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Olmedo Jaime Luis


El personaje viene al mundo en 1929, año marcado por el desastre financiero de la Bolsa de Nueva York y la gran depresión que podría al desnudo el rostro inhumano del sistema capitalista. En el país, se iniciaba una etapa de crisis e inestabilidad política y económica, en tanto que en Europa los dioses de la guerra anunciaban, a través de las hordas nazis, la proximidad de una nueva conflagración de proporciones universales. Era también la víspera de que apareciese en el panorama de nuestra literatura la generación de los años treinta.
El personaje crecería en el Guayaquil convulso de aquellos años familiarizado, como diría mas tarde, “con el gran caserío pueblerino y fantasioso, propio de la barriada del suburbio”. “Muy cerca del lodazal –añadiría- a la margen del rio, sobre un territorio pavimentado de costras de crustáceos, cisco y trozos de madera mal quemada”. Niño aun, contemplara en la calle Pichincha una vieja casa de madera con techado de Zinc, en cuyo soportal mira reunirse un grupo de jóvenes alegres y simpáticos. Entre ellos, a la vuelta del tiempo, reconocerá a Dimitrio Aguilera Malta, Alfredo Palacio, enrique Gil Gibert , entre otros protagonistas de aquella generación que se propuso, por primera vez, consolidar una autentica cultura nacional en nuestro país.
Más tarde, en torno del adolescente, sobrevendrá otros hechos: la guerra y el desmembramiento territorial de 1941-1942, la revolución de 1944 y la traición posterior del  velasquismo. Entretanto, el personaje, en cuyo interior se agita un rebelde y crece un poeta, experimentara el acoso de la vida, la lucha por el pan cotidiano, las grandes y pequeñas miserias del mundo de los hombres. Vendrá a Quito, donde se radicara definitivamente y prosiguiera sus iniciales combates en la política y en la literatura.
Tal podría ser un breve, primer esbozo biográfico de Luis Olmedo Jaime, más conocido como Norgrevi  Matalla Golù, pseudónimo y anagrama que oculta y revela a la vez el nombre de un viejo amor de adolescencia. El resto es acaso una historia más profunda: un persistente transitar por los caminos de la poesía, una acentuada reflexión en los conflictos existenciales del hombre, una insobornable actitud de protesta frente a lo in justo y todo aquello que menoscaba y esquilma la frágil entidad humana. Quienes vivimos las agitadas escaramuzas literarias de los años sesenta, conocimos también, entrañablemente, a Norgrevi Matalla Golù, con quien podíamos discrepar en cuanto a las formas y a los recursos expresivos de la poesía, pero con quien compartíamos las esperanzas de una época que creía que la hora de la transformación de la sociedad estaba a la vuelta de la esquina.