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Oses


En 1830 flores puso precio a la cabeza de Oses y dio cien pesos al soldado que la corto en Sono después de rendido.

El 20 de octubre de 1833 combate en Babahoyo. Las tropas de Otamendi cayeron sobre los revolucionarios, Coronel Oses y Comandante Potil, que secundaban la proclamación de Vicente Rocafuerte en Guayaquil.

Si hubiera precedido entre Mena y  el Presidente hubiera este esperado tranquilo el resultado de la concentrada intriga. Sucedió todo lo contrario. Flores no perdió ni un solo minuto en ponerse en marcha con todas las tropas que pudo reunir, haciendo adelantar aceleradamente al coronel Otamendi con un regimiento de caballería que estacionaba más cerca de la costa. Este infatigable Jefe llego a Sabaneta el 20, precisamente el mismo día en que Rocafuerte era proclamado Jefe Supremo, sabiendo en ese lugar que el pueblo de Babahoyo estaba ocupado por algo más de cien hombres enviados de Guayaquil a las órdenes del Coronel Oses y del comandante Petit continuo su marcha y los sorprendió por la noche matándoles algunos hombres, tomándoles unos pocos prisioneros y dispersando el resto. Entre estos se hallaba el joven Roberto Ascasubi uno de los que desterró el gobierno y con sus compañeros Moncayo y Muñiz habían recobrado su libertad con la revolución de Mena. Lo que ocurrió entonces puede tomarse como muestras aunque pequeña del Estado social del Ecuador. Otamendi se creyó autorizado para imponer la pena de muerte a su prisionero. Afortunadamente los amigos del Gobierno que veían con horror semejante atentado interpusieron su influjo. Varias señoras, acompañadas de la esposa de Otamendi, se presentaron en la plaza y al fin consiguieron salvar a Ascasubi que quedo libre bajo la fianza del coronel Sucre mientras el gobierno disponía lo conveniente. Dos compañías, granaderos y cazadores, vinieron a la ciudad a las órdenes del coronel Subero. El resto de la infantería en el Morro a las del Coronel Oses. Los dos escuadrones de caballería que mandaban los dos Francos, Agustín y Guillermo se situaron en Taura. Así separados como estaban inspiraban serios temores, por lo que trato el gobierno de tomar medidas para licenciarlos y dispensarlos. Subero en quien no se tenía confianza fue separado del mando; y en su lugar se nombro al coronel Sandoval seducido por Flores con la promesa que le hizo por escrito de que sería bien tratado y recibiría una recompensa en dinero. En seguida se hizo que Sandoval solicitase retirarse con su columna al Morro. La columna se embarco pronto quedándose su jefe en Guayaquil para seguirla y alcanzarla en la siguiente marea. Los buques conducían esas tropas anclaron frente a Sono mientras pasaba la creciente.