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Mora Azucena


No se llama Azucena y sin embargo esa es la “menta” que le ha permitido brillar con nombre propio en el quehacer teatral. Su figura es ampliamente conocida, su imagen divertida y espontanea la han convertido en la favorita de muchas personas. Sus apariciones en comerciales y series de televisión han sido elogiadas; su trabajo en el teatro ha sido elogiadas; su trabajo en el teatro ha sido elogiadas; su trabajo en el teatro ha sido duro y difícil y los resultados satisfactorios “empiezan a darse ahora”.
Libia Lidia Mora Mendoza, milagreña, desde hace 44 años conocida como “La Negra” o “Azucena”, es la tercera de nueve hermanos, de los cuales solo viven cinco. Sus estudios primarios los realizo en Guano, provincia del Chimborazo, en un colegio de monjas y en el ingenio San Carlos. Se graduó de bachiller en el colegio Huancavilca. Ingreso al teatro en el año 69 después de asistir a la escuela de teatro de la Casa de la Cultura. La actividad artística la heredo de su madre, aunque esta nunca fue artista.
“Yo no me llamo Azucena, así me dicen, pero los nombres del cartón de identidad son otros. Creo que mi madre siempre deseo llamarme así pero no me bautizo con ese nombre. Sin embargo, toda la vida me han conocido como Azucena. El teatro me gusto desde pequeña, creo que lo herede de mi madre, aunque ella jamás tuvo la oportunidad de actuar; era excelente para hacer imitaciones, mecas, gestos, etc. Recuerdo que cuando era pequeña, mi madre tenía la costumbre de realizar nacimientos vivientes y yo participaba en ellos, y enseñaba a los otros niños a declamar, actuar, etc. Siempre me gustaba participar en los actos artísticos de la escuela”.
“Y es así como el arte se metió en mi. Pero fue en el año 69 en que entre a estudiar teatro en la primera y única escuela que ha existido en Guayaquil, la de la Casa de la Cultura. Este curso duró tres año, y soy la única egresada de dicha promoción que actúa en estos momentos”.
“Recuerdo que yo trabajaba como secretaria en una oficina, y un día el conocido dramaturgo y poeta Hugo Salazar Vera fue hasta allá y al ver mis gestos me pregunto que por qué no hacia teatro, me hablo del curso y así entre de lleno a esto”. 
Actividad Teatral
Azucena, divorciada, con una hija de doce años, Anani Sheyli, “a quien adoro y por quien vivo”, esta de novia y muy pronto pasara al mundo de las serias, nos narra sobre su actividad teatral.
“Luego de salir graduada de la escuela de teatro, seguía trabajando de secretaria y haciendo teatro. Mi debut como profesional fue en la obra “Un responso para un tordillo” de Jorge Vivanco y dirigida por Marco Muñoz, en la que hacia el papel de una madre que perdía a su hijo. De eso casi veinte años. Luego pase al grupo Vanguardia con Iván Argudo, Isabel Martínez, Briseida Zambrano, y me desenvolvía como coordinadora de actividades culturales de la Facultad de Filosofía. Ahí monté una obra titulada “El Hombre que se convirtió en perro”, de Oswaldo Dragún, que fue presentada para la primera promoción de licenciados de esta facultad, en la extensión de Milagro”.
“En 1977 ingrese al taller El Juglar, al cual todavía pertenezco, después de asistir a un curso dictado por Ernesto Suarez. En El Juglar he actuado en 24 obras, entre infantiles y adultas. He asistido a festivales teatrales en Colombia, Perú, Chile y Argentina”.
“El teatro significa todo para mi, pues representa esfuerzo, trabajo, dolor, lagrimas, sufrimientos; pero también es vida, esperanza, amor y te permite dar un mensaje al espectador. Tu recompensa la obtienes cuando el publico reconoce tu labor y te hace sentir que lo que haces sirve para contribuir con la cultura y el arte del país”.
“El teatro te da para vivir, pero no puedes esperar que lo que te de la sal, te alcance. Se debe combinar esta actividad con otras labores”.
