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Lebed Sigall Fernando

 


Soy un gran copión, he hecho lo que he visto en otras partes. Lo único importante en mi es que he tenido una gran fe en Guayaquil y en el país”, afirma Fernando Lebed, impulsador de empresas que en una época no eran conocidas y por lo tanto difícil de iniciarlas.
Dueño de un carácter fuerte, de una gran fe en sí mismo, de un protector que no conoce aun, pero que seguramente lo conocerá en el más allá y de una suerte en la que confía ciegamente. Ha logrado cristalizar empresas pioneras como la Feria Internacional, entre las más sobresalientes. “Soy un peleador de obstáculos, tengo ideas que se agolpan en mi y si no las realizo tengo miedo de que exploten”, dice. Era el año 1854 cuando Fernando Lebed construyo el cine Presidente, nombre que lo puso en honor al Dr. Raúl Clemente Huert; la particularidad del cine era su aire acondicionado central, una novedad de ese tiempo, pero contrariamente a lo que se creía la gente no acudía a las funciones, pues pensaba que la baja temperatura le produciría afecciones en su salud como los resfriados. Mientras esto ocurría en el cine Presidente, en el Apolo la gente llenaba cuadras para ingresar, incluso la caballería hacia guardia, la respuesta sobre este asunto fue que se presentaba una bailarina exótica semidesnuda como parte del show. Inmediatamente se hizo publicidad de la temperatura refrescante del aire acondicionado que no disminuía de los 24°, poco a poco la gente acepto la innovación sugerida por este empresario, que construyo en diez meses los cines Presidentes, Lux, Juan Pueblo y Porteño.
Pero los retos no se apartaban de él y dio inicio a un fabrica de madera contrachapada, plywood, fue la primera en el Ecuador. La idea de realizar edificios de propiedad horizontal no fue aceptada por círculos económicos de la época, era 1958, los banqueros trataron de persuadirle de su empeño, pues consideraban que la gente no estaba preparada para eso, sin embargo en una reunión el manifestó que ojala todos tengan vida suficiente para comprobar que su proyecto era muy bueno e inicio la construcción del edificio Gran Pasaje, donde estaba ubicado el cine Guayaquil y el hotel “Atahualpa”. “Fue un poco difícil de vender, pero hay gente que siempre ha confiado en lo que yo hago, el precio era 6.000 sucres el metro cuadrado, casi no se conocía los millones que hoy circulan por las propiedades horizontales”, dice. “Pero la innovación de la construcción fue la fachada de vidrio, todos comentaban que no iba a durar tomando en cuenta que la avenida Nueve de Octubre era el blanco de manifestaciones políticas, gases, piedras y otras cosas más, pero se mantiene y no se ha visto afectada por esas circunstancias”, dice.
Cuando quiso organizar la Feria internacional, Fernando Lebed había recorrido algunas en Europa y creyó que podía lograr implantarla en el país, entonces era propietario de una hacienda en el lugar en donde hoy se realiza; los terrenos de los alrededores eran maleza pura, el puente estaba a punto de inaugurarse pero había que pagar un peaje, en todas las ferias visitadas el horario era diurno, aquí decidió, por el clima, que sea nocturno. El primer año participaron Colombia y Perú. “Fue otro golpe de suerte pues el Ecuador iniciaba la era petrolera, el Perú donde se realizaba la mejor feria de América estaba en régimen socialistas entonces pensaron vamos a Ecuador, y así fue. Son veinte años de realizarla y donde acuden los mismos participantes, porque saben que es una venta abierta al público que acude a comprar por lo bajo de los precios”. A pesar de bordear los setenta años se mantienen activo, con más ideas por realizar, pero que cree que debe retirarse. La feria es lo que mantiene aun bajo su propiedad, pero que si existe un buen postor la vendería:
“Creo que debo estar más tiempo con mi familia, pues aunque estoy fascinado con lo que he hecho muchas locuras, el tiempo con mi familia, pues aunque estoy fascinado con lo que he hecho de mi vida, también sé que he hecho muchas locuras, el tiempo se paso muy rápidamente y todavía no me he dado el gusto de dormir una siesta al mediodía o contemplar el mar que es mi pasión, pues tiene vida, a veces manso, a veces rebelde, alegre o tranquilo, pero creo que si no estoy activo me moriría”, dice este pionero con carácter fuerte y recia voluntad que trajo a Guayaquil adelantos para su bienestar.