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Martínez Eduardo


Nació el 2 de julio de 1902, en Tulcán, Provincia del Carchi.
Escritor que ha incursionado en el campo del ensayo histórico preferentemente, Periodista de ágil pluma y de claro talento. Utiliza el seudónimo de “Nalo”, profesor graduado en el Colegio Normal Juan Montalvo, ha ejercido varias funciones en su provincia natal y en la ciudad de Quito donde reside, Vicerrector del Colegio Nacional Bolívar, de Tulcán, Actualmente es profesor de Historia en la Facultad de Filosofía de la Universidad Central. 
Las obras publicadas por ese autor son las siguientes: “Julio Andrade, el Bayardo”, “Cacique García Tulcanaa”, “Carchi: problema y posibilidad”, este ultimo editado en 1970, y que contiene la exegesis de los valores de la tierra. Su propósito es “presentar –dentro de las naturales limitaciones de la obra- la historia del Carchi a través de las biografías de cinco personajes, precedidos por estudios panorámicos acerca de la naturaleza física y humana de la provincia, que constituye su marco vital”. Abarca una época importante de nuestra historia, aquella de muchas y libertades. Desfilan por este libro del profesor Martínez los “Capitanes de la Libertad”; Vicente Carrera, Ezequiel Landázuri, Rafael Arellano, Luciano Coral y Julio Andrade. Aporte valioso el de esta obra para el conocimiento de los personajes que prestigian a tan importante sector de la patria y que construyen indiscutible legado para las presentes generaciones.
Es de interés transcribir la apreciación de Luciano Andrade Marín en “Carchi: problema y posibilidad con respecto a pasajes de la vida de Martínez: “Sucedió en el año de 1932 que, en el primer estallido del movimiento revolucionario antibonifacista, hallándose Eduardo N. Martínez ejerciendo el magisterio en Tulcán, era al mismo tiempo colaborador y corresponsal del diario “El Día” de Quito, y había estado Martínez formando parte de un grupo de jóvenes conspiradores izquierdistas que asalto y tomo por la fuerza el cuartel del Batallón Manabí, acantonado en dicha ciudad. El golpe fue malogrado porque no hubo quien le secunde, como se esperaba, y en el montón de muertos que quedaron en la trifulca, se creyó ver el cadáver de “Nalo”, cosa que fue comunicada al Gobierno de Quito por la autoridad local. En “El Día” de Quito, se comenzaron a recibir acuerdos, necrologías y pésames por la muerte de su corresponsal. Don Ricardo Jaramillo, Director de este periódico, y tan amante y admirador del Carchi y de los carchense, rápidamente envió a Tulcán una comisión suya para averiguar acerca de la muerte de su corresponsal y se encontró que afortunadamente “Nalo” no contaba entre los muertos y heridos, como se había creído al primer momento de la confusión, sino que estaba solamente preso. Se comunico telegráficamente a Quito esta grata nueva y fueron quemadas todas las necrologías de “Nalo”. 
“¡Vamos a tomarnos el cuartel!” fue el grito de un hombre de aproximadamente 30 años, que arengaba un centenar de personas en la plaza principal de Tulcán. La gente le siguió en masa, aunque apenas contaban con otras armas que sus puños. Se dirigieron al Cuartel, que distaba pocas cuadras de la plaza. El ataque fue a fondo y solo pudo ser detenido gracias a que alguien había prevenido al comandante de la guarnición sobre el motín de la plaza. Hubo heridos y muertos de parte y parte. Entre los caídos en la refriega corrió la voz de que Naño, el hombre que había lanzado la ultima arenga y encabezado el asalto al cuartel, había caído mortalmente herido con un golpe de bayoneta en el pecho. Eran los turbulentos meses de 1932, en que se descalificaba a Neptalí Bonicas y las sangrientas revueltas en Quito y en provincias habían de culminar en la guerra de “Los cuatros días”. La noticia de la trágica muerte de Nalo circuló de boca en boca por toda la ciudad de Tulcán y voló luego a Quito y más tarde a Guayaquil. Aquel caudillo intrépido era un fogoso periodista, cuyos incendiarios artículos contra el gobierno en el periódico “El Día” de Quito varios matutinos de Guayaquil le habían conquistado inmensa popularidad.
La rectificación de la noticia de que Nalo había salido ileso de la refriega del cuartel llevó tiempo. Solo los nuevos artículos de este insobornable fundador del socialismo ecuatoriano le trajeron en la opinión de sus conciudadanos al mundo de la vida. Su primera obra de envergadura, publicada en 1945 y titulada “Julio Andrade, el Bayardo”, hizo popular en todo el país no ya el  seudónimo de Nalo sino su nombre completo de Eduardo N. Martínez. Probablemente esta biografía idealizada de un ilustre coterráneo suyo, el general Julio Andrade, es una especie de materialización de los ideales del autor. Citado la descripción hecha por un hermano suyo, Martínez describe asi a su ídolo: “Era este de elevada estatura, bien formado, elegante y fuerte, pues su musculatura era vigorosa, adecuada para las faenas militares…. Frente hermosa, barba rubia, bigote retorcido a la guerra…”. Con respecto al calificativo de “Bayardo”, el autor lo explica así: “Al bayardo del siglo XVI se lo consideraba como el prototipo del caballero medioeval”. Esta magnífica obra de Martínez, en la cual se pinta la agitada vida militar de un noble hijo del Carchi, es un modelo de estilo y debería andar en las manos de nuestros jóvenes. La Casa de la Cultura en 1986 hizo en su Colección Básica de Escritores Ecuatorianos (volúmenes 79 y 80) una segunda edición de esta obra a precio popular.
En 1970 Eduardo Martínez publico otra obra notable. La tituló “Carchi, problema y Posibilidad”. Es una amplia monografía de la provincia del Carchi. Empieza con una colección de brillantes pinturas sobre la geografía física y la geografía humana. Luego estudia sus posibilidades socio-económicas. Esta investigación, a pesar de los años que han pasado desde su publicación, resulta todavía de gran actividad.
Otra obra notable suya apareció en 1977 bajo el título de “Etnohistoria de los Pastos”. Se trata de un estudio detallado sobre la Arqueología y Protohistoria de los primeros habitantes de su suelo natal, el Carchi y zonas circundantes. Con esta obra Martínez demuestra su magnífica erudición sobre la historia y ciencias afines.
Un tercer libro, que no podemos dejar de mencionar en este breve resumen es el que titula “Cacique García Tulcanaza”. Entre otras cosas notables de este libro en sus páginas se halla la explicación histórica de porque en la provincia del Carchi no existen hoy día indígenas.   
Quien escribe este artículo  conoció al profesor Martínez en la Casa de la Cultura en 1975. Sus conocimientos históricos y la modestia de su rato inspiraron en mí una profunda amistad. En 1985 tuve el  honor de introducirle como miembro de la Academia Nacional de Historia. Su discurso entonces versó sobre los “Héroes indígenas de América”. El 3 de marzo de 1992, un mes antes de su muerte, tuvo la inmensa bondad de venir a mi casa a obsequiarme un ejemplar de su discurso, que acababa de publicar el Municipio de Quito. Esta última vez estaba tan acabado, que no pudo bajarse siquiera del automóvil que lo trajo. Sin embargo, su espíritu que había quedado en sus libros, exento de la corrupción propia de la materia.