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Jussieu José


José Jussieu era el tipo del sabio estudioso: tranquilo, reposado, afable y comedido. En nuestro país encontró el libro abierto para sus estudios predilectos, la Botánica. Por donde iba recogía pues datos y muestras tradiciones y material en general para su trabajo de herborización. Fue a Malacatos, estudio y posibilidad de trasplanta estaba en auge. Du estudio sobre la materia público en “Memoria de las Quinas”. Fue el médico que más largos años quedo en la Audiencia de Quito, llegando a gozar de la simpatía y confianza de la gente hasta el extremo de que cuando se declaro la famosa epidemia de las viruelas en Quito en 1746, el cabildo hizo una representación ante la Real Audiencia, para que esta obligue a quedarse al médico Francés que estaba en vísperas de su viaje al sur; y hay mas, se dice que se pensó en hacer que nadie la alquilase un caballo a fin de imposibilitarle su salida de la capital. Fue el primer medico extranjero que puso atención a la enfermedad que entre nosotros y por entonces se llamaba Bicho o Mal de valle; nombre que ha quedado relegado ahora a una enfermedad de las aves; y que se trataba de una rectitis de origen amebiano, producida por complicaciones de su tratamiento con limón, ají y pólvora, o tal vez oxiurosis. Jussieu, partió después al Perú y Argentina regresando a su Patria a los 32 años.
Medico de la misión Geodesica Francesa venido a la audiencia en 1736 tuvo una magnifica personalidad, la del francés afable y comedido, la del científico con tradición familiar de hombres que amaron. Como botánico, herborizo en varios lugares de la audiencia, recogió muestras y estudio las plantas medicinales. En malacatos estudio sobre terreno las tradiciones nombres quechua y la botánica de las quinas, asunto que publico en su memoria de las Quinas. Paso al Perú y a la Argentina, regresando a Francia a los 32 años de ausencia. Fue el miembro de la misión que permaneció por más tiempo en la Audiencia, gozando de la simpatía de todos  haciendo el bien a cuantas pudo cuando la epidemia de viruela de 1746, estaba todavía en Quito y el Cabildo hizo una representante ante la Audiencia para que la obligue a quedarse en la ciudad atendiendo a los enfermos porque era de los médicos contados que habían, llegando a tal extremo la desesperación popular que hasta se pensó en no permitir que se alquile caballos, para obligarle a permanecer en la ciudad invadida por la epidemia.