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Moncayo y Esparza Pedro

 

El Quiteño Libre
Pedro Moncayo se distinguió durante su vida como un incansable periodista, al servicio de la Republica y de las libertades ciudadanas. Una y otra vez sus hojas periodísticas y sus artículos fustigaron a los opresores y tiranos, siendo combatido y perseguido, pero sin que se le haya podido doblegar.
Obedeciendo al clamor de la situación y ante la prepotencia del floreanismo, se estableció en Quito una sociedad opositora, cuyo medio de difusión fue el periódico “El quiteño libre”, en el cual desempeñaría Moncayo un importante papel como su redactor. Firme en la critica y resuelto en la replica, “el periódico fue un ejemplo tonificante”, convirtiéndose en la primera piedra del periodismo republicano, conjuntamente con las “Primicias de la cultura de Quito”, del precursor Espejo. Con “El quiteño libre” se inauguraba el periodismo combativo en la Republica, que lo ha distinguido por su valor y convicción, hasta ahora, en épocas de represión y convulsion, frente a las prepotencias y arbitrariedades de los tiranos de turno.
Flores acalló “El quiteño libre” con la muerte y el destierro, pero Moncayo, que logro escapar, reinicio la lucha desde el Perú, fundado un nuevo periódico: “La linterna mágica”. En su primer editorial retorno la posta de Quito, señalando que “mi linterna existirá en tanto que haya crímenes que pintar y vicios que reprimir, y para ello tiene que visitar las Cortes de Justicia y todas las Oficinas y cuando haya expurgado hasta el ultimo rincón de la Capital, dara un salto a las provincias y desenterrara de los Archivos sepultados entre el polvo y las tinieblas los abusos y atrocidades que, a imitación del Sultan, cometen diariamente los sátrapas provinciales”.
En ningun momento de su hazarosa vida, Moncayo, hombre de oposición y controversia, se dio al silencio y al descanso: una y otra vez enristro su pluma, en “El rebenque”, asi como a través de multiples folletos y artículos enviados desde el exilio.
Entre la crónica y el ensayo
El 15 de enero de 1881, cuando tenia prácticamente terminada la recopilación y análisis de la documentación para escribir la historia de la Republica, un pavoroso incendio, en su habitación de Valparaiso, destruyo su archivo. A pesar de este contraste, un año después, Pedro Moncayo, con casi ochenta años, reinicio su tarea. “No es ya la Historia, -diría el mismo Moncayo- pero estos apuntes pueden servir de guía a los escritores que vengan mas tarde a desempeñar tan grave e interesante trabajo”.
Sobreponiendose a la desgracia, Moncayo concluyo su obra en 1885, publicando un volumen de casi tescientas cincuenta paginas: “El Ecuador, de 1825 a 1875, sus hombres, sus instituciones y sus leyes”. Libro que se constituiría en la respuesta liberal a la historia conservadora de Pedro Fermín Cevalos: “Resumen de la Historia del Ecuador”.
La obra, que se coloca “entre la crónica y el ensayo”, enfrento el periodo republicano, desde el floreanismo hasta el garcianismo, destacando los hechos heroicos y sus protagonistas, es torno al Estado, a los gobiernos y sus principales opositores. Criterio que prevaleció por mucho tiempo en la historiografía ecuatoriana. Con Moncayo se entró de lleno en la utilización de la historia “como arma política”, al decir de Carlos Landazuri Camacho.
Y, como era de esperarse, su libro fue duramente combatido por los curuchupas, por ser la obra de “un periodista que, cegado por la posición no ve con imparcialidad, y no puede por lo mismo colocarse a la altura del historiador”, como manifestaría Pedro José Cavallos Salvador, conservador, en su replica a la obra de Moncayo, publicada en 1885, en Santiago.
Esta historia de los primeros años de la Republica, preparada por un actor y testigo presencial de muchos de esos acontecimientos, según Enrique Ayala, fue “escrita para terminada la labor constituyente, Moncayo fue designado jefe de la Legacion ecuatoriana en Lima, en donde procuro solucionar el problema limítrofe, llegando incluso a publicar un folleto sobre el tema. Siguio su actividad diplomática en Londres y París, misiones en las que le toco atender las negociaciones de la deuda inglesa, que en esa época, ya era un freno para el desarrollo nacional. A su regreso al Ecuador  fue otro vez elegido senador, en la misma Cámara en actuaba García Moreno.
En 1859, con el derrocamiento del presidente Robles la Republica quedo sumida en una situación difícil, al borde del neufragio. Luego del grave peligro, se salvo la integridad territorial, pero se inicio la autocracia garciana: Moncayo salió nuevamente desterrado hacia chile. De donde no regresaría mas al Ecuador. Allí,” con el recuerdo de la patria en el corazón, los principios liberales en su conciencia y la pluma en la mano, se consagra a sus tareas de hsitoriador, abogado y periodista”.
Desde el destierro continuo luchando y escribiendo contra García Moreno y luego contra la satrapía de Veintimilla, mientras preparaba el material para su historia de la naciente Republica. Que, a pesar de una serie de dificultades, concluiría en 1885.
Cumplidos los 84 años, el 3 de febrero de 1888, falleció en Chile.

