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Morán Trinidad


Albión y Libertadores siguieron combatiendo, aunque envueltos por sus enemigos, que les habían cortado la retirada, apoderándose estos del parque. El general Sucre viendo que sus esfuerzos eran inútiles, y que la batalla estaba perdida, después de haber sido herido en una mano, se salvo protegido por unos pocos jinetes mandados por el sargento Rangel, que se abrieron paso con sus lanzas. Trinidad Morán, entonces capitán y más tarde General del Perú, se jactaba de haber salvado a Sucre. Testigos presenciales del hecho aseguran que fue Rangel, Moran se incorporo con sucre en la fuera del campo de batalla.

Sucre acampo el día 11 septiembre 1821 en el pueblo de Santa Rosa a unas dos o tres leguas de Guachi, sabiendo ya por sus espías, que al día siguiente tropezaría con el ejército realista. Por su propia voluntad, habría evitado el combate en ese llano, favorable como era a los españoles, que sobre tener un ejército casi doble, disponían de cuadriplicadas fuerzas de excelente caballería. Sucre quería continuar su marcha sobre Quito faldeando la cordillera, a lo que podía proporcionarle un campo de batalla en que no pudiera maniobrar ventajosamente la caballería enemiga. Pero el anciano General Mires, engreído con su triunfo de Cone y animado de una fogosidad que apenas cabe en un joven, le disuadió de esa hábil maniobra. Mires, que llevaba la vanguardia, descendió aceleradamente de las colinas de Santa Rosa al llano de Guachi, viendo ya aproximarse el ejército enemigo que se adelantaba con igual celebridad al lugar en que se cruzan los dos caminos. El Batallón Albión fue el primero que entro en combate rechazando las cargas de la caballería española que precedía a la infantería. El primer de esta arma acudió a reemplazar a la caballería rechazada, el único escuadrón que tenían los patriotas cargo a su turno a la infantería realista y lo fue igualmente. En este estado llego el batallón libertador de Guayaquil a sostener a Albión, como lo hizo con buen éxito. También iban llegando los batallones españoles que venían en escalones y la batalla se hizo general sostenía al principio por Libertadores y Albión. Con la llegada del batallón Santander se esperaba que la victoria se decidiera por los patriotas. Sucedió todo lo contrario. Los enemigos quisieron probar si ese cuerpo les prestaría menor resistencia, y el hecho fue que no presento ninguna; pues perdieron su formación busco un refugio en los edificios de la hacienda inmediata. Solo una de sus compañías, mandada por el capitán Garcés, resistió con firmeza a la caballería española que perdió uno de sus principales jefes, el Coronel Pyol, que se había hecho celebre en Riobamba con sus insolencias y crueldades. Albión y Libertadores siguieron combatiendo, aunque envueltos por sus enemigos, que les habían cortado la retirada, apoderándose estos del parque. El General Sucre viendo que sus esfuerzos eran inútiles, y que la batalla estaba perdida, después de haber sido herido en una mano, se salvo protegido por unos pocos jinetes mandados por el Sargento Rangel, que se abrieron paso con sus lanzas. Haber salvado a Sucre. Testigos presenciales del hecho aseguran que fue Rangel, Moran se incorporo con Sucre en la fuga fuera del campo de batalla el mismo orden de formación en que habían combatido. El viejo Mires, que no quiso abandonar su puesto fue tomado también, con los comandantes de esos cuerpos; el jóvenes Benítez, Antepara que se había hecho notable entre sus paisanos por sus talentos y sus virtudes patrióticas.