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Pérez Gabriel


La población de Guayaquil que detestaba a los colombianos, encontró apoyo en la guarnición.
El coronel Antonio Elizalde Jefe de Estado Mayor y el Comandante Rafael merino Jefe del Batallón Guayas, ambos guayaquileños antiguos y entusiastas partidistas del Libertador cuando este agrego la provincia a la Republica de Colombia, convertidos ahora en sus ardientes enemigos sublevaron la Guarnición y prendieron algunos Jefes y Oficiales. El Comandante General Valdez, el Jefe Superior Pérez y el Intendente T.C. Mosquera se refugiaron en el bergantín de Guerra Chimborazo, y después de algunos parlamentos convinieron en retirarse a Panamá dejando el bergantín y otros dos buques a disposición de los revolucionarios. Un escuadrón de húsares, que también guarnecía la ciudad se sometió también por el influjo del General Barreto, que había tomado parte en la revolución.


Enseguida se reunió el Cabildo con varios vecinos y se encargo el Gobierno de la provincia al General La Mar, quien acepto el cargo, olvidándose que pocos días antes se había excusado como General extranjero de tomar parte en los asuntos de Colombia. Grande inconsecuencia, que no alcanzaron a excusar sus nobles antecedentes. Es verdad que acepto el mando provisionalmente mientras el Poder Ejecutivo se nombra otra persona en su lugar. Hecha la revolución el comandante Juan Francisco Elizalde ocupo la ciudad.
Despacho Lamar de comisionados al general Juan Pérez del Castillo y a los señores José María Caamaño Pérez y Martin Santiago de Ycaza, quienes celebraron un arreglo en que se estipulo que los cuerpos colombianos de la 3ª. División que ocupaban Guayaquil serian enviados a otras provincias y que esta ciudad recibiría guarnición de las de Flores quedando el General Lamar con el mando mientras el Gobierno le nombrase sucesor. Como la municipalidad se negó  a ratificar ese convenio, el general Flores continuo su marcha sobre Guayaquil, mientras que el jefe Superior, General Pérez, que había regresado a Quito, quedaba en Babahoyo, que había fortificado, para conservar las comunicaciones en el interior.