“Además de actuar, doy clases de teatro en diversos colegios. Y soy directora del Grupo de Teatro Macara, de Milagro. El gobierno no apoya el arte, y la colaboración que presta la subdirección de Cultura no es suficiente. Ahora, gracias a la televisión, hay una apertura para los nuevos artistas. El camino que nos toco recorrer a quienes nos iniciamos en esta actividad fue muy duro. Antes no me hacían entrevistas” cuenta jocosamente.
Sus anécdotas y su otro yo
“En la vida real soy totalmente diferente de cómo me presento en escena. Soy mas bien sencilla, tímida, nerviosa, cohibida, no me gustan mucho las entrevistas, las concedo porque es parte de mi actividad, pero no es algo que me hace sentir muy cómoda. Soy zanahoria, no me gustan las farras, el trago ni el cigarrillo, aunque me encanta el baile”.
“Mi música preferida es la latinoamericana, mis favoritos son: Piero, mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Perales, Alberto Cortez. Para bailar prefiero la salsa. Mis debelidades son las flores y los chocolates”.
“Como pasatiempo colecciono aretes y debo tener mas de 300 pares. El único deporte que hago es la gimnasia, para poder tener físico para actuar. Soy muy sensible, lloro y río con mucha facilidad. Me gusta la sinceridad, la puntualidad, la ropa deportiva; admiro al padre Gomez Izquierdo porque es sacerdote de esta época, que cuando habla se aparta de lo divino para sentir y actuar como hombre; a Manuela Cañizares y al “Che” Guevara. Soy católica, pero no fanática; odio la impuntualidad, la farsa y la mentira”.
“Como anécdotas siempre recuerdo  dos: La vez que fui hasta la Gobernación a solicitar permiso para hacer un festival teatral en la calle, por conmemorarse los once años de El Juglar, y al llegar a dicha dependencia estaban los alumnos de un colegio, quienes pedían se les conceda un terreno o algo así. Dichos jóvenes me acosaron para pedirme autógrafos y sentía ahogarme por la presión. Es hermoso sentir el cariño de la gente, pero esto de ser muy popular y reconocida, como que te quita privacidad”. 
“Y la vez que filmaba ‘Por amor propio’, en una escena en que yo hacia el papel de empleada y mi patrona (Amparo Guillen) me retaba, me sentí tan mal que lloré de verdad. La escena salió perfecta, sin embargo hubo que parar la filmación porque yo no paraba de llorar.
Amparo se sintió mal y me pedía disculpas, pero no era culpa de ella, lo que pasa es que yo soy muy sensible”.
“He hecho de todo”
Azucena cuenta que dentro del arte ha hecho de todo, ha actuado en teatro, en cine y en televisión. Ha realizado comerciales, “en fin, he sido multifacética”.
Sus experiencias en televisión han sido agradables y ha participado en diferentes series: “Primero hice ‘Los culpables’ allá por el año 75, que enfocaba problemas sociales, luego interviene en ‘La familia’ y posteriormente ‘Por amor propio’ y ‘Los que vendrán’. En cine, hace poco, actué en una producción sueco-norteamericana, con Gary Cooper, que se filmo en Guayaquil, Duran y Milagro y que se llama ‘El tren del cielo’. Que trata de la historia de un niño que busca a su madre y que coge un tren, porque alguien le ha dicho que al cielo se llega en tren. En dicha película hago el papel de monja”.
La de la propaganda “Wacho”
“Me siento muy satisfecha de todo lo que he hecho, pero estoy segura que aun me falta mucho por realizar”.
Sencilla, dulce, espontanea y alegre, “Azucena” envió un saludo a todo su público: “Aunque a veces me griten, ‘Los que vendrán’, o el nombre de mis personajes, cuando por la calle o aunque a veces me vea privada de mi libertad, quiero mucho a mi público a quien me debo y para los que deseo el mejor de los éxitos. Y no se olviden que siempre estoy pendiente de ustedes, aunque no sea residente como ‘wacho’ (el de la propaganda de la lotería en televisión)”.