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Molinari Luis Flores


Molinari formo parte, junto a Cifuentes, Tábara, Villacis, Almeida, Ricaurte, Moreno y Muriel, del Grupo van (artistas de Vanguardia), que fundado en 1967 propugnaba “…un arte sin anécdotas, donde predomine el vuelo plástico…”
Por Juan Hadatty Saltos
“…El tipo de pintura que hago, técnicamente tiene que ser perfecta… En ella hay un orden visual bastante intenso…Hubiera podido hacer un arte eminentemente comercial, pero mi formación y mis concepciones sobre la sociedad no me lo han permitido…”, declaró a la prensa en su última exposición en nuestra ciudad (Galería Gala, 1993). “…Para mi, la muerte es una línea horizontal…”, había anticipado a Rodrigo Villacis hace algunos años. Nos referimos a uno de los artistas leales a sus principios estéticos que acaba de fallecer en Quito, Luis Molinari Flores (Guayaquil, 1929).


Salió muy joven hacia Argentina, en 1951. Trabajaba en una librería mientras seguía la carrera de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires. La pintura la aprendió por su cuenta. En 1955 cumple su primera exposición con el grupo rioplatense Arte Nuevo. Sus cuadros evocan entonces la vegetación tropical de su tierra, en alusión metafórica, desplazándose hacia posiciones informalistas. En 1960 llega al gran puerto de plata, nada menos que Víctor Vassarely, y ello marca a nuestro compatriota, así como a otros jóvenes argentinos (Eduardo MacEntyre, Julio Leparc, Rogelio Polesello).
Molinari viaja a París ese mismo año en goce de una beca de seis mese, que se vuelven seis años. Hugo Rodolfo Demarco y Julio LeParc, han formado el grupo Búsqueda de Arte Visual. Ellos, como otros latinoamericanos residentes en Ciudad Luz, trabajan arte óptico y cinético (Luis Tomasello, Alejandro Otero, Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez). Con ellos y otros numerosos creadores de distintas tendencias, incluidos nuestros compatriotas Enrique Tábara y Aníbal Villacis, Luis Molinari es cofundador y presidente de la Asociación de Artistas Latinoamericanos en París y presenta una gigantesca muestra acompañada de un original catálogo trilingüe.
Nuestro pintor, que a la sazón toma curso superior de artes graficas con el célebre profesor Bersier en la escuela Superior de Bellas Artes de la capital francesa, presenta cuadros de cromos atemperados: sienas, rojos, burdeos, así como de pálidos tonos azulados y verdes. En poco tiempo, pasa de las formas orgánicas (lianas, tallos, ramas, hojas, raíces, troncos) a imágenes que van enfiladas a un orden geométrico, aunque tienen sabor surrealista, fantástico. Esa transmutación va dejando atrás las obras “Génesis”, “Cuna de los mangles” y demás. Aparecen en los primeros “homenajes” a arquitectos pintores a quienes reconocía como sus maestros históricos: el suizo le Coubosier, el alemán Josef  Albers, el finlandés Alvar Aalto, el chileno Roberto Matta, etc.
Hacia 1966 hace un alto en Nueva York de viaje hacia su patria. Forma equipo con los chilenos Enrique Castro Cid y Gastón Orellana, el colombiano Omar Rayo, el brasileño Roberto Delamónica y el uruguayo Julio Alpuy. La galerista María Eugenia Rodríguez Cucalón presenta en Guayaquil una exhibición de ellos, en el local de la Alianza Francesa de P. Icaza trastes, en diciembre de 1966, que luego reponen en Quito en enero de 1967 en la Galería Siglo XX.
Molinari trabaja buen tiempo en su ciudad natal. Jorge Reyes le presta su taller, en la terraza de su casa del Malecón. Por las noches participaba de la tertulia del Café-Galería “78”. Elabora una nueva transfiguración. Son esculto- pinturas simulantes de cañas, tubos, codos, ángulos, aristas, cada una de valores llanos, rotundos (rojos, azules, beige, anaranjados). Pasa de las gouaches “Un vigia de occidente”, “Cabeza de verdugo”, “Segundo homenaje al cuadrado”, el oleo/tela “El oráculo responde” yeracrilico “take-off”, directamente hacia las figuras volumétricas, geometristas, conformantes de un neoplasticismo especial, de mayor efusión cromática que el del argentino Cesar Paternosto.
De “Take-off” (en su doble significación inglesa: imitación y partida o lanzamiento) Carlos Bejar Portilla opinó: “…Síntesis total… Fragmentación geométrica que busca desesperadamente la unidad…Insurgencia de los colores marginales y al mismo tiempo serenidad, y por sobre todo, belleza…”.
La obra de Molinari es bien meditada, de ejecución meticulosa, al punto de iniciar al maestro de las letras, Alfredo Pareja Diezcanseco, a escribir. “…Para el, la forma y el color es una gran unidad de oficio completamente dominado… (Las obras) adquieren por aquella virtud, una ejemplar categoría, sin caer, por cierto, en la frágil complejidad del momentáneo capricho…”; e inclina al crítico Damián Bayón a expresar:”…Molinari es un representante del estilo internacional…Se trata de un geométrico que trabaja con formas simples, seriadas, a las que dota de brillante color…” (“aventura Plástica de Hispanoamérica”, fondo de cultura económica, México, 1974).


