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Montufar y Larrea Juan Pio


Don Juan Pio Montufar y Larrea Marques de Selva Alegre nació en Quito en 29 de junio de 1759.
Cuando Quito lanzo el primer grito de Libertad en el Continente Hispano americano, el 10 de agosto de 1809, fue electo el Marques de Selva Alegre por Presidente de la Suprema Junta Gubernativa del Reino.
Disuelta la Junta, después de un efímero Gobierno, y restablecidas las Autoridades Españolas, fue perseguido largo proceso se le siguió y al fin fue remitido a España, bajo partida de registro, el año de 1818. Estableció en Madrid, donde murió algunos años después. Era el Marques de Selva Alegre Caballero de la Real y Distinguida Orden de Calor III, desde su retiro del pueblo de Nambacola, renuncio sus títulos en su primogénito Don francisco Javier Montufar y Larrea con Fecha 8 de septiembre de 1814. Esta renuncia fue aprobada por el Presidente Dn. Toribio Montes en 29 de Marzo de 1815 con cargo de recurrir por la confirmación al Rey. Había casado en Quito con Doña Teresa de Larrea y Villavicencio, su prima.  

W.B. Stevenson, se vea Quito a través de los siglos, por Eliecer enriquez, T. II pag. 108) describe asi al marques de Selva Alegre, quien trato personalmente: “Era sumamente afable y cortes, tenia el aire distinguido de un hombre de Corte. En sus casas de la ciudad y del campo desplegadas un esplandor y un gusto exquisitos; sin embargo, no podría caompararse con Miraflores y Solanda, ni por la fortuna ni por la popularidad. Como hombre publico Selva Alegre era indeciso y timido y buscaba como conciliar los dos partidos en lugar de sostener el uno y el otro; le agradaban la ostentación y la magnificencia y se asutaba con grande facilidad.

El Marques de Selva Alegre, ya en 1785, había regresado de Lima, después de su viaje fructífero y de experiencia. Estaba sin liquidez, en 1784 por el decamiento general de la economía. Gran poder intuicionista le condujo al Marques a lograr por todo medio la adquisición de las principales propiedades de los Chillos cuando la Junta de Temporalidades, previa autorización del Rey, las sacara a remate en 1784. El 13 de julio de 1785, el Marques de Selva Alegre, en febril actividad, se disputa con las “pujas” de poderosos interesados por las propiedades de Chillo y su Obraje, Pinllocoto y Pasuchoa. Al final las remata, inclusive la extensa y fértil hacienda de Chillo es fértil, con gran numero de ganado vacuno y ovejuno principalmente. El obraje ha dejado de funcionar desde 1754 hasta 1767 y solo desde este año se ha rehabilitado en parte de su trabajo. tiene, eso si un batan, dos molinos, una tenería y taona de aceite Pinllocoto era excelente también para producir maíz, dando 7.000 sacos por año, como término medio. El 17 de febrero de 1786 se presenta el Marques, en aquel tiempo “Teniente Coronel de Milicias de la Villa de Ibarra”. La difícil situación económica por la que atravesaba determina en su delicadeza para que se dirigiera a su primo don Gaspar Montoya y Montufar, insinuándole rindiera cuentas de la administración de su mayorazgo que poseía en los “Reinos de España” y que había administrado por encargo de los herederos del Marqués de Selva Alegre. Pese a que recibiera algunos miles de pesos, la exigencia tremenda de la Junta de Temporalidades determina para que vendiera la hacienda de Pasuchoa, el 6 de Marzo de 1794, a Don Joaquín de Arteta y Larrabeitia, en 4.400 pesos: 2.400 a censos y los 2.000 en efectivo.
