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Lecumberri Rita

 


1894 directora de la Escuela Municipal de Niñas “Rocafuerte”.
Nació el 14 de noviembre de 1831 en esta ciudad. Fueron sus padres coronel Ignacio Lecumberri, quien había servido con lealtad a la Patria Robles el señor Usubillaga. Ensayo sus facultades de joven maestra en Jipijapa y en Yaguachi desde 1866 hasta 1869; después vino a Guayaquil donde fue Directora de una escuela particular que dirigió hasta 1877, en que fue nombrada directora de la escuela de niñas en Yaguachi, donde laboro hasta 1880, dejando imborrables recuerdos y hondos afectos. En ese año, regresa a Guayaquil, donde dirigió la Escuela San Alejo, de 1880 a 1882 y después fue directora de la Escuela Nueve de octubre, en esta ciudad, donde laboro desde 1882 hasta 1895, que la convirtió en el hogar preferido de los padres de familia para la formación de sus hijas. Las mismas religiosas de los Sagrados corazones, tridas por García Moreno, reconocieron a la Señorita Rita a la maestra intachable y Superior. El ilustre consejo Municipal de Guayaquil cumplió con un deber de justicia, otorgando una justa recompensa a esta dama abnegada e inteligente: el 9 de octubre de 1894 esta Ilustre entidad Edilicia la condecoro con un Diploma de honor y una Medalla de Oro, cuyo temor es el siguiente: “Una medalla de oro y un Diploma Honorifico a la señorita Rita Lecumberri por su constancia en los muchos años que viene desempeñando con lucidez el cargo de Directora de un establecimiento de enseñanza primaria y por sus virtudes y reconocido talento e ilustración. Fernando García Drouet, Presidente, etc.
La misma Corporación, en diversas ocasiones, le otorgo varias medallas y premios como recompensa a sus meritos y la convención Nacional Reunida en Guayaquil en 1896 expidió un Decreto Jubilatorio para la mujer abnegada e inteligente que sacrifico casi toda su existencia por hacer el bien a la humanidad. Casi octogenaria, doña Rita Lecumberri Robles, solía visitar a los domicilios de sus discípulas que había terminado la Instrucción Primaria, para convencerlas de la necesidad de una mejor preparación femenina. Con este criterio, de ampliar el horizonte intelectual de la mujer, esta educadora y poetisa, en 1903 funda su academia de señoritas, que funciono en horas nocturnas, organizada por la entusiasta Profesora señorita María Victoria Rodríguez, con la colaboración de jóvenes maestros. No había disponible un local adecuado para la instalación de las clases y la señorita Lecumberri, brindo su casa y con ella la dignidad de su persona, en orden a orientar la marcha de la nueva mansión de estudios, situada en la calle Sucre 917. Según el artículo tiempos que fueron, del Dr. Francisco Campos Rivadeneira, tomado del Telégrafo, edición del 29 de julio de 1958, el cuadro de catedráticos que ofreciera su concurso a la causa de la Academia, era el siguiente: Dr. Luis A. Wandenberg; Dr. Adolfo Fassio; Rvdo. Dr. Jorge I. García; Rvdo. Dr. Pedro P. Carbo; Dr. Miguel A. Montalvo; Dr. Gumersindo Yepez; Señor Aurelio Falconí, Señor Gustavo Lemos R., Señor Alfredo Sáenz y las asignaturas de Historia Natural y Caligrafía, fueron confiadas al autor de este articulo, la enseñanza era diaria, de 7 a 9 de la noche y la pulcra dama gustaba presenciar algunas de las clases de los profesores. El doctor Francisco Campos Rivadeneira, dice en su artículo: “Terminadas las horas de clase, era frecuente que prolongara mi estadía, retenido para tratar algún punto sobre practica de enseñanza o problemas pedagógicos con la docta amiga, quien ocupaba una pequeña hamaca, mientras el autor de estas líneas ocupaba un sillón. Y era una característica en la profesora del relato, el