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Maldonado Pedro Vicente


Ecuatoriano. Nació en 1709; y murió en Londres en 1748. Sus claros talentos y su vasta y solida instrucción en matemáticas, física, geografía y otras ciencias le dieron un justo renombre en Europa. Acompañó y ayudó a la Condamine en varios trabajos científicos, y levanto un excelente mapa del Reino de Quito, que ha sido bien apreciado por Humbolt. Escribió también una relación del camino de Esmeralda. Obtuvo varias decoraciones honrosas en España, y fue miembro de la sociedad Real de Londres. Su temprana muerte fue muy sentida en ambos mundos.

Vino al mundo Don Pedro Vicente Maldonado, el 24 de Noviembre de 1704; hijo legitimo de don Pedro Atanasio Maldonado Sotomayor y de doña. María Isidro Palomino Flores. Bautizado de urgencia en dicho día, derramó el agua bautismal Dn. Juan de Iracheta, e hizo de padrino en esta ceremonia el Corregidor de la villa, don Cristóbal de Mesías.
Fue Pedro Vicente en tercero de tres hermanos varones, llamados: José Antonio y Ramón. Hubo además en la familia tres hermanas: Rosa Elena, Nicolasa, Teresa Casilda y Clara Isabel.
A los claustros del Colegio Real y Seminario de San Luis de Quito, acudió desde Riobamba el joven Pedro Vicente Maldonado.
Graduado de Bachiller y Maestro, el futuro sabio tuvo la privilegiada suerte de dar con un Mentor y Mecenas en hermano mayor, el Pbro. Dr. José Antonio Maldonado. Graduado en Teología habíase consagrado el Pbro. Dr. José Antonio al estudio de las Matemáticas, Astronomía, Geografía y demás Ciencias físicas y naturales y había pedido a Londres aquellos aparatos e instrumentos científicos más indispensables.
Para el año de 1735, Don Pedro Vicente Maldonado había trazado y abierto, atreves de las selvas occidentales, dilatado y Difícil camino de veinticuatro leguas por tierra y veintidós por agua, que uniera la ciudad de Quito con el Mar de Balboa en el puerto de Atacames.
En estos levantados proyectos y desinteresadas proposiciones hallábase el sabio Maldonado, cuando el 9 de Marzo de 1736 desembarcaron en Manta los geodésicos franceses y españoles.
La misión Geodésica, antes de iniciar sus labores científicas, le incorporo a Maldonado en su seno, a solicitud de la Condamine; y luego capacitado como estaba ya para tan vasta labor científica, Maldonado colaboro con los Geodésicos en la ardua empresa de las triangulaciones geodésicas, que dieron como resultado final la medida de tres grados y medio de Meridiano, en el dilatado segmento comprendido entre las bases de Yaruqui y Tarqui.
Concluida la magna obra científica de los Académicos el año de 1743, Mrs. Carlos María de la Condamine invito a su amigo y colaborador Don Pedro Vicente Maldonado Sotomayor, a trasladarse a Europa atravesando las dilatadas, ricas y hermosas selvas orientales, para surcar luego el Amazonas. Maldonado siempre optimista, entusiasta y valeroso, lo acepto: tomo la ruta de Canelos, surco luego el Bobonaza y el Pastaza, y desemboco en el Marañón hasta el pueblo de la Laguna, en donde, el cabo de mes y medio, se encontró según lo acordado con la Condamine, que tomara la ruta de Cuenca y Jaén de Bracamoros.
De Lisboa se dirigió Maldonado inmediatamente a Madrid, para gestionar en el Consejo de Indias la aprobación de sus trabajos y proyectos. El mas cumplidos éxito obtuvo así en la corte como en el consejo. Se le concedió la gobernación de Esmeraldas por dos generaciones, con una renta anual de 4600 pesos, además Fernando VI le condecoro con el titulo de Caballero de la Llave de Oro y Gentil hombre de S.M.C.
De Madrid se traslado a Paris, donde hallo a su leal y noble amigo la Condamine; quien, como lo apuntamos ya, presento a Maldonado en la Academia de Ciencias: alto honor que también le mereció su no menos ilustre hermano, Pbro. Dr. Dn. José Antonio Maldonado Sotomayor.
