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Martínez Espinoza Nella


Nació en Cañar, el 26 de noviembre de 1914.
Agitada por ideales de nobilísima esencia ha ido pregonando la inquietud para que los grandes postulados de humanidad no sean meramente teóricos, se vuelven realidad cobijadora de la clase explotada en nuestro medio, que, desafortunadamente, sigue abarcando a miles de miles de conciudadanos.
Su labor, patriótica por excelencia, y de las mejores, se la halla recubierta de la desinterés y de idealismo, no en vano Nella Martínez Espinoza es “abanderada de los extraordinarios movimientos cívicos, de las arduas lides de la liberación espiritual y económica de las masas mayoritarias del País, junto a otras mujeres de poderosos alientos como Luisa Gómez de la Torre, Virginia Larenas, Esther Núñez, va Nella Martínez desafiadora de prejuicios con altivez marcial adelante; su puesto es siempre el de mayor peligro en la barricada y el de vanguardia en los avances”.
Defensora de los derechos y aspiraciones de la mujer americana. Su trabajo en “Alianza Femenina del Ecuador”, y en “Alianza Femenina Colombiana”, entiendes mentalizadas y fundadas por esta excepcional espiritualista, es aleccionador. Conferenciante, sus desvelos se han encaminado a elevar el grado social, lógicamente moral y económico del campesinado.
Prosista que sabe del arte, ha cultivado también la crítica literaria con esmero y eficiencia. Sus crónicas periodísticas han visto luces en principales publicaciones de América. Trabajadora infatigable en pro de la reivindicación de los oprimidos, no ha arriado nunca su bandera, siempre ha estado flameando, en medio de huracanes y en placideces, esperando que la aurora deseada aparezca siempre. Integro valor de la política; como representante de la clase trabajadora asistió al Congreso Extraordinario de 1945, aquí pronuncio discurso que atestigua sus elevadas dotes oratorias y del cual, una parte, no resistimos transcribir: “No me siento extraña aquí, porque este puesto lo han conquistado las mujeres de mi Patria en todas las jornadas de la Historia Ecuatoriana: en la Colonia, en la Independencia, en la República, miles de mujeres anónimas, soñaron con una sociedad más humana y justa para si mismas y para sus hijos. Soñaron y lucharon cuando absurda discriminación sexual trataba de impedir que ellas participaran en la vida política, cultural y social del mundo, del que formaban parte y al cual se pertenecían. No tiene mi presencia el carácter agrio, intransigente y fiero de una lucha feminista del viejo tipo. Nada más lejos del corazón y la conciencia de las mujeres ecuatorianas de esta hora. Asumimos nuestra responsabilidad como seres conscientes integrantes de una sociedad de la que formamos parte y así llegamos hasta aquí, sencilla y llanamente a decir nuestra opinión y a colaborar en la edificación de la Patria, democrática de verdad, en la que aspiramos que vivan nuestros hijos”.

De Nella Martínez Espinoza, escritora entonces y dirigente comunista, oriunda de la provincia de Cañar, compañera que fuera de Joaquín Gallegos Lara.
En la época que se produce la ruptura política de nuestro país con Cuba funda el partido URME (Unión Revolucionaria de Mujeres Ecuatorianas). De entonces rememora que “después de Alianza Ecuatoriana, las mujeres en Quito fuimos las primeras en salir a la calle a combatir las dictaduras. Más tarde organizamos el frente Continental de Mujeres por la Paz y contra la intervención. En este sentido hay un movimiento continental para defender los derechos de los pueblos latinoamericanos de protestar contra la intromisión de elementos que pueden intervenir. Hemos luchado conjuntamente contra la intervención militar en Granada, Nicaragua, El Salvador y contra el bloque”.
Asistió al Primer Congreso Mundial por la Paz, después de la segunda guerra mundial, cuando había un movimiento universal contra la bomba atómica.