José Francisco Caldas llega a la Presidencia de Quito al finalizar el siglo XVIII. En Quito es cordialmente acogido por el Marques de Selva Alegre. Le brinda múltiples atenciones, le ofrece su casa y el bello obraje de los chillos. En 1802 llegan a Quito dos celebres sabios: Alejandro de Humboldt y Amadeo Bompland van luego al Cauca y Popayán. Ahí se encuentran con Francisco de Caldas. Avanzan a la capital, estudiando científicamente Pasto y los valles norteños del actual Ecuador. El 6 de enero entran los tres sabios a Quito. Humboldt y Bompland reciben elegante hospedaje en la distinguida mansión de Selva Alegre, “caballero noble y generoso, que se esmero en hacer al célebre viajero el más obsequioso recibimiento. Humboldt, le inmortaliza asignando el sonoro vocablo de Montufar a una especie de planta clasificada por el ilustre prusiano. Recíprocamente, Selva Alegre manda a trabajar un valioso óleo del científico, apuesto y elegante, joven y risueño como cuando se encontraba “al borde del abismo”. Lucia en el mismo histórico aposento de los Chillos, en donde se citara lo más representativo de la Ciencia. La Capilla del obraje de los Chillos llamaba la atención a todo viajero que visitaba. Era la expresión de una profunda emoción estética, donde podía admirarse la “sensibilización de lo divino” como “entraña del arte”. Hermosos cuadros y esculturas. Rica vestimenta, con brocados de oro y plata. Utensilios y muebles. La armonía de esta ejemplar familia dirigía Selva Alegre, actuando todos de común acuerdo. Muchísimo tiempo maneja los bienes legados por sus padres, sin la desconfianza de sus hermanos, reconociendo estos su bondad y su honradez. Montufar al Cabildo como Alcalde de Primer voto. Su demasiado interés por el bien público se ha metido profundamente en la voluntad popular. Las muchedumbres no olvidan que había revelado talento y carácter cuando Regidor en los años de 1776 al 82, cuando Alcalde de Primer Voto en 1783, cuando intendente en 1791. Antonio Mejía e Ignacia Moreto. En tan críticas circunstancias económicas, un caso casual alivia la fortuna de su casa. En 1793 Don Pedro se encuentra de Alcalde de Segundo Voto en el Cabildo de Quito.
El 25 de septiembre designan secretarios de estados del interior y de Gracia y Justicia y Hacienda. Publicado de 4 de Agosto de 1810, gestiona del Presidente la entrega de sus haciendas destruidas. Todo se efectuó con celebridad pasmosa, por temor al comisionado Regio que se acercaba a Quito. Juan Pío Montufar y sus hijos Carlos y Javier se ha ocultado en la hacienda de Chillo. Los dos primeros se presentan ante Montes y logran que se les perdone la vida, obligando se  a salir: el uno desterrado a Loja, y el otro a España. Sin Embargo, con diversos pretextos, prorrogan la estadía peligrosa. Al fin nuevamente se ordena que selva Alegre para su lugar de confino. El 5 de enero recibe el pasaporte y después de algunos días toma al camino del destierro, acompañado de tres pajes, dos dragones y un cabo. Por extraña coincidencia marcha también a Loja su enemigo, el Marques de villa Orellana. El destino los colocara frente a frente, en una misma tribulación a sus acciones. Montufar no se encuentra bien en el destierro. El temor ha monada su abatido espíritu. Va de un lu7gar a otro, como autómata y demente, refugiando en parejas ocultos y  “extraviados”. Implora a Quito se lo deje en libertad: argumenta mala salud, tristeza familiar y pérdida de fortuna. Montes le recomienda mantenerse tranquilo en la ciudad, sin preocupaciones y con sosiego, ofreciéndole enviarle todo el dinero necesario por medio de las Reales Cajas. En igual forma, Montes compenetrado de la importancia de la economía en los destinos sociales o políticos, exige violentamente el abono de las tributaciones atrasadas y de las deudas de temporalidades. Selva Alegre gestiona empréstitos, pero no encuentra por ninguna parte. Se ve obligado a vender hasta sus muebles. Don Camilo Caldas adquiere muchos de ellos, como un elegantísimo reloj de “mármol”, en 450 pesos, sin siquiera abonarlos de contado.
Juan Pio Montufar, de 58 años, nuevamente va a la cárcel.