En el año de 1748 paso a Londres, fue inscrito como Miembro de Numero de la Sociedad Real.
Enfermo de gravedad y falleció a pesar de los constantes y desinteresados esfuerzos del célebre medico Doctor Mead, y de los cuidados de Folkes, Director de la Sociedad Real de Londres, de Waston, Colebroocke, Montandon y de otros muchos generosos amigos. 
Dispuso entre otras cosas, que un cofre de papeles y documentos se lo entregaran a su albacea La Condamine, a quien encomendó la conclusión del grabado de su obra maestra, la Carta Geográfica del reino de Quito.
De fisonomía agradable, carácter suave, manera culta y talento perspicaz, poderoso para la asimilación, Maldonado expiro, en los dulcísimos brazos de la Religión de sus padre, el 17 de noviembre de 1748.

Nació en villa de Riobamba el 24 de Noviembre de 1704. Riobamba era entonces centro de Ilustre familia españolas poseedoras de vastas haciendas con numerosas ganaderías, ricos cultivos agrícolas y prósperos obrajes para la fabricación de paños y bayetas. La villa según escribe Don Pedro Vicente cuando en Madrid gestionaba el título de ciudad para su tierra natal, era “después de la ciudad de Quito su capital, la población más importante; no hay lugar alguno, dice, en toda la provincia de este nombre, más populoso, de mas sustancia, ni que rinda mayores intereses a favor del Real Erario que la referida Villa de Riobamba”. El medio familiar en que vio la luz don Pedro Vicente, era de lo mas distinguido e ilustrado; profundamente religioso, era dechado de virtudes cristianas, querido y respetado por todos los vecinos de la villa y los dependientes y trabajadores de los extensos fundos de su pertenencia.
Tuvo siete hermanos, el mayor, don José Antonio, fue el educador de sus hermanos y más tarde benemérito sacerdote, consagrado a la difusión del Evangelio en diversos pueblos, sirvió de eficaz manera en los albores de la misión Geodésica francesa.
Bajo la dirección de José Antonio hizo Pedro Vicente sus primero estudios. El inspiro a su hermano menor la afición a las Matemáticas y las ciencias Naturales que había aprendido en la Universidad Gregoriana. El sabio académico Carlos María de la Condamine, habla del primero de los Maldonado con el más grande respeto, admira su virtud y pondera su ciencia.   
Las hermanas fueron unas religiosas ejemplares, otras madres de familia distinguidas por su piedad y su cultura. Con sus matrimonios emparento la familia Maldonado con la ilustre casa del primer historiador ecuatoriano, padre Juan de Velasco, con la de Villavicencio del Conde del Real Agrado, y con la de los Dávalos y Larraspuru, tal vez las que más cultivaban las bellas artes en el territorio de la Real Audiencia de Quito
 La familia se traslado a la Capital y Pedro Vicente ingresa en el Real Colegio y Seminario Mayor de San Luis. En Octubre de 1718 se matricula en el curso de artes que dictaba el P. Esteban Ferriol y sigue los cursos de Filosofía durante los años de 1719 y 20. Hasta graduarse de Bachiller, el 7 de abril de ese mismo año. Después dedicase a la lectura de Cuanto libro de ciencias y de matemáticas puede hallar en la rica biblioteca de los Jesuitas, en la bien provista de su hermano y cuando los científicos de la Academia de París, en las muchas y muy importantes obras que consigo trajeron. Su formación científica fue, pues, de un autodidacta, ya que no siguió la enseñanza superior de la universidad.
Primeros Viajes
Era muy joven cuando, llevado por su espíritu investigador y amante de su patria, emprende viajes por las diversas regiones de la Real Audiencia comenzando por recorrer los latifundios que pertenecían a sus familias. En 1725 se interna por las selvas orientales en la región de Canelos, con el propósito de estudiar una ruta para llegar al Amazonas. Con fondos propios y con numerosos indios de sus haciendas llevó a cabo ese largo viaje de reconocimiento y observación de nuestro Oriente. Con espíritu apostólico se enfervorizó en procurar facilidades para los misioneros que anunciaban el Evangelio de Cristo entre las tribus barbarás de la región transandina. Recorrió por primera vez el Bonbonaza y parte del Pastaza, recogiendo muestras de vegetales propios de aquellas zonas, reuniendo datos cerca de la temperatura, lluvias y vientos. Solo tenía 21 años cuando trazó el mapa del proyectado camino, en la sección de baños a Canelos. Su amor a los estudios geográficos fue el principal acicate para la aventura que le llevo hasta la desembocadura del Pastaza en el Marañón, a través de las innúmeras dificultades y peligros.
