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Montufar Vicente


Rdo. Pbro. Vicente Montufar
Este distinguido sacerdote perteneció a la Arquidiócesis de Quito. Vino a Guayaquil por motivo de salud a fines de febrero de 1938.
El Excmo. Monseñor José feliz Heredia sabedor que necesitaba  el clima del mar, le envió a Salinas, hermoso balneario al que llego el sábado 5 de marzo de 1938, con el nombramiento de Párroco Económico, estuvo hasta el mes de Julio del mismo año
El Dr. Montufar nació en 1892, fue ordenado sacerdote en 1922.
De 1934 a 1937 fue Párroco de Puembo. Y desde este último año fue Coadjutor de la Parroquia San Felipe, en Latacunga. Ejerciendo este cargo viajo a curarse a Guayaquil.
Montufar, hijo de Selva Alegre, nacido en Quito en Noviembre de 1780 estudioso y aficionado a las ciencias naturales, se encontraba en Madrid desde hacía algunos años. El Barón de Humboldt le presento en centros d alta cultura científica y literaria, logrando imponerse en medios tan difíciles por sus dotes de distinción y de cordura. Su actuación militar en heroica defensa de los reyes cuando Napoleón invadiera el mundo de occidente le dio acceso al Coronel ato de Húsares. Su aporte distinguido y su nombramiento sonoro llegaron a su Patria, en donde más de una vez se lo candidato para diputado a Cortes y se lo designara apoderado de notables personajes y corporaciones, a fin de que haciendo valer su influencia cortesana obtuviera éxito en difíciles peticiones. Mientras su padre se debatía en la tragedia política, el era considerado como uno de los mas pundonorosos americanos entre muchos que hallaban en Madrid y Cádiz. Como todo indoamericano se incorpora a la fuerza organizada y secreta que dirigirá el rumbo independiente de su mundo, aquella que fundó Francisco que dirigirá el rumbo independiente de su mundo, aquella que fundó Francisco de Miranda en la ciudad de Londres: La Logia Americana, aquella Sociedad Lautaro, con tentáculos en España. Allí juro, probablemente, luchar por la independencia hispanoamericana; reconocer solamente a un gobierno elegido por plena voluntad de los pueblos, dentro de un sistema republicano; influir en los funcionarios para que secunden la obra; organizar militarmente la revolución. No hay ruda que su prestigio influye para que Juan Pío, su padre, actué en “un triangulo” de masonería, recibiendo directivas secretas desde “Buenos Aires por Castelli y transmitidos personalmente por Álvarez Jonte, de la logia de Santiago de Chile”. Y esto mismo permite a su progenitor para que se relacione con Bolívar, San Martín. Alvear, Zapiola, O’Higgins, Villegas, Zea, Caldas, y muchos otros. El Marques de las Hormazas ordena al Presidente de Quito entregue al Comisionado Regio el Sueldo de capitán, mas la gratificación de mesa, correspondiente a un oficial de “Marino subalterno embarcado”, destinado a la “Ciudad a la comisión de la mayor importancia”. En Verdad tenía que trabajar para que la Presidencia reconociera y se sometiese al consejo de Regencia; creare las Juntas de Gobiernos, enviara informes precisos y detallados a España; exterminara el odio devorador entre chapetones y criollos; conservara el respeto y la integridad del territorio para la Península. La Goleta Carmen deja Cádiz el 1° de marzo de 1810, arribando a Cumaná y a la Guira después de penosa travesía. Poco después le tenemos en Caracas, la ciudad ardiente de patriotismo por haber desconocido a los chapetones el 19 de abril. Mientras tanto la Goleta les ha abandonado. La Junta entrega algunos pesos en préstamo, para que se dirija a Cartagena. Carlos Montufar después de permanecer 19 días activísimos en Santa Fe, pese a la manifiesta oposición del Virrey, toma rumbo a Quito, previa concesión de pasaporte y unos 2.000 pesos para gastos. El 11 de Agosto se entrevista con el Gobernador Tacón, el más miserable de los enemigos de su padre. Juan Pio Montufar después de permanecer 19 días reaparece en la vida política de Quito el 19 de septiembre de 1810, día en que reúnen Ruiz de Castilla , Cuero y Caicedo, su hijo Carlos Vocales natos de la Junta Superior. Después de acalorados debates en los que no falta la acusación del procurador Jacinto de escobar contra el anciano mandatario, resuelven organizar la Junta Suprema de Gobierno, sujeta a la Regencia, hasta cuando Fernando VII luche en la península, reconociendo para Quito el derecho “natural” de organizar su gobierno autónomo caso de que el Monarca volara a gobernar desde “algún lugar de América”. Selva alegre y Carlos Montufar director pacifico y cerebro militar entran con mano dura, aunque de grupillo político, en la planificación administrativa. El 25 de septiembre designan Secretarios de Estado del Interior y de Gracia y Justicia y Hacienda.
