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Montalvo Fiallos Juan


Montalvo residía en Ambato, desde que llego de Europa, en 1860. En aquel año se había trasladado de Yaguachi en parihuelas, a causa de una enfermedad de la pierna. “En un sofá y en 7 meses, me decía en Ipiales, adquirí una parte de los conocimientos, que después han llamado erudición”. Era muy laborioso de los escritores a quienes he conocido todos han admirado su memoria, y ella dependía, en gran parte, del ejercicio, y del auxilio de la atención de todas sus lecturas. Poesía la virtud de leer con tal esmero, con tal contracción, agarrándose, diremos, con todas sus potencias, al asunto que leía, era muy difícil distraerlo, concluida la lectura de un articulo, se consagraba a leerlo mentalmente, o apuntaba para lo que para él era interesante, como acostumbraba Taine, y como acostumbran los grandes escritores. A la vista tengo extractos de Gibón, de Cicerón, y otros. En estas operaciones hallaba deleite, y las preferías a los placeres mundanos. Nunca se lo vio en saraos, nunca en banquetes, en clubs y en otros lugares de recreo. No fumaba, no tomaba una gota de licor, no gustaba de alimentos acres o picantes, no era como Byron, a quien le gustaban las cebollas crudas. Sepan los que hubieren nacido para apóstoles: su profesión es gloriosa, pero amarga, al menos mientras la humanidad se halle como se halle. Si hay estipendio, no es para ellos “el que no tiene algo de quijote, no merece ni el cariño de sus semejantes” dijo Montalvo.
Uno de los primeros preceptistas de Retorica que cayó en manos de Montalvo fue capmani, autor tan olvidado en el día; si le enseño a leer Cervantes, con los comentarios de Clemencin, y a los escritores llamados del siglo de oro de nuestro idioma. “De la retorica, no se me acuerda otra regla que la de claridad me decía, “y la mitad de los conocimientos que poseo en el idioma, la adquirí con la lectura de Clemencin”. En él vio, en efecto, que el idioma era muy rico, y que bastaba a la imaginación más fecunda, para las ideas más nuevas y variadas; y se propuso explorar es mina, en vez por ir por voces a idiomas extranjero, o inventarlas, a riesgo de  provocar risas desdeñosas.
El 2 de mayo 1866 siguiente, fecha del desagravio obtenido en el callao por América, apareció en Quito “El Cosmopolita” N°2, y su primer artículo es “Las Ruinas de Valparaíso”. Y en 1877, vuelto del primer destierro, cuando ya tenía escritos, pero no publicados, los “Capítulos que se le olvidaron a Cervantes” los “siete tratados”, los dramas, etc. La novia fue la señora María Guzmán, de una de las familias de suposición del lugar. Se amaban: recibieron la bendición del amor, y luego la de un sacerdote católico. Con la primera, nació Alfonso, el primogénito. El matrimonio eclesiástico se efectuó a mediados de octubre de 1868, a los dos años de nacido el niño; prueba evidente de la caballerosidad y amor de Montalvo. Su esposa era joven, sin mancilla, pobre de dinero, pero ricas en prendas.
Tratan de hacerte senador, me dijo mi hermano un día; pero tropiezan con el inconveniente de tu edad. Al otro día; añadió: tienes la que la ley requiere que piensa. Le hice algunas observaciones acerca de la delicadeza, pues aunque nadie escrupuliza por alla en esas cosas, a mi no me gustaba ser diputado por la provincia que mi hermano regia como Gobernador. No quise, por otra parte, experimentar la odiosa oposición de enemigos sin ef, y que damos en que disuadiría a los amigos de encabezar la lista con mi nombre. Mi hermano aplaudió mi modo de pensar, y cambio el plan de los liberales”.
Montalvo y el Dr. Mestanza se habían refugiado, como hemos dicho, en la legación Colombiana, el 16 de enero de 1869, cuando supieron el trastorno que García Moreno iba a ejecutar. Se unió a ellos el joven D. Manuel Semblantes, y todos tres recibieron, al día siguiente, pasaporte y la intimación de salir al destierro. Montalvo no le fue posible despedirse de su esposa, de su hijo, tierno aun, de su hijita que acababa de nacer, de ninguno de su familia, porque todos residían en Ambato.
Murió, en la mayor pobreza, en París, en 1889; y el partido liberal, la obra de su vida, vino a triunfar en el Ecuador  en 1895.