De vuelta a sus haciendas de Baños y de Colta dedicase al estudio y a los trabajos agrícolas e industriales para hacer frente a la espantosa crisis por la que atravesaba la provincia, por la decadencia del comercio, los terremotos y trastornos atmosféricos de persistentes sequias. A fin de salvar la economía de su casa venida a menos busca, con asombrosa actividad, nuevas fuentes de ingresos y obtiene las encomiendas de Angamarca, pertenecientes a la Condesa de Osuna y la recaudación de impuestos en pueblos de Chimborazo que habían sido encomienda del Conde de Castrillo. La Administración de Don Pedro Vicente Maldonado distinguiese por el orden y la buena organización, formo padrones y estadísticas clasificando perfectamente a todos los indios encomendados. Atrajo a los que Vivian remontados en paramos y bosques. Recaudo los tributos legales sin extorsionar a los infelices labriegos, consiguiendo un buen resultado económico. Dotado de carácter bondadoso, humanitario y caritativo, protegía a los indígenas, los amparaba en sus necesidades y procuraba su mejoramiento cultural. 
Esta vida ejemplar mereció la admiración de sus conciudadanos. En 1734 fue designado Alcalde Primer Voto en el Cabildo de Riobamba y luego Teniente de Corregidor de dicha Villa. En estos cargos puso de relieve sus honorabilidades acrisoladas, su patriótico entusiasmo por el progreso urbano y sus iniciativas para el mayor adelanto social.
Inicias entonces las investigaciones y exploraciones para las apertura de una camino que uniera directamente a Quito con las costa del Pacifico. Este proyecto fue obsesión de su mente. Nueve años empleo en excursiones y recorridos por las ásperas montañas del occidente de la capital. Habían llegado a Quito los Geodésicos franceses y los oficiales de Marina españoles. En su compañía varias veces se interno por la región de Nono y subió a la alturas del Pichincha. Otras veces, solo con algunas sirvientes, a pie y provisto de pocas provisiones para el sustento, aprendió en largo viajes por la intrincadas montañas del Oeste de Quito. Múltiples intentos de establecer comunicaciones entre la capital de la Audiencia y las tierras de los Yumbos para su evangelización, se habían realizado desde mediados del siglo XVI. Maldonado después de haber levantado croquis y realizando cálculos, al Virrey del Perú y por medio de su hermano el cura don José Antonio, presento varias propuestas para que se le permitiera hacer oficialmente la exploración de todo el territorio de Esmeralda. El Virrey remitió a la Audiencia la resolución del asunto y entonces Maldonado ofreció y se comprometió a descubrir y trabajar el camino desde Quito hasta el mar, con sus propios recursos, sin gravamen alguno para el Real Hacienda, ofreció fundar pueblos y establecer tambos en los lugares adecuados y colonizar las tierras abandonadas en la inmensa detrás del volcán Pichincha.
A cambio solo pedía que se le concediera las mercedes que habían sido ofrecidas a Justiniani y a Soto Calderón en la Gobernación de la Provincia de Esmeraldas por dos vidas, la suya y la de su hijo.
Vencida la oposición del Fiscal de la Audiencia que juzgaba que la apertura del camino facilitaría ataques de los piratas a la ciudad, y obtenida la licencia del Presidente don Dionisio de Alcedo y Herrera, Maldonado emprendió la gigantesca obra que su claro talento le había mostrado, como la más transcendental para el progreso de la patria y para su enriquecimiento y grandeza. Casi siete años gastó en los imponderables trabajos. Pensemos que ahora, después de dos siglos, apenas hemos logrado establecer la comunicación de Quito con Esmeraldas; en el tiempo de Maldonado no había maquinas que tanto facilitan el trabajo.