llevar siempre un fino pañuelo blanco impregnado de buena colonia”. “La señorita Lecumberri me mostraba su obra literaria y sus artículos de índole educacional, patriótico o filosófica, y también colaboraciones de oportunidad observando muchos de sus trabajos salidos a la luz en las columnas de honor del gran diario “La estrella de Panamá”. “Un día me honro con un difícil cometido: puso de Retorica” que ella había cometido en sus escritos. En ese entonces, mi edad frisaba en los 24 años, y si era diestro en buscar bichos en el campo de la naturaleza no así para buscar figuras de Retorica en el campo Literario. Pero fuerza era aceptar la recomendación y arbitrar medios para cumplirla. Comencé, pues, a instruirme en lecturas y fraseología poético y lenguaje florido. Versándome en las figuras de pensamiento y analizando con sumo cuidado los artículos que tenía entre manos. No fui muy diestro en mis primeros ensayos, pero llego el día en que pude acercarme a la digna maestra y decirle: Creo haber encontrado las figuras usadas en sus importantes trabajos, y mostrándole las ubicaciones respectivas, agregue: aquí hay una “paradoja”, acá un “epifonema”, en este lugar consta una “antítesis”, este final me parece una “prolepsis” y otras indicaciones “Y la expresión fisonómica de quien me escuchaba, dejo interpretar que no había quedado mal en el encargo que confiara”. Con la fundación de la citada academia, se había dado un paso trascendental en las costumbres y prejuicios de ese entonces, donde la mujer se limitaba a su vida de hogar, sin preocuparse de su elevación intelectual. Rita Lecumberri lucha contra esa inercia intelectual de las adolecentes ya a lo que se debía ser la mujer moderna.
En un discurso pronunciado en 1904, en los exámenes de las escuelas Fiscal Bolívar No. 3, se lamenta de la falta de un colegio de Segunda Enseñanza para Señoritas, que satisfaga sus anhelos de ver una juventud femenina dedicada al estudio, consagrada al cultivo de sus virtudes y del intelecto. Sus aspiraciones fueron coronadas: La Escuela Primaria Rita Lecumberri que recién había sido creada fue elevada a la categoría del Colegio Nacional Rita Lecumberri, mediante Acuerdo No. 35 de fecha 7 de mayo de 1906. El general Eloy Alfaro hacia de esta manera un gran beneficio al país, al colocar a la mujer en un nivel superior con la creación del citado colegio femenino cuya primera Rectora Inés Mercedes Balda.
En junio de 1911, comprendiendo que era necesaria de Instituto Normal Rita Lecumberi. Se hacía justicia en vida a tan ilustre educadora, orgullo y modelo de las actuales maestras, cultivadoras del espíritu y dama de noble sensibilidad. En el concurso Literario promovido por la Municipalidad el 9 de octubre de 1883. Alcanzo el primer premio su trabajo presentado, constituyendo este hecho un triunfo literario. Entre sus mejores composiciones figura una admirable elegía a la muerte de Vicente Piedrahita. La numerosa producción poética de Rita Lecumberri, esta complicada en una obra titulada; ensayos poéticos de Rita Lecumberri, casi ignorada editada en 1883. Escribió también el Juguete cómico en un acto y en verso titulado la Embustera Arrepentida, para las alumnas de la Escuela Nueve de Octubre, cuando ella ejercía el cargo de Directora. Su Muerte casi octogenaria, doña Rita Lecumberri robles bajo al sepulcro, el 23 de diciembre de 1910, en su ciudad natal.
El 10 de enero de 1871; es decir, diez días después de la aparición de el Rosicler, circulo el primer número de la Esperanza, “periódico religioso y literario” figurando en el cuerpo de laboradores la señorita Rita Lecumberri Robles.
En 1880
Colaboraron en la revista de “El Album”, los bien reputados literatos Dña. Rita Lecumberri Robles.