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Montufar y Larrea Pedro Ignacio


Pedro Ignacio fe ante todo hombre de negocios, dinámico e infatigable. No gusto tanto de la Agricultura, pero sí de la industria. Su matrimonio con doña Nicolasa Guerrero, vivía como príncipe en el centro de la urbe, en mansiones provistas de lo que podía apetece en Inglaterra o en Francia. No le faltaban ni los damascos y encajes, ni las sedas y cristales. Todo perfectamente distribuido, sin carecer del tradicional oratorio, en donde lucía el arte de España y de Quito. Doña Nicolasa aporto a la fortuna con el dote de 32.924 pesos 5000 en su elegante casa, “esquina del Monasterio del Carmen de la Nueva Fundación” y lo demás en su regia joyería. Don Pedro no quedaba atrás. Fue el matrimonio con 93.624 pesos y 3 reales; con su espada de oro y con otra de plata: con ropas de Castilla, abarrotadas en sus almacenes centrales, dirigidos por Don Antonio Borja, por una tal doña Fulgencia y otra tal doña Pancha Su dinero iba y venía. Apoyaba a sus amigos. Fue perseguido con inusitada actividad, cayendo finalmente preso. Al procesarlo, el 15 de julio de 1823, se le acuso de haber trabajado por la libertad desde el 804, defendiendo dentro y fuera del país; de haber sometido pasto  extraído el oro en Popayán. En tan crítica circunstancias llega a la ciudad la esposa de tacón, brindándole elegantemente su amistad.  De esto aprovecho para que interviniera ante Montes y lo desterraran a Tigua, con Libertad de salir hasta Angamarca, en donde se encuentra con su esposa, desde el 17 de Febrero de 1813. En Enero de 1814 comunicaba el corregidor Ricaurte ciertas reuniones clandestinas de los patriotas en el obraje de la Ciénaga, solicitando que don Pedro Montufar, Manuel Matheu y Feliciano Checa, guardaron prisión bajo su inmediata vigilancia. Luego acusaba a Pedro Montufar de haberse transformado en “imposible animador de los habitantes y que por eso un indio de Isinlivi se había expresado “injuriosamente del Gobierno”.