Maldonado había cumplido ampliamente su compromiso. El camino al mar estaba abierto y comenzaron a exportar artículos de Quito por esa vía, al choco y a Panamá. Fundo las poblaciones de Limones, Palma Real y La Tola. Estableció el puerto fluvial de Quito, llamado el Embarcadero e inicio una verdadera colonización en las márgenes de los ríos Gaullabamba, Blanco y Esmeraldas.
No contento con tan grandiosa obra, se interesó también en abrir en camino de Ibarra al rio Santiago para poner en rápida comunicación la villa de San Miguel y sus ricas tierras aledañas, con Atacames y Tumaco. Exploro toda la costa de Esmeraldas, aprovecho de los trabajos de la Misión Geodésica, reunió gran material cartográfico realizado por misioneros geógrafos y comenzó la elaboración de su obra cumbre; el mapa de la Provincia de Quito, la obra que mereció los más calurosos y admirativos juicios del sabio Caldas, de González Suarez, de Teodoro Wolf, y especialmente del académico Carlos María de la Condamine.  
En 1741 la real Audiencia de Quito reconoció públicamente el merito de la obra cumplida superabundantemente respecto del compromiso contraído. Entonces resolvió pasar a España para alcanzar la confirmación del nombramiento del Gobernador de Esmeraldas y dar a la publicidad su Carta Geográfica de Quito. Llevaba, además el propósito de conseguir el título de ciudad para la villa de Riobamba y gestionar varios privilegios solicitados por otras poblaciones de la patria. Llevaba consigo una gran cantidad de apuntes y observaciones hechas a lo largo de sus viajes: asuntos geográficos y etnográficos, problemas sociales y económicos de la Colonia.
Nuevos recursos y artículos de explotación antes desconocidos. Maldonado fue el que descubrió el caucho en las selvas de Esmeraldas, que fue dado a conocer años después por la Condamine a la Academia de Ciencias de Paris. 
En compañía de la Condamine recorrió la inmensa región amazónica realizando observaciones de Historia Natural y comprobando y anotando las cartas geográficas del padre Fritz y los originales del Padre Magnin, el célebre geógrafo misionero que le había proporcionado personalmente Permaneció en Madrid hasta 1746. El Real Consejo de Indias, después de largo y prolijo estudio, aprobó los memoriales presentados, aplaudió los trabajos realizados por el ilustre indiano y pidió al Rey que le otorgare el título de “Gentil hombre de la Real Cámara con llave dorada”. Partió luego a Paris para ocuparse de la edición del mapa de la Provincia de Quito y en la adquisición de maquinas e instrumentos científicos. La Academia de Ciencias de Paris le nombro miembro Corresponsal de la Corporación y rindió homenaje a su ciencia. Después de viajar, instruyéndose, por Francia, Suiza, y Holanda pasó a Londres donde fue propuesto para ingresar en calidad de Miembro Correspondiente de la célebre Royal Society. En vísperas de incorporarse, le sorprendió la muerte el 17 de noviembre de 1784. Su fallecimiento fue sentido profundamente en todos los medios científicos tanto en Paris como Londres.
Wolf:
Nació Don Pedro Vicente Maldonado en Riobamba hacia el año de 1710 e hizo sus primeros estudios en el colegio de Quito, sobresaliendo especialmente en las ciencias matemáticas, bajo la dirección de su hermano mayor Don José Maldonado, canónigo de la Catedral de Quito y “geómetra y astrónomo no vulgar” según Mr. De la Condanime.
