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Menten Juan B.


Juan Bautista Menten nació en Crefeld, el 22 de junio de 1838; y en el mismo lugar comenzó sus estudios de humanidades. El 2 de noviembre de 1856 ingresó a la compañía y estudio luego en lso colegios de Gorheim, fiedrichsburg, Aix la Chapelle; y ciencias naturales, juntamente con los Padres Dressel y Wolf, en la Universidad de Bonn. Posteriormente, en los años de 1864 a 66 curso astronomía en la misma universidad, donde tuvo como profesor al célebre astrónomo Asgelander. Sus últimos estudios de teología los hizo en Roma, donde fue ayudante del insigne jesuita y astrónomo P. Secchi. Debía ir a dirigir el observatorio de los jesuitas en Bombay cuando en 1870 fue destinado a Quito con el cargo de decano y director de la facultad de ciencia y escuela Politécnica.


Enseño en ella Astronomía y geodesia, desde el 4 de octubre de ese año posteriormente enseña hidrotecnia y alemán; y en todas estas asignaturas demostró su alta  preparación científica.
El P. Menten fue el primer director del observatorio Astronómico, y  a su cargo corrió la vigilancia de la construcción de este edificio, una de las mas grandiosas y bellas iniciativas científicas de García Moreno.
En la erección del Observatorio pensó el Presidente desde su primer periódico de Gobierno.
En una de las cartas dirigidas por García Moreno a su Ministro en Francia, El Dr. Antonio flores y jijón, y que han sido publicadas por el Ilmo, señor doctor don Manuel María Polit Laso, dice: “Quiero establecer bajo la línea equinoccial un observatorio astronómico y meteorológico, establecimiento que hará grandes servicios a la ciencia, pues ninguno existe a cero de latitud. Pero para esto es necesario asociar al Gobierno francés, tanto para la estabilidad y conservación del observatorio como para su creación. Ofrezco por mi parte hacer el gasto necesario de terreno y edificio, costear la mitad de los sueldos de los empleados y de los gastos de conservación; y pido que el Gobierno francés coste la otra mitad, y además proporcione todos los instrumentos necesarios. Los gastos de transporte hasta Guayaquil serán también de la Francia, y de Guayaquil acá de esta República. Sírvase visitar a mi nombre al Sr. Boussin gault (Conservatorio de Artes y Oficios) y al Sr. Pelouze (Chef de la Monnaie), ambos de la Academia de Ciencias, propóngales mi proyecto y píales lo recomienden vivamente a la Academia y al Mariscal vaillant; y no dude Ud. que será acogido por el Gobierno, pues este costea escuelas de artes en roma y Atenas, y no vacilara en hacer un gasto semejante. Además los sabios que vengan, pueden ocuparse también mientras se construya el edificio, en verificar las inexactas operaciones de los Académicos Lacondamine. Bouguer y Godin, operaciones que la Academia de sea rectificar; y no es de creerse que Napoleón III haga menos de lo que hizo Luis XV. Proceda Ud. en este asunto y con estas instrucciones como si estuviese autorizado oficialmente; pues ratificaré y agradeceré cuanto Ud. haga para llevarlos a cabo. Esto hará a Ud. mucho honor, al país mucho bien y nos facilitara cuanto necesitemos en bien de la republica”. (Carta de 22 de junio de 1861).


