<< Juanola Matabos Miguel Indice J
 

Juan Enrique Pestalozzi


Reconocido como el gran impulsor de los notables progresos de la metodología pedagógica del siglo XIX, Juan Enrique Pestalozzi nació en Zurich, Suiza, el 12 de enero de 1746. A temprana edad perdió a su padre, cirujano de profesión, de origen italiano, por lo que correspondió a la madre ocuparse de su educación.
En la escuela el niño Pestalozzi no revelo mayor talento, a tal punto que el maestro tuvo que esforzarse para enseñarle a leer y escribir; sin embargo, el pequeño era muy querido por su innata bondad y otras cualidades que aplaudieron sus profesores y condiscípulos.
Pero paso el tiempo y el joven acumulo conocimientos y pudo demostrar su admirable capacidad para el vasto campo de la enseñanza. Asimismo, manifestó su ideal de ayuda al pueblo nativo para librarlo de la miseria por medio de una educación basada en métodos nuevos comenzando por recoger a niños harapientos y abandonados.
En una propiedad rural que compro. Allí el optimista personaje les enseñaba actividades vocacionales, agrícolas y domesticas al amparo de un régimen de disciplina hogareña.
Con los satisfactorios antecedentes, Pestalozzi siguió formulando sus doctrinas a través de libros y otras publicaciones. Comenzó con Veladas de un Solitario y luego escribió Leonardo y Gertrudis, traducción hasta ahora en varios idiomas. Años después entrego la obra como Gertrudis enseña a sus hijos, que recoge, como la segunda anotada, sus ideales y la explicación de sus doctrinas y métodos.
 El gobierno suizo se intereso en los proyectos de Pestalozzi en 1798 y le dio la dirección de un asilo de huérfanos en Stanz, paso luego a Burgdof y, en 1805, se estableció en Yverdon, ciudad en la que permaneció 20 años y en la que abrió una escuela para maestros.
Pese a tantos inconvenientes sorteados a lo largo de su herencia existencia, donde no faltaron la incomprensión, el odio gratuito, la pobreza y otros tantos infortunios, entre los que sobresale la muerte de su esposa, Juan Enrique Pestalozzi triunfo y logro la atención para su obra, hoy merecidamente aplaudida a nivel mundial porque sus seguidores la divulgaron con éxito.
Dueño de la admiración de su pueblo y de las naciones que conocieron en detalle su doctrina pedagógica e incluso le brindaron homenaje a través de sus instituciones representativas, falleció el 17 de febrero de 1827 en Brougg.
Uno de sus conocidos principios dice: “el educador, que no es más que un auxiliar de la naturaleza, debe buscar en el ambiente natural los motivos para la ejercitación de los sentidos y la inteligencia del niño”.