Secretamente se le procesa, acusándole de haber mantenido correspondencia con Mariño, y Cabal, compañero de su hijo Carlos. En enero de 1818 salía finalmente de su patria, para no retornar jamás. Manuel Mathew, Guillermo Valdivieso, el Magistral Rodríguez y Soto, entre otros, fueron sus compañeros de ostracismo. Ramírez explica su conducta y el destierro a Cádiz, “no por nuevas tentativas de conspiración, sino en castigo de la pasado”. En España lo recibieron con el mayor regocijo: su hijo Joaquín, que desde hace muchísimos años no lo había visto Francisco Javier, desterrado por Montes, y muchos parientes de la nobleza madrileña. Cuatro años permanece en la Península, gozando de toda garantía que otorgara el Rey en vista de las gestiones de Joaquín. Visito los centros principales de arte, de la cultura y del comercio. Se puso en contacto con lo selecto en las letras, en la política y en la vida social. Los últimos meses de us agitada vida los pasa en Cádiz.
Juan pio Montufar y Larrea nace en la ciudad de San Francisco de Quito el 29 de mayo de 1758, constituyendo el primer hijo de Juan Pío Montufar y frasso en ese entonces Presidente de la Real Audiencia y de Doña Rosa Rafaela de Larrea y Zurbano. El mismo día de su nacimiento fue bautizado en su propia casa y en la mayor reserva, por caso de necesidad, actuando el jesuita Francisco Antonio de Sanna y recibiéndole en sus “brazos” el General Joseph Ignacio de Unda Zambrano.
Después de concluir los elementales ejercicios primarios curso obligatoriamente tras años de gramática Latina para luego ingresar al Real Colegio y Seminario de San Luis. “Desde muy joven se dedico al estudio. Después de haber pasado por los establecimientos de instrucción que entonces había en Quito, se retiro a su propiedad de los Chillo en donde se rodeo de libros y obras de arte”. Manejo diestramente el latín. Se inicio en la autoeducación conociendo algunos clásicos entre los 4.000 volúmenes de la biblioteca del San Fernando, entre los numerosos de los jesuitas expulsados. En 1777, Juan Pio solicita ya de la Real Audiencia se lo entrega la administración de aquellas, responsabilizándose por sus hermanos. Doña Teresa de Larrea y Villavicencio: hermosa y atractiva, inteligente y cordial. Francisco Javier, el primogénito, el futuro hombre y atractiva, inteligente y cordial. Francisco Javier, el primogénito, el futuro hombre de sacrificio y de lucha, que llegara a distinguirse a Quito y en España; Carlos, el segundo, inteligente, decidido y valiente, que llegara a constituirse en el hombre importante en la Segunda Revolución Quiteña de 1810 a 1812, después de haber asombrado en la Península con su fervoroso patriotismo y fidelidad para la causa que defendía; Joaquín, el tercero destacado personaje en la Corte fastuosa de los Borbones, de gran sentido y olfato diplomático y leguleyo; y María Rosa, la bella dama sufrida y atormentada en la plenitud de su adolescencia y juventud, la que atrajera las miradas seductoras de chapetones y criollos por su picaresca belleza, y la que sufriera junto con los suyos las más crueles persecuciones de españoles y ecuatorianos, representando en todo momento la fortaleza y decisión de la mujer Quiteña. Ante el Presidente García de León y Pizarro ni una sola voz enjuicio valientemente su obra. Todos doblaron la cerviz. Entre ellos Montufar también. Juan Pio Montufar se encuentra en 1783 como Alcalde de Segundo voto en el cabildo. Que Compresión el valor de Espejo y que interés por difundir su obra.
En 1790 recibió el nombramiento de miembro de dicha orden el Marques de Selva Alegre, según Cristóbal de Gargoneta y Jijón, pero el habito la distinción más solicitada muchos años mas tarde. El 2 de enero de 1791 se le nombra Intendente de Quito, diputado de alameda y de comercio, honrosos y difíciles cargos, de gran significación social y política. Afanoso y entusiasta traza un interesante proyecto de Plan Instructivo, consultando las posibilidades del ambiente. No sorprendió, pues a los chapetones gobernantes que el 21 de octubre de 1794 volar la noticia por la ciudad de las banderitas de tafetán rojo que milagrosamente aparecieran sobre las cruces de piedra, con la quemante inscripción: Salva Cruce. Liberesto Felicitem e Gloriam consequto. Pobre maestro Marcelino Pérez, acusado de revolucionar ¡cuanto tuvo que sufrir! muñoz de Guzmán, rompió lanzas con su favorito Juan Pio Montufar; para fácilmente conducir a la cárcel a su confidente Espejo.