Desde luego que se había encargado de la gobernación de Atacames, concibió grandes planes e ideas concernientes a su nuevo gobierno. Primeramente pasó establecer nuevas poblaciones a cada cinco leguas en el camino que abrió, para la comodidad de los traficantes y para la conservación de la obra en buen estado. Su idea principal fue construir la capital del gobierno en San Mateo de Esmeraldas sobre la desembocadura del rio de este nombre. En el mismo lugar quiso establecer un astillero y a este fin hizo construir en Londres y Trasladar a Guayaquil los instrumentos necesarios. Con el fin de evitar injusta vejaciones y prohibiciones de parte de la corte de Madrid, que en otras ocasiones habían frustrado las buenas intenciones de los empresarios, y para pedir la confirmación del gobierno conferido pro la Real Audiencia de Quito, se encontró en la necesidad de pasar personalmente a España, y verifico su viaje por el Marañón en compañía del señor de la Condamine. Felipe V le recibió con benevolencia, le dio por cedula real de 1746, el gobierno de Atacames y Esmeraldas por dos vidas, le adjudicó también el confinante gobierno de Cara, que se hallaba entonces en total abandono, y el adorno finalmente con el título de “Gentil hombre de Cámara de su Majestad”. Pero Maldonado no era el hombre que se dejaba impresionar por la vida ociosa de la corte de Madrid; tenía aspiraciones más nobles y no perdía de vista su objeto principal, al que pareció haber dedicado su vida y todas sus fuerzas intelectuales.
Mr. De la Condamine dice, que la pasión de Don Pedro Maldonado por instruirse abrazaba todo género de ciencias y que su facilidad es concebir suplía la imposibilidad en que había estado de cultivarlas todas desde su primera infancia. Siguiendo pues su natural inclinación. Voló de Madrid a Paris, estudio con afán todo cuando pudiera serle útil mas tarde en su querida patria, asistió con frecuencia  a la sesiones de la Academia de Ciencias, recorrió los Países Bajos en 1717, relacionándose en todas partes con los sabios más afamados, y se traslado a Londres en Agosto de 1748. Allá fue nombrado individuo de la Sociedad Real, pero poco tiempo después le acometieron una fiebre ardiente y una afección del pecho tan violento, que sucumbió a ellas el 17 de noviembre del mismo año, en la flor de su vida. Lamentaron su pérdida los miembros de ese ilustre Cuerpo, los miembros de la Academia de Ciencias en Paris, y todos cuantos le habían conocido. Las memorias escritas por Maldonado y sus apuntamientos sobre la historia natural, fueron recogidas y llevadas a Madrid por el embajador de España en Francia, pero parece que allá quedaron sepultados en el polvo de los archivos: por lo menos no hay noticia de que se hubiesen publicado. Con mucha razón dice Caldas, hablando de Maldonado: Jamás lloraremos dignamente la pérdida de este hombre grande, que proyectaba nuestra felicidad. Si conocemos una parte de este hombre grande, que proyectaba nuestra felicidad. Si conocemos una parte de sus acciones, lo debemos a una pluma extranjera (la de la Condamine).

(1704-1748)
Nació en Riobamba, el 24 de noviembre de 1704. Falleció en Londres el 17 de noviembre de 1748.
La llegada de los Académicos Franceses (La Condamine, Godin y Bouger) junto a la de los científicos y marinos españoles (Jorge Juan y Antonio de Ulloa) constituyo acontecimiento felicísimo y de suma significación para el siglo XVIII, ellos traían recado de lo que en ese entonces se estaba gestando o era ya realidad en Europa, en el plano de la Filosofía, de la Literatura, de la ciencia, de nuevas concepciones políticas. El mundo adquiría nueva faz: concepciones liberales revolucionaban los estratos de la sociedad aquella que pronto se sorprendería con el “Contrato Social” y la Enciclopedia.
Del paso por la Audiencia, que duró siete años, de la misión científica prenombrada, vendrían: “Relaciones de Viajes”, “Relación Histórica” y las “Noticias secretas”.
Pedro Vicente Maldonado cuyo prestigio alcanzó el titulo de sabio es uno de los más representativos valores culturales del siglo prenombrado; el tiene su participación marcadísima y sumamente honrosa en la labor desarrollada por los indicados académicos, especialmente La Condamine; el objeto primordial de la Misión era medir y dar los valores exactos de los arcos del meridiano ecuatorial, para conocer realmente la forma y dimensiones de la tierra. Pedro Vicente fue el tercer vástago del Capitán Don Pedro Atanasio Maldonado de la Orden de Alcántara y de doña Isidora Palomino Flores y Villavicencio, mujer de legitimo abolengo, entre sus hermanos se distinguen. El Dr. José Antonio, Canónigo Metropolitano y el General Ramón Joaquín, Corregidor de Quito y Marques de Lisser su formación se la puede ubicar como de esfuerzo propio: constancia en el estudio y la investigación, sus directrices permanentes. Gran versación tuvo, especialmente, en Historia Natural, Geografía, Matemáticas y Astronomía.     