Como dijimos, sus obras, a partir de su retorno, se vuelven mas referentes y fundamentadas con lo nacional y latinoamericano.
En la retoma de la veta vernácula se inscriben “Trópico”, “Andino”. “Ecuatorial”, etc. En 1967, forma el grupo Van (artistas de Vanguardia), por “…un arte sin anécdotas, donde predomine el vuelo plástico…” con aportaciones de los miembros: Hugo Cifuentes, Enrique Tábara, Aníbal Villacis, Gilberto Almeida, León Ricaurte, Oswaldo Moreno y Guillermo Muriel, el escritor colombiano Enrique Wilford del Ruiz, redacto el manifiesto correspondiente, que fue adoptado con pocas variaciones. El movimiento tuvo el apoyo del galerista portantes. Era un emprendimiento contra la pintura expresionista social preponderante, que entre nosotros se conocía como indigenista, a favor de las nuevas tendencias del arte universal. La protesta plástica conocida como Exposición Antibienal de Quito (1968) marca el momento más alto de este empeño. José Carreño y Juan Villafuerte fueron convidados a participar con sus obras en la muestra mencionada, que resulto tan interesante y sonada como la propia Bienal Latinoamericana efectuada en la capital por única vez. El Grupo Van, señala un hito en la historia del arte nacional contemporáneo.
De 1968 a 1975, Luis Molinari reside en Nueva York. En este último año obtiene el Gran Premio Municipio de Quito. En sus años de trabajo en la Gran Manzana, prosigue en su labor constructivista, con mayor austeridad y exactitud. La critica Jacqueline Barnitz, de la Universidad de Austin, Texas, manifiesta sobre la producción de nuestro pintor”… Es una pintura compleja. Lo más cercano seria decir que se trata de un arte conceptual…” Pierre Cabanne, lo confirma: “…Su obra, a la que confiere brillante colorido, pertenece al geometrismo…” (Diccionario Universal del Arte. París-Barcelona. Ed. Argos Vergara, 1981, Pág. 1040).
Desde 1980 nace la idea del vector (dirección, velocidad e intensa energía). Insufla mayor movimiento y vibración a sus creaciones. Privilegia los secundarios (verdes y morados, especialmente). Hace experimentaciones con los indescifrados quipus prehistóricos. Residió buen tiempo en Alemania, donde Dietrich Mahlow catalogo su trabajo: “…Molinari relaciona los colores cada vez más con ideas matemáticas, y es probablemente el primero que introduce el vector en las artes plásticas. La flecha del vector es como un puntal de acero, hecho de colores…”Para nosotros es un constructivista culto, cosmopolita, metódico, muy analítico en sus líneas, formas y composiciones, y señaladamente apasionado en el color.
Al presentar su última exposición en el Centro Benjamín Carrión de Quito (una carpeta de tres serigrafías impecables), Francisco Proaño Arandi ha dicho: “…La racionalidad de Molinari…responde a la nueva sensibilidad planteada por los suprematistas y constructivistas desde principio de siglo, pero era fiel a la vez, a una poética propia ubicada siempre en la vanguardia del arte óptico y cinético…”.
Días después, una larvada diabetes talo al artista porteño como a uno de los mangles figurantes en su obra temprana.
A este gestor, termómetro de las nuevas corrientes de orden plástico del Ecuador  y el mundo, lo dejamos entre los poetas Carlos Eduardo Jaramillo: “…La inteligencia, con glacial empeño/ trabaja sobre el ojo y lo somete/ al embrujo sutil de la apariencia/ de lo que sin moverse, fluye y cambia…” y Efraín Jara Idrovo: “…Entonces, Molinari/ desorganiza el prisma/ elabora una trampa de espejos y mamparos/ descubre los secretos los secretos del color, sus nombres propios…”.
Luis Molinari Flores expuso sus obras en Argentina, Brasil, Bolivia, Perú, Chile, Colombia, Uruguay, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Cuba, Puerto Rico, Estados unidos, Canadá, México, Guatemala, España, Portugal, Francia, Alemania, Suiza, Italia, Finlandia, Polonia, Inglaterra, Austria, Bélgica y Argelia.
Murió Luis Molinari Flores.


Este destacado pintor guayaquileño y Araceli Gilbert También fallecida –son los grandes representantes del geometrismo en Ecuador. Vivió en Argentina, Francia y otros países. Estaba radicado en la capital de la Republica, cuando lo sorprendió la muerte, el 25 de diciembre pasado.
Dice Mario Monteforte, en “Los signos del hombre, plástica y sociedad en Ecuador”, que la pintura de Luis Molinari tiene, por lo constructivista, algo de arquitectural. En cuanto a composición y forma está organizada en torno a los “vectores”, formas geométricas vistas siempre en perspectiva, factor matemático y físico que significa movimiento: acentuada por una flecha como símbolo, indica la dirección de la estructura y también de los colores.
Los colores intensos, sin preocupación mayor por sus compaginaciones armónicas proceden del trópico y se integran a la estructura inseparablemente. La estructura en las obras de Molinari ofrece gran cantidad de posibilidad, con sus planos dobles o triples, y el ensamble del más color que imaginariamente también pueden conjugarse en otras disposiciones geométricas, como las estructuras con goznes del mexicano Sebastián.
El arte de Molinari es citadino, de urbes. Muchas veces es pintura y escultura. Esta producción constructivista conjuga el buen oficio con la creatividad y la emoción y es fundamentalmente abstracta.
He aquí parte de su pensamiento:
“Lo fundamentalmente abstracta.
He aquí parte de su pensamiento:
“Lo fundamental en la pintura es el concepto”.
“en arte de hoy es producto de gran información científica y humanística. Esto supone revisiones constantes; solo asi puede vivir el arte en nuestro tiempo. En arte hay que investigar, como en la ciencia; sino esta nos dejara atrás, o acabara gobernando sola, y esto es peligroso porque no tiene “alma”.
“el límite del arte es lo comprensible, y la certeza de que no va a cambiar a la sociedad, sino exclusivamente a sublimar la parte animal que tenemos.