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Montalvo Fiallos Xavier


Doctor Francisco Javier, también jurisconsulto, y cuyos servicios a la patria no deben pasar inadvertidos. Fue Regente, Vice-rector y Rector en el colegio de San Fernando de Quito, catedrático de Literatura más tarde, Rector en el colegio de Bolívar de Ambato, cargo al que fue llamado por una junta general de Doctores, reunida en la Capital de Tungurahua. Después ha ocupado ministerios del primer orden en los tres poderes principales de la Nación, en el ejecutivo, el legislativo, el judicial, y también en el poder de la imprenta, D. Francisco Javier, el hermano segundo de D. Juan, redacta “La razón”, en compañía de D. Miguel Riofrio; después “La Democracia” y también tuvo parte en “El Ecuatoriano”. En 1852, la secretaria del Colegio de San Fernando no estudio en San Fernando sino Latinidad y Filosofía, y un año de jurisprudencia, cuando de repente echó esos textos a un lado, y se ensimismo en la contemplación de la historia, así como en el aprendizaje de todo lo más bello de las letras humanas. Borroneaba, pero no publicaba nada todavía. Por entonces, ya en el Gobierno de Urbina, se establecieron en Quito varias sociedades artísticas, todas llamadas democrática; y Montalvo fue miembro de la Sociedad “Ilustración”. El 6 de Marzo de 1852, séptimo aniversario del día en que se proclamo en Guayaquil le expulsión de Flores, hubo sesión solemne de aquellas sociedades, Existía una composición en verso, escrita en Noviembre de 1854, y publicaba recientemente: es melancólica de enternecimiento, demuestra inclinaciones altas, amor a la naturaleza, afición a la vida contemplativa y solitaria. Se Titula “En un álbum”, y está escrita en el de la Señora Amelia Revolledo de Velasco, quien entonces era jovencita, novia de D. José María Gómez de la Torre, amigo y condiscípulo de Montalvo.
Partió, pues, Montalvo a Europa en 1857. Urbina no partió con el: le retuvo en Quito, consejero de Robles como era, la urgencia de dilucidar un asunto con el Gobierno de la Republica Peruana. Se quedo Montalvo en París, de Secretario de la Legación Ecuatoriana, servida por D. Pedro Moncayo, eminente ciudadano, Montalvo adquirió muchas de las dotes de escritor polemistas y hombre de carácter, que desplego más tarde. Apenas comenzó el año siguiente, 1858, salió de París, y fuese a recorrer la Nación Italiana. Su entusiasmo esta manifestado en las bellísimas cartas que de Florencia, Nápoles, Venecia y Millán dirigió a su hermano, y fueron publicadas en “La Democracia” de Quito. Volvió a París, a los pocos días y entonces concurría a las reuniones con que un parisiense distinguido, llamado Carlos Ledru, acostumbraba  a recrear a algunas personas escogidas. La esposa de Ledru era amiga de las letras y se recreaba con las conversaciones del Bárbaro Montalvo. Una noche platicaron acerca de la pobreza del poeta Lamartipe, y Montalvo. Una noche platicaron acerca de la pobreza del poeta Lamartine, y Montalvo se retiro enternecido y llena la imaginación de los resplandores que despedía la gloria de aquel bardo. Al día siguiente remitió a la Señora de Ledru un manuscrito en Lengua francesa, en que se reflejaban los destellos de la conversación de la víspera, y empapado en la ambrosia americana; y al día siguiente mando la señora devolverle el escrito, impreso en uno de los mejores diarios de París. Invitada a Lamartine a América y le describía Ambato, ciudad huerto, ciudad jardín. “yo no le he sido presentado por nadie, dice: el arroyo que salta súbitamente en la montaña, no tiene necesidad de que nadie lo conduzca al río”. Lamartine leyó el artículo con gratitud y enternecimiento y en el acto escribió a Montalvo una esquelita. Recorridas Francia, Suiza, Italia, España y alguna de las naciones sajonas, volvió al Ecuador  en 1860.
Xavier Montalvo Fiallo, de 1852 a 1857, dirige “La Democracia”.