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Jumandi


Si hasta ahora, las tentativas locales de sublevación estaban encaminadas bajo el mando de los caciques, en 1578 la iniciativa llega de parte de los “brujos” (104). No es posible saber exactamente la posición social que estos ocupaban en aquella época dentro de la sociedad de los Quijos. De todas maneras, ejercen mucha influencia, pero ignoramos si siempre desempeñaban funciones de caciques. En las fuentes se les llama, entre otras cosas. “caciques y señores principales”, pero lo mismo puede ser que con ello solo se quiera señalar su importancia, sin referirse siempre a la posición política de un cacique, aunque también podía haber unión personal. Esta vez no se trata de uno o algunos de los “caciques principales” que organizan el levantamiento; esto podría explicarse con que si bien los caciques se encontraban muy limitados en su libertad de acción, en cambio estaban integrados en el sistema administrativo español exentos de servicios personales y de tributos.
De todos modos son los brujos desempeñado a no las funciones de caciques los que han de temer la mayor mengua en su poder o influencia a lo largo del dominio español y la misión cristiana íntimamente ligada a él. En 1578, dos brujos de los más belicosos y poderosos, reúnen gran número de indios en el pueblo de Tambisa, cerca de Ávila, y allí predican la sublevación contra los españoles. Uno de ellos, que se llama Beto, viene de la región de Archidona, el otro, de nombre Guami, es del mismo tambisa. Se les conocía como “Pendes” que significa algo así como brujo, aunque ellos mismos se llamaron “dioses”. Beto manifiesta que se le presento el “diablo” bajo la apariencia de una vaca diciendo que el dios de los cristianos está muy enojado con los españoles que se encuentran en esta su tierra y que deben matar a todos ellos sin dejar con vida ni mujeres ni niños. Guami, un hombre joven, dice que durante 5 días se traslado a otro mundo y que ahí vio cosas maravillosas. Según él, el dios de los cristianos le mando matar a todos los españoles, quemar sus casas y devastar sus sembríos, y a él se le había destinado a ser “gran Pende”. Guami y Beto hacen un llamamiento a todos los lindos de la región, para que se reúnan armados y provistos de alimentos. Dicen que todos aquellos que desobedezcan esta orden, serán severamente castigados y sus sembríos se sacaran y quedaran sin cosecha.   
Mientras tanto, y por medio de su gente. Guami hizo matar a cinco españoles que se encontraron en un pueblo vecino. Después manifiesta en una asamblea general que el mismo debe tener el mando supremo durante el levantamiento, porque ya ha comenzado a castigar a los españoles, y por otro lado, es más joven y capacitado que el viejo Beto, quien además pertenece a Archidona y no a Ávila. Dice que él tiene el poder de hacer llover, resucitar a los muertos y transformar hombres en plantas y viceversa. Beto le contradice y luego se ponen de acuerdo para que dijera la suerte, que resulta a favor de Guami. Este encarga a Beto asaltar Archidona en un día determinado y ordena que cada cacique con su gente deba penetrar en la casa de su respectivo encomendero, y esto al mediodía cuando todos estaban comiendo. Otra dificultad surge en el pueblo de Cito. Cuando, en ese lugar, Guami incita a los indios a levantarse, entonces aparece el brujo Imbate diciendo que el es tan “Pende” como Guami, y que él tiene que ejercer el mando supremo, si no, todos tendrían que morir. Y como este indio era conocido como brujo que sabio dar y quitar la vida, Guami se alió con él. Ahora, Guami e Imbato se ponen en contacto con el cacique principal Jumandi, así como con otros caciques, para que estos movilicen a sus guerreros para que estén listos para el combate.
En el intervalo, Beto ha reunido los caciques de la región de Archidona y les amenaza con convertir sus sombríos en sapos y serpientes venenosas que los matarían en caso de no participar en el asalto. “Y como la voz de la libertad suena tan dulce a todos los hombres”, acordaron con Beto, algunos por miedo y otros para liberarse de la opresión de los españoles.
En la fecha fijada, los indios asaltan la ciudad de Ávila. Este día, el 11 de diciembre de 1578 o el 29 de noviembre, ya que las fuentes no coinciden al respecto hacia mediodía, un grupo de indios del cacique Boruca llega a Ávila. Cargan un gran tronco de árbol destinado para la construcción de la nueva casa de su encomendero Juan Báez de Francia. Tal como se acostumbra en estos casos, van armados y pintados para la guerra. Así es que los españoles que a esa hora descansan en sus casas, noven nada de especial en la llegada de los indios. Con la bulla que ocaciona la gente de Boruca, los demás Quijos consiguen entrar desapercibidos en la ciudad. Penetran en las casa, matan despiadadamente a todos los españoles, inclusive mujeres y niños y saquean y queman las casas.
Por encontrarse un traidor entre la gente de Beto, los habitantes de Archidona pueden defenderse algunos días detrás de estacadas rápidamente construidas, pero luego tienen que sufrir las mismas suertes que los habitantes de Ávila.
Junto con los españoles matan también a todos los indios de la Sierra que en calidad de servidumbre viven en las casas de los blancos. Los insurrectos reparten entre ellos las armas y utensilios conquistados.
Después de la destrucción de Ávila, los Pendes Guami e Imbate se retiran a la región de Jumandi. Mediante un ayuno de cinco días, se preparan allí para el asalto de Baeza. Al cacique principal Jumandi lo eligen comandante en jefe para esta expedición guerrera. Jumandi manda a Paujimato, un hijo de Guami, y a un cacique de nombre Buji, para que vayan de mensajeros a movilizar a otros grupos para el levantamiento. Pero a estos, se les sube a la cabeza el éxito obtenido e intentan hacerse con el mando de toda la empresa, argumentando que también son “Pendes”. Por ello, Guami mismo les condena a muerte frente a la tropa y les hace ahorcar.
Dos hechiceros o Pendes de quijos, el uno de Archidona llamado Beto y el otro de un lugar cercano a Ávila denominado Guami, bajo el pretexto que dios de los cristianos se les había aparecido en sueños y ordenado la exterminación inmediata de todos los blancos, buscaron la alianza de otros pendes, entre ellos de golpe contemporáneamente sobre las ciudades de Archidona y Ávila. La fecha fijada fue el 22 de noviembre de 1579. El asalto sobre Ávila resulto realmente feroz. Fueron asesinados todos los españoles a excepción de una niña.