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Mora Reyes Alfredo


Ha muerto en Quito, casi a los 86 años, el doctor Alfredo Mora Reyes, ilustre lojano que destacó en la Jurisprudencia, la Literatura, la Historia y la Política –asi con mayúsculas-, pero que sobre todo fue maestro la vida entera.
Hace pocos meses, la Universidad de Guayaquil editó su pequeño gran libro “El General Antonio José de Sucre-Libertador de Quito y Mariscal de AYACUCHO”. Publico antes “Carrión Pinzano y tres maestro lojanos” (dos ediciones) y “Agustín Cueva: Estudios y Ensayos”. Desde la adolescencia se dedico a la investigación en el campo de las ciencias sociales y a la enseñanza, constituyendo esta ultima su mayor pasión. Aparte de ser profesor emérito en cuatro niveles didácticos, siempre estaba impartiendo sabiduría con extrema sencillez a quienes lo rodeaban, en forma de charlas, seminarios, diálogos o consultas. Mora Reyes, después de jubilarse como Rector de la Universidad de Loja y de ser declarado Profesor Honorario de la misma, llevo la cátedra de Procedimiento y Practica Penal en la Universidad Católica de Quito. El Gobierno ecuatoriano le entregó en 1984 la Medalla Nacional al Mérito Educacional.
En el campo judicial, llegó a ser Ministro de la Corte Suprema de Justicia; en el político, desde su posición de fundador del Partido Socialista en Loja, fue dos veces Alcalde por votación popular. Ejerció por dos ocasiones la Gobernación de la provincia. Fue Presidente de la Casa de la Cultura, miembro del Grupo “América” de Quito y periodista colaborador de algunos diarios y revistas del país. No Obstante, todas estas distinciones sobresalientes se tornan pálidas ante su más grande mérito: el haber sido un ser humano de excepción, ejemplar en su vida pública y privada. Los miles de ciudadanos que lo conocieron dan fe de su calidad intelectual y moral. Lo tratamos por un cuarto de siglo y llegamos a estimarlo y admirarlo enormemente por su modestia y sabiduría.
Siempre pensamos que Alfredo Mora Reyes tenía demasiada calidad para el mundo actual. Ahora, ante su tumba lo reafirmamos: tenía la bondad del hombre nuevo, del hombre del futuro.