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Lovato de Sosa Diego

 

En 1571 cursos sus estudios eclesiásticos en el Convento de Santo Domingo, Quito. En la biblioteca del Convento máximo se encuentra con anotaciones marginales, todas las obras de Domingo Soto y Melchor Cano, en sus primeras ediciones. En la caratula interior de las Súmulas de Domingo Soto, editadas en Salamanca en 1554, se lee la siguiente nota manuscrita: “Diego Lobato de Sosa.- Comencé a oír Súmulas el 16 de agosto del año de 1575.
Sacerdote quiteño.- en 1586 es asistente a clase en el seminario de Quito fundado por el Obispo de la Peña, años antes.- Recibe las clases en el convento de Sto. Domingo.
Padre Diego Lobato Clérigo presbítero, que es de los criollos beneméritos de este Reino: es hombre de ciencia y conciencia y en quien la gracia de Dios no ha sido baldía, por que ha hecho señaladísimo fruto en la predicación evangélica merece de justicia que V. Majestad le ocupe en descargo de su conciencia Real, ocupándole con cualquier silla, dignidad o prebenda, como confiamos del dictamen y magisterio de Dios que es el que guía a V. Majestad.- Nuestro Señor sea con V. Majestad  vasallos y capellanes. Fray Pedro Bedón Predicador y Vicario Provincial Fray Cristóbal de Pardave, Fray Pedro de Palencia, Fray Juan de Guevara, Fray Jerónimo Londoño”.

Lobato de Sosa, Diego memorial de algunas cosas que se han de remediar en la Gobernación de los Quijos (aproximadamente en 1595) MS en AG, Quito 25.
En 1541, le dio un hijo a Juan Lobato, el que fue llamado Diego Lobato de Sosa. Antes de ir al combate contra Gonzalo Pizarro, su padre lo había confiado a un amigo, Gonzalo Martin, Diego Crecio en su casa y al terminar la escuela en el colegio de San Andrés, en el convento de los franciscanos, se consagro a estudiar lógica, Filosofía y Teología con los dominicos de Quito. Aunque demasiado pobre para poder asistir a la Universidad de Lima, participó más tarde, y con gran éxito, en públicas disertaciones de los antecesores de su madre y, como el mismo lo dijo, escribió que dar por perdida. Mantenía buenas relaciones con sus parientes incas y, es así como, en una “probanza”, declara por ellos y firma como testigo en la escritura testamentaria de Don Francisco Atahualpa. Debido a que Diego Lobato era mestizo e hijo natural, solo pudo ordenarse como sacerdote, con un permiso especial del obispo Fray Pedro de la Peña, quien inclusive, era su padre confesor. Como sacristán de la catedral, enseñaba a los jóvenes de sociedad especialmente canto, y era considerado como el mejor predicador de la Audiencia. De todos modos Juan Lobato debía su mayor prestigio a su excepcional conocimiento del Quechua y a su reconocimiento como e hijo de Isabel Yarucpalla. La Audiencia de Quito y el Obispo le encomendaban realizar, cuando era de importancia, difíciles misiones entre la población Indígena. Es así como, por ejemplo, en 1578-79 fue enviado junto con un hijo de Atahualpa, Don Francisco Auqui, como “Predicador de la Santa Cruzada” al territorio Cañarí, para hacer desistir a los caciques de participar en la rebelión de Quijo, en 1590, se traslado a Ambato y Riobamba, con el escribano de Cámara Diego Suarez de Figueroa, para recaudar dinero para un “empréstito” al Rey, para lo cual fueron reunidos 10.000 pesos; luego incluso, llevo a cabo un viaje de inspección a través del territorio Quijo, en lo alto del Napo. A pesar de todas estas actuaciones y aunque lo que el buscaba era arrancar a los indios de sus antiguas costumbres, era, por otro lado, tan amado por ellos por su empeño, que lo llamaban su padre, lo que en este caso, significaba mucho más que el común apelativo de “padre” que le dan al religioso. Es también muy compresible, que sus intervenciones a favor de los Indígenas le hubiesen ganado muchos enemigos entre los españoles. En general, sin embargo su prestigio era tan grande, que su petición al Rey para conseguir un puesto de la Canónigo en la catedral de Quito fue apoyada por los miembros de la Audiencia, así como también por diferentes Ordenes. Es, cuando se declara sobre su “pobreza” que no se lo debe tomar al pie de la letra, pues el percibía ingresos tanto como religioso como ser propietario de casa y solar. Diego Lobato no consiguió la solicitada canonjía. En esta decisión puede haber sido un factor decisivo el que él fuera mestizo.
Hacia 1595, el clérigo Diego Lobato de Sosa realiza una inspección de la región de los Quijos, por encargo del Obispo de Quito.