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Payol


Sucre acampó el día 11 en el pueblo de Santa Rosa a unas dos o tres leguas de Guachi, sabiendo ya por sus espías, que al día siguiente tropezaría con el ejército realista. Por su propia voluntad, habría evitado el combate en ese llano, favorable como era a los españoles, que sobre tener un ejército casi doble, disponían de cuadriplicadas fuerzas de excelente, que sobre tener un ejército casi doble, disponían de cuadriplicadas fuerzas de excelente caballería. Sucre quería continuar su marcha sobre Quito faldeando las cordilleras, lo que podría proporcionarle un capo de batalla en que no pudiera maniobrar ventajosamente la caballería enemiga. Pero el anciano General Mires, engreído con su triunfo de Cone animado por una fogosidad que apenas cabe en su joven, la disuadió de esa hábil maniobra. Mires, que llevaba la vanguardia, descendió aceleradamente de Santa Rosa al llano de Guachi, viendo ya aproximarse al ejército enemigo que se adelantaba con igual celebridad al lugar en que se cruzan los dos caminos. El batallón Albión fue el primero que entro en combate rechazando las cargas de la caballería española que procedía a la infantería. El primer batallón de esta arma acudió a reemplazar a la caballería rechazada, el único escuadrón que tenía los patriotas cargo a su tumo  a la infantería realista y lo fue igualmente. En este estado llego  el batallón Santander se esperaba que la victoria se decidiera por los patriotas. Sucedió todo lo contrario. Los enemigos quisieran probar si ese cuerpo los prestaría menor resistencia, y el hecho fue que no presento ninguna; pues perdiendo su formación busco un refugio en los edificios de la hacienda inmediata. Solo una de sus compañías mandaba por el capitán Garcés resistió con firmeza a la caballería española que perdió uno de los principales jefes, el Coronel Payol, que se había hecho celebre en Riobamba con sus insolencias y crueldades.


Albión y Libertadores siguieron combatiendo, aunque envueltos por sus enemigos, que les había cortando la retirada, apoderándose sanos del parque. El general Sucre viendo que sus esfuerzos eran inútiles, y que la batalla estaba perdida, después de haber sido herido es una mano, se salvo protegido por unos pocos jinetes mandados por el sargento Rangel, que se abrieron paso con sus lanzas. Trinidad Moran, entonces capitán y más tarde general del Perú, se jactaba de saber salvado a Sucre. Testigos presenciales del hecho aseguran que fue Rangel, Moran se incorporo con Sucre en la fuga fuera del campo de batalla.