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Ortiz Ordoñez Manuel María

1880-1976
El Dr. Manuel María Ortiz Ordoñez, nacido el 19 de febrero de 1880. Hace un siglo. Y que murió al cumplir 96 años, el 23 de febrero de 1976, fue un hombre de muchos saberes: literatura y filosofía, física y Matemáticas, abogacía y Pedagogía, Química y Astronomía, Matemáticas Superiores e Historia Natural, Mineralogía e Ingeniería, Música y Bellas Artes, aparte de que en otras ciencias realizo investigaciones bastante singulares y escribió algunos breves tratados, como aquel que llamo “Optometría” que, en síntesis, después de unas interesantes, así como originales elucubraciones numéricas, matemáticas y filosóficas, propias del autor, concluyen en afirmar que:
“Todos los seres del universo en su infinita escala, todo lo que es, puede ser o se concibe que no es, lo abstracto y los concreto, lo real o lo ficticio, todo se encuentra bajo el dominio de la Optometría del griego ontos, del ser, y metrón, medida ciencia cuyos albores se rematan al siglo de Pitágoras según el cual el universo no es sino el conjunto de seres que se hallan en relación cuantitativa, y en el que todo está dispuesto según numero, peso y medida”.

Pero aparte de la sabiduría que la difundió desde sus cátedras por muchísimos años Manuel María Ortiz fue al mismo tiempo un escritor, un literato, un poeta, un artista. Desde 1894 todavía en la edad de colegio inicio una activa labor literaria, que no la dejo en ningún momento a lo largo de su existencia: socio de varias Academias y liceos, de los que en aquellas décadas medianas y postreras del siglo XIX, tanto abundaron en Cuenca, bajo el patrocinio de mecenas como Cordero y Matovelle y de patriarcas literarios como Remigio Crespo toral.
Escribió en todas las revistas Cuencanas que comenzaron a publicarse seguidamente, una tras otra, como en abierta y singular competencia. Escribió en promesa y verso, amenamente, románticamente. Sus artículos tienen gracejo. Algunas y casi todas sus poesías están inspiradas en hondos sentimientos religiosos; fue uno de los poetas marianos de Cuenca. En 1935, en edición pulcra y de lujo una joya bibliográfica (cien ejemplares para circulación privada), apareció “Faunia”,  dedicada a los animales: decía en el prologo el Dr. Nicanor Aguilar, que mientras la Bruyere puso en prosa, bellamente, los “caracteres”, Ortiz ponía en poesía los “instintos”, el crítico Nacional Nicolás Jiménez, confirmaba que esos sonetos: magistrales, como que vienen de quien posee el secreto de la preciosidad. En 1944, otro de sus libros, “Bajo el sol de Morlaquia”, se publicaba con el propósito de exaltar, junto con “los áuricos placeres de sus comarcas” (las del Azuay), sus costumbres típicas, sus inveteradas creencias, sus mitos, su alma toda, “los bellos perfiles de la fisonomía vernácula del Azuay.
Cuadros eclógicos son los de este cariñoso libro morlaco, en donde como que palpita hondamente la moza tejedora del sombrero de paja de toquilla.
Y en donde bien está el cuadro soneto de sin par maestría que no retrata, ¡a sombra viva! La imagen de la beata que madruga a misa. Vivió larga vejez el Dr. Manue María Ortiz Ordoñez. Una vejez activa. Solía paseas al caer de la tarde hasta la primera hora de la noche, en compañía de algo pequeñuelo, con quien dialogaba de muchas cosas. Era un hábil tocador de flauta. Aparte de que parecía ser un pastor de collados, tenía el aspecto de uno de esos sabios europeos que nos han mostrado las fotografías, como la de esos matemáticos que vivían inventando formulas algebraicas, hasta dar con la descomposición del átomo. A veces su barba puntiaguda le gente joven de los años 60 lo recordara como quien fue, un maestro de la universidad, que enalteció a cuenca su ciudad nativa con la prodigalidad de sus talentos.
Casi vivió un siglo; por poco no ve su propio centenario. De haber vivido el bosque entero habría acudido a rendir homenaje a su cantori.