larrea, emprendió viaje al Viejo Mundo en abril de 1912. Londres fue su primer destino y el objeto, intervenir en el Congreso de Americanistas que ahí se celebra. Después de tres meses de permanencia en la capital de Inglaterra, paso a Paris, donde permaneció el año de 1913.
En 1914 pasaron a España con el objeto de intervenir en el congreso de Historia y Geografía de Sevilla. Jijón, con el doctor Leónidas Pallares Arteta, representaban al Gobierno ecuatoriano y Larrea a la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Americanos. Desde luego, los dos amigos habían estado ya en Madrid y Sevilla en abril de 1913.
Desde 1909 viajo a Europa Jijón había practicado excavaciones de acuerdo con estas advertencias. Cuando en 1912 viajo a Europa, llevo consigo todo el material obtenido con el propósito de publicar en España el resultado de sus investigaciones. Una vez en Madrid hizo interpretar, con dibujantes, hábiles, los croquis de las tumbas exploradas, que los había trazado su amigo Juan León Mera, de este modo entre 1914 y 1915, saco a luz en Madrid, impreso por Blass y Cía., el volumen titulado: “contribución al conocimiento de los aborígenes de la Provincia de Imbabura de la Republica del Ecuador con 341 páginas de texto y 64 laminas ilustrativas. La edición es de lujo y prolijamente correcta. Debe situarse en esta etapa de permanencia a Paris, la preparación de su libro sobre “La Religión del Imperio de los Incas”, que saco a luz en Quito en 1919. La concepción del tema, como fenómeno Social y con criterio antropológico, estaba de moda, después de la obra clásica de Tylor sobre la cultura primitiva en que se sentó las bases de las investigaciones Etnográfica y del Orpheus de Salomón Reinach o historia de las religiones comparadas, que se edito en Paris  en 1909.durante  la estadía en Europa había aprendido el ingles, francés y alemán, para poder leer en las ediciones originales las obras carácter científico, necesarias a su especialización.  
La larga permanencia en Europa, con dedicación a los estudios pero también con el goce legitimo de las comodidades que le brinda su holgura económica, le hizo olvidar sus efectos primeros en Quito. Antes de salir de Francia de regreso a su país su excelente y abnegada madre pudo morir tranquila en Paris en 1915, ante la evidencia del compromiso formal del hijo de contraer matrimonio con doña María Luisa Flores y Caamaño.
  El viaje a Europa no había cambiado el carácter de Jijón, sencillo, afable, generoso, abrió las puertas de su casa del centro para las reuniones semanales, en que se leían los trabajos y se discutían los proyectos de dar a conocer la vida de la Institución. De estas charlas amenas y provechosas nació el Boletín de la Sociedad de Estudios Histórico Americanos, cuyo número 1° salió a luz en junio de 1918, impreso en la imprenta de la Universidad Central. Desde el comienzo el Boletín fue la expresión de la personalidad de cada uno de los miembros. Si bien en la elegancia de la presentación, en la riqueza de ilustraciones, en la seriedad de los artículos, se podía advertir el gusto acrisolado y selecto de Jijón, a cuya cuenta corría el costo de la publicación, la nota dominante del Boletín fue, como era natural, la preferencia por la arqueología, no solo por los artículos monográficos del subdirector, sino por los de especialistas extranjeros y la copiosa bibliografía de autores americanistas.