Su sueño incesante, que quiso plasmarlo en edificante realidad, logrado hacerlo en forma benemérita y en proporción si no total por lo menos trascendente, fue abrir un camino de Quito a Esmeraldas. Ya en España, obsesionado por esto, escribe su “Relación” donde pondera la riqueza de una de las provincias más fértiles del país.
Por el oriente, canelos, el Amazonas y de ahí el Atlántico fue a Europa. Allí se reconoció su valer que en la tierra natal acaso no se pudiera o no se quería admitir; se le nombra miembro de importantes instituciones científicas como la Academia de Ciencias de Paris. Por esos lugares aprende y enseña, va de país en país impelido por ansia indomeñable de sabiduría. Una fiebre corta violentamente su camino de ascensión, en Inglaterra, cuando poco falto para que se incorpore como miembro de la Real Sociedad Inglesa.
Quedaron varios de sus manuscritos; unos se salvaron, otros fueron víctimas de esos aluviones de sombra que en veces ocultan los rayos del sol. 
Su famosísimo Mapa de la Provincia de Quito atestigua su bien merecida resonancia; obra sacrificada, innovadora y necesarísima, que no tuvo la satisfacción de verla publicada. La Condamine lo termino de hacer grabar, en cuatro hojas, editándola con su nombre. A Maldonado y la Condamine uníales amistad muy estrecha; ambos sabios se comunicaban sus experiencias, entre si ampliaban su acervo ilustrativo; ambos emprendieron la aventura de salir, aunque por diversa vía, a través del Oriente al Atlántico.
Varios comentarios sobre este extraordinario hombre que Jorge Juan y Antonio de Ulloa definieron como “Uno de los sujetos más capaces y especulativos que la Presidencia de Quito ha dado a la República de las letras: cuyo ingenio se ha hecho conocer bastante entre los profesores de las Ciencias”:
“Maldonado era sagaz, generoso y de ánimo esforzado: la energía de su carácter era conocida y de su valor y denuedo había dado más de una ocasión pruebas sorprendentes: sereno en los peligros, se complacía en manifestar después de las dificultades que había vencido… todo lo observaba por sí mismo y nada pasaba para el desadvertido”. Sus dotes para gobernar con acierto eran raros: se hacía respetar, inspirando autoridad, para que todo se pusiera en orden…”  (González Suarez).
“Maldonado, este ilustre quiteño, después de abrirse un paso por los Andes al Océano, después de haber puesto los fundamentos al Gobierno de Esmeraldas, de haber recorrido los Canelos, Bobonaza, Pastaza y Marañón, levantó la Carta de Quito, el más bello monumento de su ilustración y patriotismo. La muerte le detuvo en la mitad de su carrera. ¡Ah! Jamás lloraremos dignamente la perdida de este hombre grande que proyectaba nuestra felicidad…” (Caldas).
“A excepción de los mapas de Egipto y de algunas partes de las Grandes Indias, la obra más cabal que se conoce respecto de las posesiones ultramarinas de los europeos, es sin duda el Mapa del Reino de Quito, levantado por Maldonado” (Humboldt).
“El monumento más duradero que Maldonado mismo se ha erigido, es como ya he dicho su Mapa Grande del Reino de Quito, Mapa que ha servido de fundamento a los posteriores de Velasco, de la Condamine, y de cuantos se han ocupado de la Geografía del Ecuador ”  (Teodoro Wolf).
“Aquí se presenta un alma de esas raras y sublimes que tiene en la una mano el compás y en la otra el pincel; quiero decir: un cambio profundamente inteligente en la Geometría y Geografía, y diestro escritor de Historia. Un sabio ignorado en la Península, no bien conocido en Quito, olvidado en las Américas y aplaudido con elogios sublimes en aquellas dos cortes rivales en donde, por opuestos extremos, la una tiene en parte, la seriedad de juicio, y la otra, por patrimonio, el resplandor del ingenio, Londres y París celebran la competencia al insigne don Pedro Maldonado, y su merito singular le concilia el aplauso y admiración de las naciones extranjeras” (ESPEJO).