En 1811, Montufar derrotaba a Aymerich en Paredones, obligándole a replegarse a Verde loma. El Cabildo de la ciudad aceptada al mismo tiempo la renuncia de Molina, reconocía a la Junta de Quito y resolvía entregar la plaza. Ante esto se produjo una inesperada reacción española contra el Ayuntamiento, representada por el presbítero José Martínez de Loayza, quien salió por las calles al son de o Morir”. Los 8.000 reaccionarios trajeron a Molina que encontraba en caserío indígena del valle, a legua y media del lugar, quien reajusto vengativamente sus fuerzas para caer  con oportunidad sobre Quito. Carlos Montufar, envuelto en recio clima y enfrentando cierto malestar entre sanchistas y montufaristas, dejo Cañar y resueltamente pretendió avanzar a Cuenca. Mas, violentos factores geográficos y la sublevación de los indios de Juncal produjeron la quiebra de su ejército: huyendo los militares desbandándose los conductores de vituallas y armas y retrocediendo todos a Alausi, Riobamba y Ambato. Carlos era febril y romántico. En Madrid y París frecuento las ternuras y los placeres femeninos. Ya antes que tomara la ruta del exterior ocasiono en Quito casi la perdición del Barón de Humbolt, como lo dijera el sabio Caldas. Con estos antecedentes, al terno la agitada política con el remanso del amor, buscando ante todo el chispeante colorido de la aventura y de la soltería. Algunas ocasiones iba a Salache, risueña propiedad de capulisadas, entre el río y la loma, a pocos Kilómetros de Latacunga. Allí encontraba la esperanza prometedora de la bellísima Antonia Vela y Bustamante y la alegría cortesana del Benavides, de los Cevallos, de los Páez de trastamara, de los Maenza, de los Iturralde.


Aquella mujer Antonia Vela y Bustamante que nació para el drama de la gloria recordara el futuro delicadeza e inteligencia cautivadora de Carlos Montufar, que declara de ello, sin temor ninguno, en los interrogatorios a que le sometieran los realistas como su hermano Javier, anhelaba vivir del placer, del derroche y de la travesura femenina. Así arrojaba sus pesos que recibía por su alto cargo: sin previsión y sin cálculo. En abril de 1811 en Cabildo Abierto se dejaron oír voces de ataque para la familia Montufar. Rodríguez y Soto preguntaban hasta cuando el Comisionado Regio asumiría el papel del defensor de Quito, sin contemporizaciones de ninguna clase. Y como Sanchista añadía que era ya tiempo de dejar de lado la simpleza del reconocimiento de la Regencia”.  Incontenible resultaba ya la estabilidad de Juan Pío y de su hijo Carlos, a pesar de que se esforzaban por impresionar favorablemente a las muchedumbres. Carlos Montufar ha retrocedido como un rayo para organizar la defensa de la ciudad heroica, en unión de su hermano Javier, designado Comisario de Guerra por la Junta de Gobierno, dirigida por Cuero y Caicedo y el Vicepresidente Prudencio Vascones. Carlos Montufar dejo el alto Comando y desafiando la muerte se dirigió hacia el lugar donde se hallaba Samano. Después de conferenciar los jefes, resolvieron que Samano no prosiguiera la marcha y los quiteños volvieran a Ibarra. Pero nuevas traiciones del realista precipitaron los acontecimientos, luchándose bravíamente en San Antonio de Ibarra el 29 de noviembre, con éxito desfavorable para la Patria. El 1° de Diciembre se completaba el desastre en las orillas de Yahuarcocha. Después del desastre de San Antonio sufrió una grave herida, al caerse de un corcel. Tranquila y en constante desasosiego esperaba en la hacienda de Cayambe. Nadie conocía que tenía en buen recaudo, defendiéndole de los enemigos. Sin embargo el Capitán Ignacio Sánchez llega intempestivamente una noche, guiado por el párroco del lugar. Atropella la morada y descubre al enfermo. Ante lagrimas y suplicas, de mala gana, parte, a la hacienda de Chillo. Pocos días después un tropel en lejanía se