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Ortega Espinoza Emilio


Alma Lojana
Don Emiliano Ortega Espinoza, educador, actor y poeta lojano, autor de la letra de Alma Lojana el himno sentimental de Loja, cuenta, entre otras cosas:
“Cuando era un adolescente, con mi amigo y compañero de escuela, Segundo Cueva Celi, nos aficionamos de dos damitas de la nobleza (la una era Riofrio, la otra Arias), ellas vieron en nosotros solo a dos muchachos malcriados y audaces, y nos mandaron con la música a otra parte. Reaccionamos a lo Becker, cantando nuestra aciaga suerte de principiar nuestra vida amorosa recibiendo calabaza; y así nació el pasillo NO IMPORTA…, que en su primera estrofa dice:
No importa, no, que ocultes a tu amante
 Ese tu rostro sonrosado y puro;
Que tengo corazón como el diamante, nítido, cristalino, pero duro.
Quien creyera que ese suspiro de dos chiflados -sigue diciendo don Emiliano- le abriera las puertas de la gloria a Segundo Cueva Celi. La letra que se la dedique a él en el periódico de esos tiempos, dirigido por mi amigo Flavio Vélez, me dio bastante trabajo por las centenares de copias que me pedía. La gran empresa grabadora de discos Víctor la puso en disco, omitiendo mi modesto nombre, pero en la prensa de Guayaquil se veían mis versos en grandes caracteres, como propaganda del disco. Como quiera que sea, quede yo con la fama de “hábil letrero”, es decir un experto en poner letra a la música.
Esta pequeña habilidad mía -continua el poeta ortega Espinosa- fue aprovechada en Quito, cuando fui a realizar mis estudios de pedagogía en el Normal Juan Montalvo. Mi profesor Pablo Huras me llevaba todos los domingos a su casa y compusimos dos libros de Aires Escolares, en los que hay mucho de Loja. Asimismo le serví a la Directora del normal Manuel Cañizares, que era otra alemana –Eleanora Neumane- a poner letra a un yaraví del compositor indígena boliviano –José María Pusinanga- yaraví que se llama LLANTO DE SANGRE, la señora Neumane sobre la base de mi letra creó un cuadro coreográfico sobre la muerte de Atahualpa que tuvo éxito extraordinario en una velada del Centenario de la Batalla de Pichincha.
La música de Alma Lojana fue creada por Cristóbal Ojeda Dávila, quien nos ha dejado recuerdos imperecederos. Ojeda residió en Loja una larga temporada y se dijo que tenía como inspiradora una dama de la nobleza, la señorita Rosario Carrión Mora. En el mes de octubre de 1929, el profesor Emiliano Ortega Espinosa residía en la quinta “3 de noviembre” en la carretera que conduce a Huaynacapac, en las afueras de la ciudad de Cuenca. La joven familia contaba con su primogénito, Rubén, el mismo que hoy es un distinguido escritor y Ministro-Juez de la Corte Suprema de Justicia. Como huésped de la familia se encontraba un primo político del señor Ortega, llamado Pablo Alvarado Jaramillo, el mismo que, un día le dijo:  

“voy a poner en la vitrola esta maravilla. Óigala con atención, porque no me ire de Cuenca si usted no me da la letra para hacerla cantar en nuestra Loja”
Una empresa de discos de Guayaquil considero que “comercialmente” habría que aprovechar la gran popularidad del hermoso pasillo, y quitándole todo lo relativo a Loja, porque eso no les interesaba para la ganancia, imprimió un disco, con otra letra, poniéndole como motivo una despedida. Lo malo es que los cantores no respetaron ni siquiera la música magistral y le causaron graves alteraciones. El dúo Benítez Valencia y muchos otros famosos cantores, inclusive Eva garza, han cantado siempre “Orillas del Zamora, tan bellas…”