Diputado por la Provincia del Pichincha a la Convencion Nacional de 1850 envio una exposición, excusándose de asistir en dicho documento analiza las causas por las qie prefiere no viajar a Quito ya que estima que no es posible acatar los hechos consumados (referiendose a la Jefatura suprema de Diego Noboa) que no es legitima la dictadura que se ha instaurado en el país y vaticina que las desmedidas ambiciones del militarismo nacional daras al traste con ella, en muy pocos meses, como efectivamente ocurrió en 1852, cuando el General Urbuna derroco a Noboa, mediante golpe de estado dado en Guayaquil.- Moncayo dijo: Yo no reconozco, señor, el poder de los hechos consumados cuando tiene un origen tan impuro, porque eso seria sancionar el principio de la fuerza sobre la razón y el derecho y dejar a los pueblos sujetos eternamente a la autoridad de la usurpación y de la conquista…
Nacio en Ibarra el 29 de junio de 1807 y murió en Valparaiso en febrero de 1888. Abogado, periodista, Rector de la Universidad de Guayaquil, fundo varios periódicos como “El Quiteño libre”, “La linterna Magica”, “Rebenque”, publico folletos políticos y su libro “El Ecuador  de 1825 a 1875”.
Después de pacto de Rocafuerte y Flores, celebrado en prisión, en Guayaquil, el 3 de junio de 1834.
Los desterrados no obtenían piedad todavía, solo de uno en uno, y eso solamente algunos, a medida que el Sr. Carrion iba perdiendo el miedo a García Moreno. Las costas del Perú, de Centroamerica, de Colombia en el Pacífico rebozaban de emigrados: entre ellos habia hombres notables: Pedro Moncayo, Pedro Carbo, Manuel Gomez de la Torre, Miguel Riofrio- Antonio Yerovi, Carlos Auz, José Gabriel Moncayo, el Obispo Tola, etc. Los generales Urbina, Robles, Franco, Ríos, Wright y muchos coroneles y otros militares de grado inferior. Como Carrion y Bustamante aparecían liberales, y en su pasado no tenían mancilla, D. Pedro Moncayo escribió desde el destierro al segundo interesándose de que se decretase amnistía.
En Quito el grupo de polariza en torno a “El Quiteño Libre” y a su fundador Pedro Moncayo (1807-1888) fundador también de “La Linterna Magica”y autor de “El Ecuador  de 1825. Sus hombres, sus instituciones y sus leyes”. Mas tarde irrumpe en los cenáculos quiteños Gabriel García Moreno (1821-1875), joven prosista y orador de inusitada viruelncia y poeta de ocios y de coleras.