aproximaba a la casa. Seis soldados, comandados por D. Damián Alva, registraron hasta el último rincón de la vivienda. Al siguiente día me dirigí a Quito a gestionar el perdón para el fugitivo. El Secretario Olivera indico que había orden de tomarlo preso vivo o muerto. Entregue secretamente 2000 pesos para entorpecer la búsqueda, después de que se me enseñara el documento persecutorio. Solamente Aymerich descubrió su escondrijo y lo trajo preso a Quito. Se levanto el proceso, contrarios Ignacio Loza, Antonio Llerena y Antonio Portilla. El Fiscal General declaro felizmente nula la causa y la preconcebida sentencia, basándose en un principio legal. En Marzo de 1814 parte engrillado a Guayaquil, con poco equipaje y algunos sirvientes, presentándose en cada lugar a las respectivas autoridades. El capitán de Dragones, Manuel Pió Rodríguez, custodiaba lo, y el piquete de soldados marchaba atento y receloso. Del puerto pasó de inmediato a Panamá, cuyo gobernador estaba detalladamente informado por correspondencia de Montes. Cuanto enseñara al caer fusilado por atrás, arrancado e incinerado su corazón, mientras la perseguida muchedumbre de Buga se enardecía secretamente, y las guapas mujeres lloraban la tragedia del infortunado y apuesto hombre, sobre las joyas que en precio de su vida habían espartanamente ofrecido a los españoles ambiciosos. Desde que Montes lo desterrara de Quito a Guayaquil y Panamá, no regreso jamás a su querida ciudad. En las pocilgas. Del Chapetón Benito Pérez permaneció hasta el 28 de Marzo de 1814, de donde fugara en dirección a Tumbaco junto con José María Reyes, Francisco Angulo, Esteban Jiménez, Juan José Jerez y el navegante Antonio Brea. Con el Libertador lucha bravíamente Montufar con intrépidos llaneros le acompañaba a la isla Margarita, al Norte de Caracas. Luego al delta del Orinoco, a la célebre Angostura.      


Desde allí se lanzan en trayectoria abierta contra todo el poder monárquico, pegado fuertemente a Nueva Granada y Quito. Pasan por Caracas y se dirigen a Bogotá, sobre las crestas de los Andes. Duramente resisten las alturas, la vastedad de las llanuras y la feracidad de las selvas de Cundinamarca Bolívar triunfalmente entran en Bogotá, pero no descansa un solo instante. Con cien fusileros toma su plaza Mayor el distinguido Carlos Montufar. Envíale en rehenes ante el Dictador Manuel Bernardo Álvarez, mientras este proponía que quedara el General realista Leiva, en lugar del “Coronel Carlos Montufar”. De inmediato se produce la protesta: No era dable aceptar un “reo prófugo”, decía Álvarez al Libertador. Este, en nota significativa de inmortalidad para el quiteño, responde: “El Coronel Montufar es un oficial de primer carácter en la milicia, y aunque no es General creo que merece bien el honor que le he hecho”. Después confió el Congreso a su inteligencia militar como cuartel maestre, a órdenes de Serviez la dirección de 1200 bayonetas, para reorganizar el ejercito patriota, que derrotado en Pasto se retirara al Cauca. Allá fue en cumplimiento de su destino. En la batalla de Palo, actuando como segundo del General Cabal, perdió su caballo e hizo prodigios de heroísmo, con la bayoneta en la diestra hizo flamear la bandera de bayeta negra, que el enemigo Vidaurrazaga levantara como el emblema de la guerra a muerte. “Carlos Montufar. Era Teniente Coronel español, y habiendo venido Comisionado por el Gobierno del Rey para la tranquilidad de estos países, se pasó al partido de los rebeldes, donde llego al empleo de jefe de Brigada y Mayor General del Ejército de Popayán. Fue preso después de la última derrota de Tambo, Pasado por las armas por la espalda y confiscados sus bienes. Según la participa el Brigadier Don Juan Samano”. En Buga existe una placa, que dice “En este sitio fue sacrificado en aras de la Patria el Coronel Carlos Montufar el 31 de Julio de 1816.