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Maldonado Barreno Víctor


Familiares.- Víctor Maldonado y Graciela Barreno de Maldonado, padres del nuevo Obispo de Santa Elena.
No muy lejos de la histórica ciudad de Riobamba, el 14 de febrero de 1927, nace Víctor Maldonado, hijo de Graciela y Víctor Maldonado, familia tranquila, dedicada a su trabajo y profundamente religiosa.
Este niño muy pequeño perdió a su señora madre, tenía apenas dos meses. A partir de ese momento vivirá con su abuela paterna. Con la familia toda, se trasladan a Riobamba, donde el niño Víctor Maldonado será bautizado y más adelante ingresara a la Escuela Nicanor Larrea para terminar su primaria en el Santo Tomás de los padres salesianos. 
Duros Días Les Esperan al Joven Maldonado
Desde niño se distinguió por sus especiales cualidades y virtudes, demostrando gran amor a la Iglesia y a las celebraciones religiosas que se realizaban en su parroquia; también manifestaba una especial predilección por los pobres, y por ellos sabía sacrificarse.
Su primer empleo lo consigue en la telegrafía en el cantón Guano. Con sus primos asistían juntos a la Iglesia de los franciscanos en esa ciudad, ayudaban al Párroco a las catequesis, a los bautizos, al Santo Rosario y a las Santas Misas. Estos actos diarios del vivir cristiano influyo positivamente para que naciera en estos jóvenes la vocación sacerdotal, pues los tres primos y el Joven Víctor ingresan al seminario.
 La Señal de Cristo
El alma del joven Maldonado era simple y profunda como la de sus padres. Su exaltación mística se hizo ardiente; penetro hondamente en su corazón el amor de Dios y de la Iglesia nuestra Madre; se desarrollo en él en la armoniosa calma con que su organismo endurecía los huesos, desarrollaba los músculos. Emigró a Dios hacia la císcanos, hoy monseñor Jorge Mosquera, Obispo emérito de Zamora.
Sus grandes obras realizadas en los distintos pueblos, en los que permaneció realizando el bien predicando y enseñando el Santo evangelio a los niños y pobres de esos amados lares ecuatorianos, justificaba la confianza de sus superiores que veían al misionero trabajador y sacrificado teniendo en cuenta todas estas cualidades, lo destinan al Convento de Latacunga como Superior y Capellán de la Tercera Orden Franciscana. Allí realiza numerosas e importantes obras sociales. Funda un movimiento juvenil, llamado “Amigos de San Francisco”, este grupo compuesto por un centenar de jóvenes, estudiantes, obreros, oficinistas, etc., realizaban constantemente acción social, humana, cultural y deportiva.
 Su noble ministerio lo obliga a servir a otros pueblos. En esta vez es nombrado Párroco de la Floresta en Quito. Dócil y alegre va allí lleno de grandes energías a cumplir con la voluntad de Dios. Aprovecha la oportunidad de ser profesor de religión católica del Colegio Americano, (magnífica oportunidad) y construye la cripta y parte de la Iglesia Parroquia.
En 1961, ejerció la Dirección de la Editorial Jadoco Ricke y definidor Provincial en el Convento máximo de Quito. Con todo acierto sus superiores le dan una beca para Roma, esto es en 1964, para que asista a los cursos de Sociología y Pastoral, primero, y luego siguió a Grotaferrata (Roma) para Pedagogía y Sicología. Como parte de la beca, visitó algunos países de Europa, como Alemania, Francia, España, Inglaterra. Al regresar al Ecuador  en 1967, es nombrado Maestro de Novicios y Vicario del Convento de Azogues. Siempre listo a obedecer, lo cambian de nuevo a Galápagos, 1972, esta vez en la isla Santa Cruz; allí permanece diez años dirigiendo la radio Santa renuncia necesaria para servirle con la simplicidad natural con que su familia futura, los franciscanos, se daban por entero al servicio de Dios y de los más necesitados.
Era por el año 1943 cuando entró en el Colegio Seráfico de Guápulo; termina esta etapa de estudios con gran animación y éxitos completos. De allí, y en el año 1947, pasó al Noviciado en Quito y luego al Seminario Mayor de los franciscanos. Debió dejar sobre todo en el Víctor Maldonado un grato recuerdo de su tiempo de permanencia allí.
Dedicaba los días al estudio de Filosofía y Teología, e incluso en las noches, en la vacilante búsqueda de una luz, afirmando su inteligencia con una férrea voluntad.
El Nuevo Sacerdote
El 29 de junio de 1953 era ordenado sacerdote en la colonial catedral de Quito, por el dignísimo y muy recordado cardenal Carlos M. De la Torre.
Después de tres meses de su ordenación, sus superiores lo destinan como misionero a las islas Galápagos; allí tiene por vez primera su Parroquia, en el Progreso, isla San Cristóbal, llegó allí con su sotana y su escasa ropa blanca, pero rebozando alegría y felicidad ilimitada, por haber dejado todo por su Maestro, por su Padre y su Pastor.
Al cabo de algún tiempo de permanecer allí, por espacio de dos años, solicita a sus superiores le permitan viajar a la isla Baltra, solo con un noble fin: desarmar un canchón de la base americana de Seymour y con esa madera construiría la primera Iglesia y Casa Parroquial de esa parroquia.