Más, las esperanzas de García Moreno quedaron fallidas. Cuatro años hechos su ilustrado Gobierno un insigne servicio a las ciencias y al Ecuador, si hubiera aceptado mi proyecto de establecer en común un observatorio astronómico en nuestra capital. Los principales astrónomos del instituto lo aprobaron y aplaudieron; pero Mr. Rouland, Ministro entonces de Instrucción Pública, lo rechazo no apreciando las ventajas de un observatorio que habría sido el primero del mundo por su altura de tres mil metros sobre el nivel del mar. La admirable pureza y diafanidad de su cielo y su situación bajo la línea equinoccial, con el clima sano y delicioso de una perpetua primavera. La erección de este observatorio, que tanto contribuirá a los progresos de la Astronomía y a la civilización del país, lejos de abandonarse, creo que debe ser propuesta a los diferentes gobiernos capaces de ayudarnos”.
Pero el Ecuador, gracias al Genio y a la invicta constancia de su Presidente, debía realizar esa idea por sí solo. En 1871 expresaba: “El Observatorio de Quito. Por su situación privilegia a la cerca de tres mil metros sobre el nivel del mar y a cero de latitud, será fecundo en descubrimientos y llegara tal vez a considerarse como el primero del mundo. A sus astrónomos se les encargara después la verificación de la medida, a mi juicio poco exacto, que, del arco del meridiano comprendido entre el Chota y Tarqui, hicieron en el siglo XVIII los Académicos Franceses y los marinos españoles; pero esta operación interesante que servirá para corregir los errores introducidos en todos los cálculos que toman por base la circunferencia de la tierra y la longitud del radio terrestre, será precedido por la nivelación desde la orilla del Océano hasta la plaza de la Capital, lo cual se facilitara mucho con los nuevos caminos que se abran a la Costa, ambas operaciones introducirán mayor exactitud en los datos científicos; y los gastos que el Ecuador  haga en llevarlas a cabo, serán más que retribuidos por la utilidad y la honra que darán a la Republica”.


Los estudios contemporáneos especialmente el de Perrier sobre la expedición de los geodésicos, han dado razón a García Moreno en algunas de las admirables adivinaciones científicas que acabamos de leer. 
Con grande entusiasmo y confianza en el porvenir (los sucesos científicos le han dado también plena razón en este punto) del observatorio, acometió el Presidente la difícil y costosísima empresa de dotar a Quito de ese Instituto y encargo al P. Menten la elección del lugar. He aquí su relación: “El proyecto de un Observatorio astronómico para la Capital del país, data de fines del año de 1872 en que se me encargó escoger el punto más a propósito para dicha obra e iniciar su ejecución. Hice diferentes excursiones en los alrededores de Quito para tomar una resolución definitiva sobre la posición que debía tener una obra tan importante y tan costosa. No pudiendo hacerse el Observatorio en la ciudad misma, ya por los edificios, que impiden toda construcción adecuada como la astronomía lo exige, ya por su posición muy baja y rodeada de montañas que no dejan ver el horizonte en ningún dirección; visite primero el Panecillo, una loma de doscientos metros de altura al sur de la ciudad, para ver si podía servir para el observatorio proyectado, pero tres inconvenientes me hicieron desistir de la empresa que podía parecer la más acertada. El primero más importante es la condición de nuestros montes en general, quiero decir, que la condensación de los vapores de agua a la formación de nieblas de noche es tan rápida y continua, que a cada momento cubre el objetivo del anteojo sin permitir que se hagan las observaciones con alguna comodidad. El segundo es la posición, cuya conveniencia es solo aparente, pues aunque deja el horizonte del Sur y Oriente, por estar en las faldas inmediatas del Pichincha que se eleva todavía 1740 metros sobre la altura de la loma. El tercer inconveniente, aunque pueda aparecer ninguno para otros países, para el nuestro es grande, y es la falta de una comunicación regular con la ciudad, por la cual, las grandes dificultades de la construcción debían hacerse casi insuperables e impedir después la comodidad de las observaciones. Después de haber recorrido bastante los alrededores para formarse una idea justa sobre lo que más convendría en el caso, me resolví a construir el Observatorio en la Alameda, situada al Norte de la ciudad. Reúne este lugar todas las ventajas que puede desearse y tiene menos inconvenientes que las otras posiciones que hubieran podido escogerse. Es un sitio libre de todo edificio e impedimento, en una altura que domina a toda la ciudad con un horizonte bastante despejado; el único obstáculo es el Pichincha hacia la dirección Oeste, obstáculo del todo inevitable, cualquiera que hubiera sido la posición que se hubiera escogido. Además se encuentra algo disminuido el horizonte del Sur por el Ichimbia, loma inmediata a la Alameda; en recompensa ofrece la grandísima ventaja que deja despejada la dirección del Norte que pasa entre las faldas del Pichincha y el Pululagua, y toda la dirección del Oriente” 
“El plano que ha servido para la ejecución del Observatorio, fue compuesto, tomándose modelos de los diferentes observatorios de Europa y principalmente de Alemania, los que tuve ocasión de ver más de cerca.
La mayor parte tomé del observatorio de Bonna que, como se sabe, es uno de los mejores que existen”.
“Se ha tenido todo el cuidado posible para satisfacer a cuanto la astronomía moderna ha encontrado útil y necesario para la construcción de Observatorios…”
“LA construcción de las torres giratorias ha sido y es una de las dificultades principales para los observatorios; y pocos han estado enteramente contentos con la ejecución. Por esto consulte los pareceres del artista Sigsmund Merz en Munich y del Sr. Lamont director del Observatorio de la misma ciudad, a fin de no errar en un punto tan principal.
“Se resolvieron a favor de la torre de hierro, y tuve ocasión de ver y examinar allí mismo, el proyecto hecho por un ingeniero de maquinas de Nurnberg. En esa misma ciudad se ejecuto la torre principal de hierro de seis metros setenta y cinco centímetros de ancho y seis metros de alto Asimismo se ejecutaron dos pequeñas torres, con la única excepción que les falta la galería que permite salir a fuera de la torre y arreglar cualquier cosa que puede presentarse…”  
“En la mitad de la torre sobre la columna antes indicada está colocado el gran refractor, obra maestra, y digna por si de llamar la atención de los que aman la ciencia y el progreso de las artes. Esta construido por el célebre artista Sigsmund Merz en Munich, el mismo que hizo los instrumentos que hoy día sirven en los grandes Observatorios de Europa. Dicho refractor es uno de los más grandes que se han construido; la abertura del objetivo es de nueve pulgadas”. 