Apenas Montalvo concurría a las escuelas, por la contracción al estudio, por la dignidad de su porte, y por cierta austeridad y modo de ser de carácter, hizo proveer lo que sería más tarde. No, dice Montalvo el Discurso de un amigo, obligaba toda mi atención: lo sé de memoria”. “La Democracia”, publicación hebdomaria redactada en Quito por los años de 1852 a 1857, engalano sus columnas con los primeros artículos de Montalvo. Los quilates del escritor como su originalidad y tendencias, fueron apreciados desde el comienzo. El General Urbina, a la sazón. Presidente del Ecuador, para quien rodearse de hombres inteligentes era norma de políticos, llamo a la capital al joven literato y procuro halagarle del mejor modo. Es evidente que, por entonces, se le hizo la oferta de enviarle a Europa con cargo Diplomático. Poco tiempo después, el General Francisco Robles, reemplazaba en el ejército de la primera Magistratura al General Urbina y este era nombrado Ministro Plenipotenciario cerca de Gobiernos de Europa. La ocasión se mostro. Urbina de acuerdo con lo ofrecido, nombro como secretario y adjunto, respectivamente, a los jóvenes Francisco Javier Salazar y Juan Montalvo. Montalvo a dirigirse a Europa, satisfacía una de las ambiciones y necesidades de su existencia. Montalvo, en París, centro intelectual, estaba como en su elemento; con verdadero fervor contrajo a cada uno de los ramos a que le arrastraba secreta predilección. Montalvo juzgo como deber sagrado visitar a Lamartine. Con motivo de los sucesos políticos desarrollados en el Ecuador  por los años del 59 y 60, se vio y Montalvo obligado a venir a su país. Junto con el adiós dirigido a Francia, debía despedirse de su tranquilidad e ilusiones. En adelante, solo podía contar con privaciones, martirio, destierro. A quien iban dirigidos tales conceptos, era a Don Gabriel García Moreno. El año62, los superiores del Colegio la Unión, a quienes la juventud ecuatoriana debe mucho, publicaron “El Iris” periódico puramente literario.

Montalvo, elegido colaborador, en uno de los primeros, dio a luz un notable artículo que tenia por  epígrafe “Dios se acomoda a todos” Posteriormente, si sin que se conozca el motivo, se abstuvo de escribir. El año 1866, sin que hasta hoy lo confiesen hombres de añejas miras, señala una evolución trascendental para el Ecuador. De ella aparece como protagonista único, Juan Montalvo, o sea su publicación monumental; “El cosmopolita”. Pocos días después, lo notable del partido liberal, Montalvo el primero, seguía camino del destierro. Era poco gracias a la juventud, había salvado la vida. Ipiales, pueblo ya mencionado, mereció las simpatías del proscrito y debió ser, desde el momento, lugar de su residencia; pero los compañeros de destierro, lo indujeron a seguir para Europa. Llego a Francia la víspera de que se desencadenara la formidable guerra del 70. Pocos han admirado y amado más que el, a la patria de Enrique IV. ¡Cuánto hubo de sufrir su alma, con los desastres y consecuencias de aquella horrible lucha; Coincidió su llegada a París, la muerte en esta ciudad de Doña Antonia Jijón de Barba, matrona quiteña a quienes timaba cordialmente. El artículo necrológico, escrito con tal motivo,, hará época en las producciones de su género. “El padre lachaise”, no puede ser leído, por quien de veras ame a su madre, sino de rodillas y con lagrimas en los ojos. Establecido, a su regreso, en Ipiales, un periódico de Panamá dio publicidad a cierto artículo a favor de García Moreno, que tenía por objeto preparar en el Ecuador  la reelección de dicho personaje, en el siguiente periodo constitucional. Era el colmo. Montalvo se presento a la palestra y de tal modo, que los escritores del Istmo tuvieron que retractarse. El folleto “La dictadura perpetua”, causo honda sensación; aun más que escrito de polémica era la sentencia de muerte decretada contra García Morena.    
Informaron a Montalvo de que personas de Quito influían en el sentido de evitar la lucha fraticida. Sin dar reposo al asunto, publica una hoja en el cual propone una combinación que, de ser aceptada, el movimiento revolucionario del 8 de septiembre, habría tomado distinto rumbo. La propuesta consistía en formar un Gobierno provisional de tres personas notables, al cual los ejércitos de Borrero y Veintimilla se someterían. Dicho Gobierno convocaría, si retardo alguno, una Constituyente para que se ocupara en modificar las leyes, única aspiración del pueblo. En avanzada noche, cuando Montalvo descansa en el lecho, oye ruido de armas y golpes a las puertas de su aposento. Eran emisarios de Veintimilla. Apenas consistieron que cambiase de vestido el escritor. Llevaron a la orilla de la ría donde estaba lista una embarcación para conducir enseguida a un vapor ingles que, después de pocos momentos, abandonaría el puerto. Llegadas las elecciones, la provincia de Esmeraldas, tuvo el denudeo patriótico de elegir como uno de sus diputados al expatriado por Veintimilla; a Montalvo. Montalvo toma otra vez camino del destierro, y abandona su patria ya para siempre. Ipiales lo abriga por tercera vez. Como de costumbre, contrajo a escribir; mas ya con plan determinado. Quería concluir las obras principiadas, escribir otras, para en seguida ir personalmente a Europa, y cuidar de la publicación.
A manera del desterrado de Jersey, resuelve convertir su pluma en instrumento de castigo. En vez de los Chatiments de Víctor Hugo, redacta “Las Catilinarias”. Llega a doce el número de etas. Personales lograron a llegar fondos necesarios, para que, tan luego como estuviese en Francia, procediera a la publicación de “Los siete tratados”. La aparición de esta obra coincidía con el triunfo de las armas de los ejércitos llamados restauradores, que ocasionaron la caída de Veintimilla. Satisfecho de estos triunfos, Montalvo resolvió visitar España. La prensa de Madrid, de aquella época, relata en muchos de sus órganos, tales como “El Globo”, en su número del 22 de julio de 1883, “El progreso”.