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Moncayo Hugo


(1941-1977)

Nacio en Quito, el 19 de julio de 1904. Poeta de exquisita versión. Su palabra hace gala del lenguaje y alcanza versos como para ser cantados en compañía de una guitarra; versos de aceptación para todo gusto estético.
Hallamos su línea de acción, en el plano cultural, en la poesía, el discurso y el ensayo. Rector del Colegio “Mejia”. Diplomatico. Paciente y talentoso, escribe sus poemas, como decían antaño, poniendo el corazón y en miras a la satisfacción de quien los lee. Inteletual meritísimo.
Como un florecimiento audaz de margaritas en el valle celeste, lentamente brotadas, las torres de tus templos, de perfume y de cuitas, levantan un poema de estrofas perfumadas.
Tienes el cielo alegre, tornadizo y cambiante el ingenio es la noble divisa de tu casa….y como un aspid griego prepetua el instante la caustica expresión de tu lengua que abrasa.
La escala en San Francisco Permanece Incompleta canta el gallo de oro sobre la catedral… Y se pierde al crepúsculo una obscura silueta que inicia una escapada al pecado mortal.
Ciudad de los temblores, cuna de libertades, romantico balcón suspendido en la sierra, arca de gentileza, espejo de ciudades, ¡envidia de los cielos y orgullo de la tierra!
(De “San Francisco de Quito”).

Hugo Alemán en “Presencia del Pasado” trae, entre otras, las siguientes citas: “Pero si Moncayo escribió versos de palpitante emoción, si tejió estrofas inspiradas –asi no lograran realización artística cabal- alcanzo singulares relieves en su consagración a severas disciplinas intelectuales. Supo “Extraer el oro de la historia  de los crisoles de la prosa”. Con vasto conocimiento de las literaturas nuevas, con transparente acierto, ejercito sus cualidades de  crítico. Anduvo, en consagrada búsqueda, por los extensos campos de la Sociologia. Soplos de erudición pasan por esa intensa labor de estudioso.
En la Universidad, Moncayo no tuvo por único norte alcanzar el titulo de abogado. La atormentada preocupación de ganar, bien o mal, los años. No podía quedarse en el plano vulgar de un estudiante anónimo. Fue un sembrador de inquietudes. Animo con voces de fecundo dinamismo la vida universitaria. Estableció centros de estudios jurídicos y sociales. Fundo revistas de amplia cultura científica y literaria. Contribuyo con el brío de sus años mozos y el generosos aporte de su inteligencia, a mantener en alto el secular prestigio de la mas antigua universidad ecuatoriana”. Entre sus obras: “Federico García Lorca”, estudio critico, 1937; su magistralmente logrado elogio de Quito donde sale a flote entrañable y aleccionador amor hacia la tierruca; publico artículos en revistas como “Amercia” y “Espirales”, asi como en el Boletín del Instituto “Mejia”, artículos de resonancia: “Simón Bolívar el Mozo”, “El epistolario de Manuela Saenz”.
Entre otras instituciones respetabilísimas perteneció a la Academia de la Lengua. En la Municipalidad de Quito cumplió competente y muy reconocida labor cultural. El Grupo “America”, que le homenajeo, le debe bastante. Su obra, en la mayoría dispersa, reclama la urgente compilación.
La prosa de Hugo Moncayo (1904-1977) conjuga facilidad y riqueza conversacional con capricho de gran conocedor de la lengua.