Y como este aparato eran los demás, porque nada omitió el Presidente García Moreno para que el edificio fuese magnifico ornamento de la Capital y de la ciencia ecuatoriana y para que se adquiriesen todos los instrumentos indispensables por costosos que pareciesen. De este modo, en 1875, el edificio estaba al concluirse, después de haberse gastado en él la suma de 44.442.
Menten, después de la disolución de la Politécnica, salió de la Compañía de Jesus y continuo por algunos años (hasta 1883) de Director del observatorio. En este cargo prestó importantes servicios a la ciencia y dirigió el Boletín del mismo Instituto. Formo también uno de los primeros planos de Quito, después de prolijos estudios sobre el terreno.


Mientras estuvo de profesor de la Politécnica publicó:
1 Estudios astronómicos; en “El Nacional” de 1871
2 Un texto de trigonometría plana y esférica, que fue declarado obligatorio por el Consejo Superior de Instrucción Pública, y las tablas de Logaritmos.
3 Discurso sobre la enseñanza 1872
4 Breve relación sobre la expedición de los Académicos franceses 1875
5 informe sobre el camino de Manabí (En el informe del Ministerio de Hacienda) 1875
Y posteriormente:
1 Historia y descripción del Observatorio Astronómico de Quito. 1877
2 Formación del Sistema Solar 1879-1881.
3 Informe sobre los caninos de la Republica y en particular sobre el de Quito a Manabí 1878
4 Estudios sobre el Mapa del Ecuador  1879-78. En el Boletín del Observatorio.
5 El paso de Venus 1882; y otros más en el mismo Boletín ya mencionado.
El P. Menten permaneció los últimos años de su vida en Colombia.
Murió el 15 de mayo de 1900 en Popayán.
El Presbítero Juan Bautista Menten, había sido Decano de la Politécnica fundada por García Moreno, y además constructor y Director del Observatorio Astronómico de Quito. Se hallaba en Guayaquil, en febrero de 1896. Para no ser ultrajado por los garroteros del Hermano Alfaro, abandono el Ecuador  y busco refugio en Colombia.