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Larrea León Pedro Lucas

 


Don Pedro Lucas de Larrea nace en Riobamba, del matrimonio de José de Larrea Zurbano Dávalos y Doña Teresa de León y Villavicencio. Se desposa con Doña Josefa de Villamagan, hija de Don Gregorio Villamagan de Trujillo y doña Gregoria Serrano y León, procreando a Don Fernando que se caso con doña Juana Checa; a María Rosa, con don Juan Bernardo de León; a María Patrona, Carlos Ramón, Pedro Lucas, Leopoldo, y a Doña María José a sus numeroso hijos: en el matrimonio de Fernando gasto solamente en “vestidos” 600 pesos; en el de Andrés, 600; y en el de José, 400; en el de Rosa, 200; en el “mongio” y en las “semanitas”, de María Josefa y María Magdalena, mucho más de lo que deberían heredar. Trabajo arrimando el brazo a la tierra en las regias propiedades de Chulin, herencia de sus padres, valor de 17.000 pesos, incluso el Hato de Titaycum, a fin de cancelar los 5.000 patacones de ocho, que adeudaba a su hermano Juan de Larrea y Villavicencio y 500 reconocidos a censo a favor del canónigo Nicolás Zambrano. Poco después se acrecentó su fortuna, gracias a la herencia de la hacienda de Zugal, legada por su hermano Don Juan. Por desgracia cuando el terremoto de Riobamba de 1797 hizo crujir la Presidencia de Quito, de punta a punta, poniendo el temor incontrolable en sus moradores, se acabaron las riquezas, desapareciendo como por encanto su casa, ganadas y  meses. Y por temor de este cataclismo que le “cogió” en Quito entrego dichas haciendas al Dr. Luis Peñaherrera, en cambio temporal con la propiedad de Quitumba, quedando únicamente con la administración de la hacienda situada en colta, toda a censos, encontrándose de Capellán su sobrino Domingo de Larrea, hijo de Pedro Ignacio de Larrea Zurbano y Doña Catalina de Santa Coloma, quien por su carácter violento y severo, se la “largo a Doña Josefa Egüez graciosamente, por ser mujer de su Hermano Xavier, a quien yo se lo arrende por cuarenta pesos por año”. Sin embargo, continuo administrando las haciendas de su parte, a quien le arrendara anualmente, las extensas y productivas de Chaquipogyo  y el obraje de Santa Catalina del Gavico, situadas en la jurisdicción de la ciudad de Riobamba, las que después heredaron sus hermanos jesuitas don Ambrosis y Don Joaquín, figuras de alguna significación en las letras del siglo XVII, singularmente en la poesía. Cuando definitivamente se trasladara a vivir en Quito.   
Vendió una huerta de cuatro cuadras de alfatar y los restos de una casa demolida por el terremoto de 1797, la mitad del terreno Bantaloma en 20 pesos, y la otra, entrego a la fiel india Josefa, “ama de leche” de su hijo Fernando, extinguiéndose en esta forma el recuerdo material de su tío don Gregorio de León y de su abuelo Don Bernardo de Larrea, cura de ese entonces de Guayaquil, y recaudaba también unos 3.000 pesos que legara el padre de su esposa, de cuya testamentaria fuera su albacea en lugar del capitán Pineda.