<< Mordella Salvador Indice M
 

 

Moreano Alejandro


“El devastado jardín del paraíso” gano el premio único en la primera Bienal de Novela ecuatoriana, convocada en 1989. Su autor, Alejandro Moreano, catedrático universitario, de solida formación humanística y de clara posición ideológica, incursiona con esta obra en el mundo de la literatura; aunque, según se conoce, ella ha sido trabajada morosamente a lo largo de muchos años e incorpora a la ficción un amplio bagaje de experiencias reales.
Estas dos acotaciones pueden servir de claves para ubicar la novela. La primera, como un dato significativo par a situarla dentro del evolución de la novela ecuatoriana en las dos últimas décadas. Como se sabe, este proceso se caracteriza, no solo por la amplia renovación de los recursos narrativos y la preocupación por el lenguaje, sino probablemente porque los novelistas de estos año (Adoum, Yánez Cossío, Tinajero, Cárdenas, Proaño, Ubidia) asumen con plena conciencia su tarea de escritores y de novelistas, o si se quiere, de lucidos interpretes y recreadores de un universo especifico.
La segunda, porque Moreano aporta a esa tarea de recreación vastas y profundas reflexiones sobre la heterogenia realidad en la que se desenvuelve. El destino de los seres humanos y su inserción social, el parque de los intelectuales en un proceso político y la propia actividad literaria, los fantasmas del pasado, el angustioso presente y el sombrío porvenir.
Por eso, la novela puede ser leída y entendida en varios niveles. El más inmediato y directo es el que se refiere a la aventura vital de los distintos personajes: Hernán, Jacobo, Ramón, Charo, Laura, el ñato, el facineroso. El autor toma los varios hilos narrativos desde una fase muy temprana (la historia de Hernán escobar es, en este sentido ejemplar) y los va entretejiendo cuidadosamente. Por supuesto y conforme avanza la novela, ya no hay historias individuales, sino la vivencia conjunta de un grupo humano empeñado en una lucha política, que deriva la guerrilla, la clandestinidad, la cárcel.
Pero tales episodios son el trasunto, si no el espejo, de una realidad más amplia y compleja. La sociedad ecuatoriana de la década de los años setenta, sobre todo la de Quito, es la protagonista verdadera de esta historia. Sus contradicciones internas y sus desgarramientos y los nuevos ingredientes políticos y culturales, sociales y económicos que convulsionan y sepultan los viejos esquemas. Claro que, en el enfrentamiento de alternativas, se tiene que dar un desenlace, no por esperado menos trágico.
Y hay, finalmente, una tercera dimensión, más allá de las contingencias especiales o temporales: el ser humano atrapado en el inevitable conflicto entre la verdad y el silencio, la libertad y el engaño, la soledad y el heroísmo, el amor y la muerte. Es decir, la historia permanente del hombre.