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Pimentel Tinajero Juan Luis


Ultramares trading Company.- Iniciada en 1931 por los hermanos Arnoldo, Eduardo y Enrique Panze, originarios de Alemania, en poco tiempo Ultramares asumió el Liderazgo entre los exportadores de cacao. Dicha compañía conjuntamente con M.R. Grace Co. Con el tiempo se convirtieron en verdaderas escuelas de enseñanzas del negocio del cacao de empleados que años después fundaron sus propias empresas. Entre ellos se cuentan a Jorge Salcedo Salcedo y José Aray Marín.

1894. escuela de Letras Rocafuerte, dirigida por el Sr. José de J. Araujo. Ayudantes: Juan L. Pimentel, Timoteo Suescum, Braulio Escobar y Antonio Núñez, profesores de segunda, tercera, cuarta y quinta clase, respectivamente.- Inspector de la Sociedad Filantrópica del Guayas, Francisco García Avilés.

Richert Co. Además de exportar actuó como banquero de las empresas de ecuatorianos constituidas en Alemania, como fue el caso de la Clementina y Puga Plantagen y de Deusche Cacao de los seminarios. Rickert y Cia. Era posiblemente la empresa más antigua del país pues tuvo su origen en 1820 cuando se fundó Overweng, Garbe Elvers. Años después cambio el nombre a Ernest W. Garbe, Bunge Co., luego a Sucesores de Bunge Co. Y a partir de 1902 funciono con el nombre de Rickert y Co.   
El capitán Manuel Fernández, los señores Diego Pimentel, Sixto Ampuero, Manuel María Loor, Vicente Camacho y otros, fueron confinados a las provincias interandinas, en mayo de 1869; por sus participaciones en la revolución del General José de Veintimilla. Este confinamiento fue ordenado en Guayaquil, por García Moreno, quien había llegado al puerto con el propósito de separar de la comandancia general al general Secundario Darquea Iturralde. Mientras tanto estaba en Quito, de Presidente Provincial, Manuel Ascazubi, cuñado de García Moreno. Luego la convención nacional eligió a este último en agosto 1864, para en periodo de 6 años.   


Asi en Diciembre de 1869 los Guayaquileños Pimentel y Sánchez y el joven quiteño Manuel Cornejo Cevallos planearon el asesinato del Presidente. La delación de Sánchez hizo posible descubrir la trama del complot. El consejo de Guerra, convocado para juzgar a los implicados en la conspiración, sentencio a Pimentel y a Cornejo a la pena de muerte que la conmuto García Moreno por destierro y trabajos forzados. En combinación con el criminal proyecto anterior se fraguo en Cuenca un levantamiento que tenia puntos de contacto con otros sectores de la Republica. Los compacto lograron apresar al Gobernador y al Jefe político mientras otros penetraban en la plaza de Armas. El comandante Manuel Paredes logro imponerse a los revolucionarios, quienes hirieron cobardemente al indefenso Gobernador. La justa indignación del Presidente no vacilo en negarse a las gestiones desplegadas por algunos ciudadanos que aspiraban alcanzar el indulto para los mentores de la fallecida revuelta. Previa sentencia del consejo de Guerra fueron fusilados el jefe Militar y máximo dirigente M. Ignacio Angular junto con los ciudadanos Cayetano Moreno y Vicente Heredia. Otros motines y asonadas de menor importancia y fácilmente controlados pusieron de manifiesta ante los conspiradores en potencia la solida posición que tenía el Gobierno y la eficiente súper vigilancia que desplegaba en todos los ámbitos de la nación.


A mediados de 1869, se reunieron una noche, en Quito en la barranca de Jerusalén, los conspiradores ya nombrados, acompañados del Dr. Alejandro Cárdenas, de Alejandro Cevallos, de Aguilar el atormentado en Guayaquil, quien furtivamente salió del escondite. Uno de los más entusiastas, el Dr. Carlos Cáceres, se embriago y empezó a disparar tiros de revolver. Disolvieron se en el acto: por milagro no fue descubierto este proyecto. Otra conspiración más seria fue la del 14 de Diciembre del 1869, en la que concurrieron, a más de los mencionados, el comandante Diego Pimentel, Guayaquileño confinado en Quito, el Dr. José Antonio Sánchez, quien acababa de soportar prisión y grillos, en compañía de verdesoto, Gamarra, Manuel María Maldonado, hijo del Gral. Muerto en el patíbulo, Rafael Gonzalo, Rafael Suarez Rafael Quijano, Manuel María Zambrano, Antonio Marcos, y lis militares A. Dalgo, y Gregorio Campuzano. Sánchez fue el delator. El 14 fueron aprehendidos el Sr. Alejandro Cárdenas, el Dr. Manuel Salvador Gómez de la Torre, Alejandro Rivadeneira, Manuel María Maldonado, Diego Pimentel, Manuel María Zambrano, Severo fuertes y Manuel Cornejo Cevallos. El mismo día 14 fueron declaradas en estado de sitio las provincias de Pichincha y León, y el 18, toda la republica. El tirano dio esto proclama varios de los presos fueron sometidos a juicio, en el consejo de Guerra verbal; pero no hubo prueba concluyente de delito, sino solo la aseveración del delator. Sin embargo, fueron condenados a muerte Diego Pimentel y Manuel Cornejo Cevallos, el último, joven estudiante de 22 años. Tanto significaba que no hubieses juicio, como cuando el suplicio del Gral. Maldonado o que los hubiera, como cuando la conspiración de que hablamos. Antes no había estado de sitio ni consejos verbales, pero después ya se habían aumentado estos garfios en la sala de torturas del infeliz Ecuador. El tirano se empeño en que Cornejo Cevallos comprometiera en sus declaraciones al Dr. Marcos Espinel, a quien aborrecía de muerte, desde antes, Mando sentenciar al joven Cornejo y después de la sentencia, le obligo aprestar declaraciones. Para acusar al Dr. Espinel, no hubo pruebas convincentes, pues Cornejo Cevallos solo hablo con el conservador; sin embargo aquel anciano, digno de consideraciones por muchos conceptos, fue perseguido a sol y sombra, se publicaron edictos citándolo, al fin se les confiscaron los bienes, y el patriota no pudo salvar sino pasando oculto a Colombia. En Ipiales publico un cuaderno, con pruebas y razones convincentes. Se le había confiscado aun la biblioteca. Todos los efectos, verdad es, le fueron devueltos años más tarde, y se le indemnizaron algunos perjuicios.


Como Cornejo Cevallos y Pimentel pertenecían a familias distinguidas, y el primero tenía madre y hermanas, personas del bello sexo interpusieron sus suplicas; y el tirano conmuto la pena a los dos condenados: A Cornejo Cevallos le sentencio a ocho años de destierro a Europa, y a Pimentel, a diez años de obras públicas, Pimentel era un militar denodado y generoso, indigno de la tribulación a que le condeno el tirano. Dos meses después, fue dichosamente indultado.