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Pallares Peñafiel Vicente


Joven periodista guayaquileño que en enero de 1889 fundó en colaboración con José Trajano Mera Iturralde, en Quito, “La Revista Ecuatoriana” que salió mensualmente con artículos de literatura muy bien presentados. Se suspendió a la muerte de Pallares el 18 de septiembre de 1894. Mera se había retirado de la redacción a poco de fundada, para irse en un cargo consular a Europa. Fue la mejor publicación de esta índole en el país. 

Diario de Avisos tuvo, desde su fundación, 1888 un gran núcleo de colaboradores, de lo más distinguido entre los escritores liberales de todo el país, y literatos de otra escuela política, y entre ellos podemos citar a Dn. Vicente Pallares Peñafiel.
El 20 de septiembre de 188, circulo el primer número de la Opinión Pública, diario de la tarde, de formato pequeño de cuatro planas a dos columnas, editado en la imprenta Bolívar, constando entre sus colaboradores el Sr. Vicente Pallares peñafiel.

Pertenece a esa clase de elementos que aúnan su tarea de creación espiritual con aquella de suscrita promociones intelectuales a base de un esfuerzo que vale tanto como la misma tarea de escribir.
Admira su dedicación para sacar siempre a flote el cultivo de las letras en la sociedad a que se perteneció. Con otros hombres de igual contextura formo en Quito la “Escuela de la Literatura” que se encargó de publicar la “Revista Ecuatoriana”. Ha dejado escritos varios poemas. Con trajano Mera cumplió función incitadora de cultura de lo mas amplia y recomendable “Vicente Pallares Peñafiel, escribió antológica pieza que, contribuyendo para la vida de posteridad de este escritor, sello definitivamente la existencia de la “Revista ecuatoriana”.
Ha dejado escritos varios poemas. Con Trajano Mera cumplió función incitadora de cultura de lo más amplia y recomendable. “Vicente pallares Peñafiel fue de esos promotores del espíritu que sirven para dar significación a los anhelos dispersos de una juventud disgregada hasta encontrar el agente de publicidad para sus impulsos renovadores” dice Isaac J. Barrera.
Treinta años apenas le toco vivir. Muchísimo hubiera ganado la cultura si la muerte no tronchaba, prematuramente, esa existencia que parecía llamada a dejar obra abundante y solida como lo han hecho hombres de su temple que han llegado a edad mediana o a la madurez donde la mente está llena de anaqueles de libros como una gran biblioteca abierta a la mano de la memoria del recuerdo creador.