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Peralta Baltazar

Fray Baltazar de Peralta, a quien dejamos en el capitulo anterior hecho cargo del hospital de la ciudad, fue un benemérito sacerdote que mereció la gratitud de los pobladores a través de sus largos años de labor, abnegado y cuantitativo, hizo cuantas mejoras le permitieron las escasas rentas y limosnas de que disfruto el hospital, trabajo él solo frente a esta casa, porque los dirigentes de la Congregación no creyeron necesario, pese a las continuas insinuaciones, enviar a otros hermanos, mientras que el hospital no dejara de ser la pequeña casita con las pocas estancias que podía brindar. Así lucho este santo varón hasta que falleció en 1615, después de haber logrado instalar en el hospital, entre otras mejoras, una pequeña botica para la curación de sus enfermos.   
Fray Baltazar Peralta fundo botica en el hospital a fines del siglo XVI o principios del XVII; por entonces las medicinas se vendían en las pulperaias y alguno que otro médico recién llegado venia cargando  su botiquín. Pero en 1683 es de pensar que existió por lo menos alguna botica a más de la del hospital, cuando el Cabildo del 10 de mayo se trata de entregar a los Jesuitas el hospital a condición de ser los únicos que tengan botica y “no pueda haber otra en la ciudad” lo cual no es aceptado.  
Baltazar de Peralta, clérigo de menores ordenes, administrador que he sido del hospital de esta ciudad nombrado Santa Catalina Mártir por nombramiento del Cabildo, justicia y regimiento de ella como patrón que es del dicho hospital, en 1605.

Sacerdote, a quien dejaron hecho cargo del Hospital de la ciudad, fue un benemérito sacerdote Que mereció la gratitud de los pobladores a través de sus largos años de labor; abnegado y caritativo, hizo cuantas mejoras le permitieron las escasas rentas y limosnas de que disfruto el hospital; trabajo el solo frente a esta casa, por que los dirigentes de la Congregación de San Juan de Dios no creyeron necesario, pese a las continuas insinuaciones, enviar a otros hermanos, mientras que podía brindar. Asi lucho este santo varón hasta que falleció en 1615 después de haber logrado instalar en el hospital, entre otras mejoras, una pequeña botica para la curación de sus enfermos. Fundó la botica en el hospital a fines del siglo XVII o principios de XVII por y por entonces las medicinas se vendían en los pulperías y alguno que otro médico recién llegado venia cargado su botiquín. Pero en 1638 es de pensar que existió por lo menos alguna botica a más de la del hospital, cuando en Cabildo del 10 de mayo de ese año se trata de entregar a los Jesuitas el hospital a condición de ser los únicos que tengan botica y “no pueda haber otra en la ciudad”, lo cual no es aceptado.