Producto de esta concientización nace su solidaridad con quienes integran la aérea marginal de nuestra cultura, que está expresada en estas palabras: “La cultura americana y la indígena fueron anuladas no solo por un concepto de colonización. Al indígena de América lo ven como un enemigo. Al indígena le niegan el derecho a su cuerpo, a s tierra, a su vida y su alma. El indio ha tenido que esperar 500 años para recuperar esa cosmovisión que le permite encontrarse con sus antiguas vivencias”.
Como consecuencia de su trabajo en los partidos políticos y con el pueblo. Nella asume una postura radical: “El socialismo es el único futuro de la humanidad”.
Sus años de convivencia Junto a Gallegos Lara
Nacida en Cañar, en 1912, conoce en nuestra ciudad a Joaquín Gallegos Lara, uno de los integrantes del conocido Grupo de Guayaquil, por el año de 1929 y surge entre ambos una profunda amistad, producto de la cual mantienen una relación epistolar.
De sus años de convivencia junto a él Nella recuerda “yo era muy joven, una colegiala, cuando conocí a Joaquín. Se estableció una correspondencia que duró unos meses. Nos casamos en Ambato y vivimos nos años juntos. Desgraciadamente yo era joven, él un poco impaciente y habían problemas. Es uno de los seres extraordinarios que he conocido por la fuerza de carácter, que le hacía superar el daño físico con el que nació. No estuve en Ecuador  cuando murió, lo supe por un amigo. Lo sentí muchísimo”.
Treinta y Cuatro años Después
Originalmente titulada los Huandos, la novela Los guandos, fue escrita en su primera parte por Joaquín Gallegos. Treinta y cuatro años después Nella Martínez continúa el texto, cuyos originales estuvieron perdidos durante mucho tiempo, hasta cuando se los encuentra depositados en el fondo de un baúl. Es entonces cuando lo retoma.
Sobre la validez de esta escritura, elaborada con una diferencia notable de años y por dos autores distintos, su continuadora afirmo con seguridad que creía en la. “La verdad es que cuando yo estuve con Joaquín le conté la historia de Los Guandos; él era guayaquileño, pero no sabía los pormenores de cómo os indígenas hacían lo que se llamaba guandos”. 
Conoció también de gallegos el texto La escoba de la bruja, historia del cacao en el momento que llegó a Ecuador  la peste y centrada sobre todo en la vida de los montubios. Su autor la envió a una editorial de Buenos Aires, donde se perdió inevitablemente y no pudo ser recuperada, hecho que Nella lamenta notablemente.
-Dentro de la narrativa como género literario, a ¿Qué corriente o escuela cree usted que pertenece?
“Creo que todos los términos están siendo superados, que no forzosamente tenemos que pertenecer a una corriente. Cada creador encuentra su propia forma de expresión”.
¿La literatura puede cambiar las estructuras de una sociedad?
“No. Ni el escribir ni el leer puede cambiarlas. Hay una cuestión fundamental, la lectura de textos. La explicación de cuestiones políticas da una conciencia a la masa, que es la que va a trabajar en un sentido u otro. La literatura comprometida es una expresión de lo que pasa en la sociedad, depende de la capacidad que tenga el escritor para conmover. Es un testimonio y como tal siempre será válido. No podemos pensar que un cuento o un poema sean una bala, un fusil o un cañón”.
Según sus propias palabras Nella no tienen una sistematización especial para la escritura, por tanto su trabajo intelectual es un poco anárquico. Mantiene Inéditos cuentos alrededor de temas como el sombrero de paja oquilla, la vida indígena y la tortura física y sicológica.
Durante un tiempo ejerció también el periodismo en diversos medios a través de seudónimos, justificados por los temas políticos abordados. En los años 60 fue una de las fundadoras de la revista Nuestra Palabra, en la cual se trataban temas relacionados con la problemática femenina.
Ahora, fiel a su causa política, continúa trabajando todo el tiempo que puede por el establecimiento de lo que ella denomina “una sociedad más justa”, ha abandonado parcialmente la escritura literaria.
Quizás después la retome.